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Introducción
En
los últimos años se ha venido reconociendo en toda
su gravedad el estado de deterioro del sistema educativo en los
países de América Latina y la urgente necesidad
de proceder a su reforma. Planificadores, estudiosos del tema,
directivos, maestros y todos los actores directos del terreno
educativo están dedicados a la reflexión y la acción
en este sentido. El problema es complejo y polémico. La
cuestión de los criterios para guiar el cambio está
sobre el tapete.
Transición tecnológica y rol central del capital
humano: El tema de la educación se ubica en el centro
de las preocupaciones de quienes nos especializamos en el cambio
técnico y organizativo en el sistema productivo. El análisis
de las características del actual cambio de patrón
tecnológico, de los factores que determinan la competitividad
y de las oportunidades que tienen ante sí los países
en desarrollo, desemboca claramente en el rol protagónico
de los recursos humanos en esta etapa. La calidad de la educación
define el potencial de un país para poner en práctica
estrategias exitosas en lo económico y en lo social. En
los últimos tiempos, los países y las empresas que
han logrado altos ritmos de generación de riqueza y de
avance social se caracterizan por darle una enorme importancia
al entrenamiento y a la educación. El capital humano -entendido
como una inversión- aparece como la clave del éxito.
Es
así como, desde el análisis del cambio tecnológico
y las características de la actual transición, se
llega a un terreno común con los educadores en su búsqueda:
Lo que aquí les propongo es servirse del paradigma de la
organización productiva moderna como fuente de criterios
para renovar el sistema educativo.
El nuevo paradigma productivo como fuente de criterios para la
reforma educativa: Es posible que haya quien se resista a
recurrir al cambio de paradigma en la empresa para moldear la
reforma. Es posible que esa resistencia proclame el rechazo a
la comercialización y la defensa de los altos ideales humanistas
de la educación. No hace falta tanta preocupación.
En
primer lugar, mirando hacia atrás en la historia descubrimos
que los principios que conforman el paradigma organizativo de
una época no se limitan a moldear el funcionamiento de
la empresa productiva sino que se convierten en el "sentido común"
generalizado e influyen sobre todo tipo de organizaciones. Los
actuales sistemas nacionales, masivos y centralizados de educación
y salud se desarrollan bajo el paradigma homogeneizador de la
producción en masa. Sus estructuras administrativas, al
igual que las de cualquier ministerio, siguen los principios piramidales,
jerárquicos y compartimentados desarrollados originalmente
por las empresas industriales. En otro terreno, el turismo de
masas, por ejemplo, brindó acceso a capas cada vez más
amplias, aplicando claramente los principios de reducción
de costos de la fabricación de productos idénticos
en alto volumen.
Claro
que la gente de cada época cree que su particular forma
de organizarse es la normal y es eterna y rara vez estudia su
morfología o se pregunta sobre su origen. Sólo en
las transiciones se ve claramente el carácter temporal
de cada paradigma y se descubren sus rasgos peculiares. También
es en el período de transición cuando es posible
analizar los principios del paradigma emergente y examinar su
potencial y sus implicaciones. Luego de su establecimiento, su
especificidad se vuelve tan invisible a sus contemporáneos
como había sido la anterior.
Las
nuevas tendencias están allí y se van imponiendo
gradualmente -para bien o para mal, consciente o inconscientemente-.
La cuestión es si es posible identificar los mejores rasgos
del nuevo patrón organizativo y ponerlos al servicio de
los objetivos que uno desea perseguir. Esa es mi convicción
y esa es la base del planteamiento que les hago aquí.
En
segundo lugar, hay una razón que facilita la aceptación
favorable de esta propuesta: el alto grado de coincidencia entre
los nuevos requerimientos y los principios pedagógicos
más avanzados. A medida que avance la discusión,
se hará cada vez más claro que el "adaptarse" al
nuevo paradigma puede significar la posibilidad de poner en práctica
los más caros ideales de los educadores y de los teóricos
de la educación. Aunque, a veces, tener la oportunidad
de realizar aquello por lo que se ha luchado puede parecer mucho
más arduo y difícil de lo que uno jamás imaginó.
Aprovechar el conocimiento de las tendencias mundiales: Desafortunadamente
no es el cambio en la empresa latinoamericana lo que nos va a
servir de modelo en el presente ejercicio de análisis.
El aparato productivo de América Latina está particularmente
rezagado y carga con una herencia de pasividad tecnológica
y dependencia del Estado que dificulta la adopción de prácticas
modernas de gerencia. En ese sentido no se deben confundir los
trastabilleos, los sesgos perversos y los diversos intentos de
ensayo y error que ocurren en las transiciones, con lo que se
establecerá a medida que se desplieguen y estabilicen los
procesos de modernización.
El
sistema educativo es una estructura para el largo plazo y su reforma
no puede supeditarse a la coyuntura. Aquí nos basaremos
en las mejores versiones del nuevo paradigma en el mundo, en las
tendencias que prefiguran el mejor de los futuros viables.
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Los
cambios en la empresa y sus implicaciones educativas
Son
muchos los aspectos del cambio en la empresa que pueden servir
de criterio para la reforma educativa. En esta primera aproximación
nos limitaremos a examinar dos aspectos centrales, uno en el terreno
organizativo y otro en relación con las nuevas formas que
asume el cambio tecnológico. En cada caso, presentaremos
primero las características del cambio en la empresa y
luego veremos sus consecuencias en el campo educativo y sus implicaciones
para el modo más cónsono de llevar a cabo el proceso
mismo de reforma.
a.- La nueva organización: estructuras y relaciones
-
La práctica de la autonomía y la participación
en la empresa abierta: El cambio más marcado que
se observa en la empresa moderna es la ruptura de la estructura
burocrática característica de la organización
que hoy podemos llamar tradicional. Las nuevas tendencias conllevan
el achatamiento de las pirámides jerárquicas,
la formación de estructuras en red, la recomposición
de funciones para formar unidades semi-autónomas definidas
por producto o por mercado de destino, el abandono de la estricta
separación mente-mano característica del modelo
taylorista, estimulando más bien la incorporación
plena de las capacidades del individuo, la flexibilidad operativa
en cooperación con clientes y proveedores y la búsqueda
de alianzas estratégicas con socios o rivales, a escala
local o global para optimizar la posición de la empresa.
Todos estos cambios modifican profundamente la forma de funcionamiento
y el tipo de relaciones prevalecientes en la organización,
lo cual implica un perfil muy distinto de habilidades y actitudes
del personal. Veamos algunos aspectos de esto:
-
La estructura descentralizada: Una vez desmontada la pirámide
de orden y mando, la dirección central asume la orientación
estratégica de la red, fija metas y delega responsabilidades,
definiendo espacios de autonomía relativa. En los casos
más avanzados, este tipo de estructura se repite a cada
nivel, de tal manera que incluso al obrero individual se le
dota de un rango de autonomía para la realización
creativa de un conjunto enriquecido de tareas, en cooperación
con otros. Esta distribución del poder decisorio a cada
uno en su ámbito y a su nivel tiene dos consecuencias
importantes. Por una parte, cada miembro del personal debe estar
capacitado para enfrentar y resolver problemas, tomar decisiones
y asumir responsabilidades; condiciones que antes sólo
eran requeridas para el nivel dirigente. Por la otra, se modifica
radicalmente el concepto y la práctica de la autoridad.
Se desplazan las viejas formas de imponer la disciplina por
mando, control y miedo y son sustituidas por una relación
basada cada vez más en liderazgo, confianza y respeto
mutuo.
-
Redes de unidades multifuncionales: La conformación
de unidades focalizadas por producto o mercado en lugar de los
tradicionales compartimientos por función, implica el
trabajo en equipo, donde cada participante comprende el conjunto,
asume plena responsabilidad por la calidad de su parte del trabajo
y se identifica con el resultado colectivo.
-
Autonomía e interacción múltiple:
El complemento de esa combinación de lineamientos
y metas con autonomía relativa es la comunicación
multidireccional (horizontal y vertical en ambos sentidos).
Cada unidad participa en la red como un nodo activo generador
de información para el seguimiento de resultados y el
intercambio de experiencias. Lo mismo ocurre con cada miembro
de cada equipo, dentro de cada unidad. Este modo de operar requiere
el desarrollo a todos los niveles de habilidades de interacción,
expresión de ideas, organización de información
y coordinación de acciones.
- Apertura
al entorno, adaptación y diversificación:
La disposición a escuchar al cliente y cumplir con sus
requerimientos lleva, en las organizaciones en red, a una gradual
diferenciación entre las diversas unidades, a medida
que éstas se van adaptando más y más a
sus mercados específicos. La interacción horizontal
entre unidades sirve de polinizador de las prácticas
exitosas y de advertencia contra posibles errores. Este proceso,
al optimizar los resultados de cada unidad, maximiza los resultados
del conjunto. Esto es profundamente distinto del afán
centralizador y uniformador del paradigma anterior.
b.-
Implicaciones para la relación pedagógica.
-
Crear hábitos de autodisciplina y autonomía: La
primera consecuencia que se deriva del nuevo paradigma organizativo
es que el viejo acento en la disciplina por la obediencia deja
de ser efectivo para la inserción en el proceso de trabajo.
Tanto en la familia como en la escuela, una forma más
efectiva de prepararse para la vida en el futuro implicará
enfatizar la disciplina autónoma basada en el desarrollo
del sentido de la responsabilidad y del compromiso personal,
con altos niveles de exigencia y sistemas de auto-evaluación.
- Promover
actividades en equipo: Otra consecuencia es la necesidad
de desarrollar las competencias requeridas para coordinar acciones
de manera efectiva. La enseñanza orientada al trabajo
individual habrá de ser fuertemente complementada con
el diseño y realización de proyectos de grupo,
con el aprendizaje de la comunicación y la interacción,
de la cooperación y la adaptación mutuas, de la
distribución de roles y de la fijación y logro
de metas colectivas. De hecho, el nuevo contexto sugeriría
la posibilidad de entender el proceso mismo de aprendizaje de
cada uno de los alumnos como un proyecto del grupo.
-
El manejo de la relación autoridad-autonomía:
Uno de los aspectos más complejos que plantean las nuevas
estructuras organizativas tanto en la empresa como en el campo
educativo es un adecuado manejo de la cuestión de la
autoridad en un marco de estímulo a la autonomía
y la creatividad. Aprender el ejercicio de la acción
autónoma bajo lineamientos implica respetar una autoridad
y confiar en ella, sobre esa base se podrá ejercer la
independencia en un marco de límites y reglas claras,
rumbos definidos y apoyo sólido. También el pleno
desarrollo de la iniciativa, supone poder cometer sin miedo
los inevitables errores del camino de ensayo y error que lleva
al logro. Para facilitar ese proceso de construcción
de una actitud de autonomía responsable, la relación
maestro-alumnos tendría probablemente que moverse hacia
una relación de tipo guía-actores.
c.- Implicaciones para la organización educativa y el proceso
de cambio
-
Ni gran plan único ni homogeneización forzada:
Las viejas concepciones de planificación son parte
esencial del modelo taylorista -hoy obsoleto. El plan único,
central y homogéneo, realizado por expertos en todos
sus detalles, con prioridades, proyectos y programas, se revela
impráctico, engorroso e ineficaz en el nuevo contexto.
Y eso es así en la empresa, en cualquier organización
productiva, en los organismos de gobierno y en el sistema educativo.
El nuevo paradigma trae aparejado un modo de producir los cambios
coherente con los nuevos principios organizativos: estrategia
y lineamientos centrales, delegación de poder y recursos
para actuar en las diversas unidades, aplicación creativa
de los principios globales a nivel local y monitoreo y evaluación
regular del proceso.
-
Descentralización e intercambio de experiencias:
En los procesos descentralizados, la optimización de
resultados ha de basarse en un intenso intercambio a nivel horizontal,
para analizar y evitar errores, imitar experiencias exitosas,
identificar los factores favorables y afinar y rectificar el
rumbo a nivel de unidades y de conjunto.
-
Apertura a la participación del entorno: A medida
que se van derrumbando las barreras compartimentales de las
burocracias clásicas y las organizaciones se vuelcan
a la interacción con el medio donde actúan, se
dan las condiciones para la cooperación entre escuela
y comunidad y para una colaboración fructífera,
de beneficio mutuo, entre educación e industria. Esto
ya está ocurriendo con muy buenos resultados en países
avanzados.
-
Adaptación creativa a condiciones específicas:
Una estrecha interacción con cada comunidad en condiciones
de autonomía relativa, tendrá como resultado,
al igual que en las empresas descentralizadas, una gradual diferenciación
de cada escuela para adecuarse a las condiciones y requerimientos
del entorno. Estas tendencias hacia la diversificación
y al florecimiento de la heterogeneidad son parte indisoluble
de la actual transición en todos los terrenos. En el
caso que nos ocupa estos procesos conllevan el peligro de una
segmentación perversa de la calidad de la enseñanza
en contra de los más débiles. Es inútil
pretender que este riesgo se supera tratando de imponer la simple
homogeneización, la cual tampoco en el pasado pasó
de las buenas intenciones. Superar eficazmente este peligro
exige aceptar las tendencias adaptativas y desarrollar modos
imaginativos de propender a la justicia social educativa, dentro
del nuevo contexto.
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El
cambio tecnológico constante, incremental y participativo
a.- La mejora tecnológica continua en la organización
productiva moderna
Los
grandes cambios tecnológicos asociados a la computación
y las telecomunicaciones y los impresionantes avances de la biotecnología
y la ciencia de materiales han focalizado la atención en
la velocidad del cambio en la frontera. Y, en efecto, se está
conformando un nuevo contexto, en la esfera productiva, en la
infraestructura y en los mercados, que facilita la rápida
incorporación de innovaciones. Sin embargo, para lo que
aquí nos concierne, hay un fenómeno mucho menos
espectacular pero de consecuencias mucho más profundas:
la empresa moderna se caracteriza por la mejora incremental constante
de sus productos, procesos y equipos, de su organización
y de su personal. Esto rompe con las prácticas típicas
del paradigma anterior, donde los cambios se daban por grandes
saltos y luego se aspiraba a llegar cuanto antes a productos estandarizados
y procesos optimizados para maximizar los beneficios de la producción
de masa.
En
la nueva empresa flexible las múltiples modificaciones
incrementales y los cambios radicales forman parte de un mismo
modo de operar basado en la mejora continua en todos los planos.
Más aún, se disuelve la vieja separación
estricta entre actividades de innovación y actividades
de producción o venta. A través de lo que se ha
dado en llamar "ingeniería simultánea",
los procesos de desarrollo de nuevos productos o procesos se realizan
en constante interacción entre personal de todos los departamentos,
usando a los clientes como guía y campo de prueba y llegando
a usar la planta como laboratorio. De esta manera, el cambio se
convierte en la principal rutina de toda la organización
y ese hecho tiene vastas consecuencias para la forma de inserción
del personal en el trabajo.
-
Proceso participativo a todos los niveles: A diferencia
del clásico modelo taylorista inmortalizado por Chaplin
en el cine, el nuevo paradigma organizativo estimula la participación
creativa de todo el personal en el mejoramiento de los productos
y los procesos de producción. Lejos de limitarse a repetir
rutinas y obedecer órdenes concretas, todo empleado y
todo trabajador en la organización moderna asume la calidad
de su trabajo como asunto propio, está atento a las fallas
superables y a las oportunidades de mejora, presenta sugerencias
y propone y realiza proyectos. Es algo como la vuelta a la actitud
del artesano en un contexto industrial avanzado. Esta actitud
se enmarca dentro de las condiciones de responsabilidad y autonomía
discutidas anteriormente y supone el desarrollo de habilidades
de observación, medición e investigación,
al servicio de las metas y los objetivos del grupo. Por otra
parte, el proceso de selección del rumbo de las mejoras
a realizar envuelve generalmente alguna forma de discusión
y evaluación colectiva, lo cual exige que se adquieran
las habilidades correspondientes.
-
Aprendizaje y reentrenamiento permanentes: Obviamente, este
cambio esperado en la actitud del personal implica la constante
elevación de sus calificaciones para poder fundamentar
su capacidad participativa. En efecto, el proceso mismo de trabajo
incorpora el aprendizaje e intercambio de experiencias y la
empresa tiende a asumir el entrenamiento permanente de sus empleados
a todos los niveles concibiéndolo como una inversión
productiva. También la moderna estructura de remuneraciones
tiende a reflejar la importancia dada al capital humano y a
estimular su identificación con la organización
productiva, valorando la capacitación y enfatizando el
beneficio mutuo.
-
Personal polivalente. Enriquecimiento de tareas: En un ambiente
de cambio, flexibilidad y mejora continua, ya no sólo
se busca que cada uno se especialice en una tarea específica
sino que se impulsa la formación polivalente. Esta logra
dos objetivos: por un lado, amplía el espectro de posibilidades
de participación de cada trabajador o empleado y, por
el otro, lo dispone favorablemente a propiciar y aceptar el
cambio. También se rompen los estrechos moldes de los
puestos de trabajo ampliándolos para incorporar, junto
con la antigua parcela, cuestiones de calidad, mantenimiento,
medición, servicio al público, etc. Se entiende
que la visión de conjunto y de la conexión del
propio trabajo con la satisfacción del usuario final
facilita la identificación creativa con el producto o
servicio y estimula la actitud innovativa. A su vez, la realización
de actividades de mejora aumenta el interés del trabajador
en lo que hace, elevando su satisfacción y la calidad
de su vida en el trabajo.
b.- Implicaciones para la enseñanza-aprendizaje
-
Bases para la formación continua: La inserción
en el nuevo paradigma nos conduce directamente a la clásica
fórmula de "aprender a aprender". En un mundo
de cambio permanente, lo más útil que puede poseer
una persona son bases sólidas para asimilar información
nueva a lo largo de su vida. Queda obsoleta la idea –aunque
aún no la práctica- de un período de estudio
al inicio y una vida de trabajo después. Los procesos
de reentrenamiento y ampliación de las calificaciones
y la necesidad de mantenerse al día en los avances tecnológicos
del campo de trabajo de cada uno requerirán del aprendizaje
autopropulsado y autodirigido. Esa capacidad, si ha de ser generalizada,
habrá de adquirirse en la escuela. Y la escuela, a su
vez, se iría convirtiendo cada vez más en un espacio
para la formación continua.
- Acento
en herramientas de aprender y comunicar: Más allá
de los contenidos, en un mundo de cambio continuo hace falta
enfatizar el manejo de los lenguajes básicos: lectura,
escritura, matemáticas, computación. Y, en un
mundo interconectado por las telecomunicaciones, los idiomas
extranjeros, en particular el inglés, se hacen indispensables
como herramienta de acceso a la información y a la cultura
mundial (y de genuina valoración de la propia). El saber
ubicar, usar, procesar y comunicar información con soltura,
requerirá la práctica –no esporádica sino
cotidiana- del uso de medios de comunicación, computadoras,
Internet, instrumentos de medición, bibliotecas, bancos
de datos, etc. Y, además de aprender a responder, es
vital aprender a formular preguntas.
-
Inculcar hábitos de investigación y mejora:
Integrarse al mundo de la mejora continua será mucho
más fácil –y tendrá mayores repercusiones
en la calidad de vida- si esta actitud se desarrolla desde temprano
en el hogar y en la escuela. Los hábitos de observación,
medición, análisis, experimentación, innovación
y realización de proyectos de mejora se inculcarán
más naturalmente en la medida en que se conecten estrechamente
con la vida cotidiana y su mejoramiento. El uso de conocimientos
adquiridos en la escuela para resolver problemas concretos de
la vida diaria establece una vinculación clara con la
utilidad y las aplicaciones de la ciencia, la tecnología
y la cultura, en general, además de fortalecer el sentido
de responsabilidad.
-
Acostumbrarse a enfrentar problemas complejos: En la práctica
de la mejora continua, además de los tradicionales ejercicios
de respuesta única y conocida, el estudiante habrá
de habituarse a los problemas abiertos, con diversas opciones
y con "respuestas" múltiples y creativas. Entre
las habilidades a desarrollar en este sentido están:
la formulación y análisis de este tipo de problemas,
la propuesta y comparación de alternativas de solución,
la toma de decisiones razonada y el seguimiento y evaluación
de las soluciones puestas en práctica.
-
Experiencia en el trabajo en equipo: En este contexto vale
la pena reiterar la necesidad del desarrollo de las destrezas
para el trabajo en grupo, con lineamientos y metas colectivas:
discutir, diseñar y realizar proyectos colectivos, negociar
intereses distintos, coordinar acciones, tomar decisiones de
modificación de rumbo y, en general, manejar la combinación
de roles y compromisos necesarios para que las ideas se hagan
realidad.
-
Acostumbrarse al cambio: En general, una de las costumbres
adaptativas más importantes para vivir en estos tiempos
es la capacidad para aceptar el cambio como normal. Ello supone
el desapego a las verdades rígidas y la apertura a la
crítica y al disenso. Como mínimo exige distinguir
entre lo estable y lo cambiante del conocimiento y a manejarse
en ese fluir. Las implicaciones para la forma como se imparten
los conocimientos en la escuela y para el diseño de los
libros de texto son vastas.
c.- Implicaciones para el desarrollo de la reforma
-
Un cambio de estilo, tanto o más que de contenidos:
De lo dicho anteriormente se desprende que el cambio más
relevante a realizar afecta el estilo de llevar a cabo el proceso
de enseñanza, puesto que el esfuerzo más importante
se orienta al cambio de actitudes. El mayor vuelco que ocurre
al enfatizar el aprender a aprender y las herramientas de aprendizaje
es quizás el pasar a concebir los conocimientos como
vehículos para consolidar el manejo de los lenguajes
y no al revés. Esto sugiere que el éxito de la
reforma dependerá de la modernización y renovación
actitudinal de los maestros.
-
Lineamientos globales, mejora continua local: La reforma
educativa es inevitablemente un proceso de ensayo y error. Reconocer
su urgencia no va a contribuir a acelerarlo, ni será
posible imponerlo desde arriba sin plena anuencia y participación
de los actores. Realizarlo poco a poco, iniciándolo a
la vez en millares y millares de puntos del sistema, puede ser
lo más efectivo. La experiencia de los cambios en las
empresas sugiere que la maximización de los resultados
se da mediante la fijación de unos principios y una estrategia
general de cambio que sirve de guía a la transformación
y a la mejora continua de cada unidad. Los recursos, los servicios
de apoyo, el entrenamiento y los demás elementos necesarios
para respaldar el esfuerzo local tienen una efectividad mucho
mayor cuando responden a demandas concretas, articuladas a partir
de procesos iniciados localmente. Se trata de aplicar en el
desarrollo del proceso la misma actitud autónoma, de
auto-aprendizaje y auto-evaluación, que se buscará
inculcar a los estudiantes.
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No hay recetas. Experimentar, evaluar y compartir: Aunque
es posible extraer principios generales de la experiencia de
las empresas exitosas para conformar una imagen del nuevo paradigma,
no es posible decir que hay una sola manera de aplicar esos
principios. De hecho, la diversidad de versiones de la empresa
moderna es enorme. La traducción de esos principios a
la organización educativa y a otras, abrirá amplias
avenidas de creatividad y resultará probablemente en
una variedad aún mayor. Lo importante será que
no se desperdicien las experiencias valiosas. Establecer los
cauces para que las diversas unidades puedan compartir y ayudarse
mutuamente es una tarea ineludible para los dirigentes del proceso,
a escala regional, nacional y continental.
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Un cambio cultural de todos los participantes: Lo que hemos
venido discutiendo indica claramente que la transición
que estamos atisbando -y a la cual deberá responder el
sistema educativo- constituye un cambio cultural. Apenas tratamos
dos de las muchas transformaciones que se están difundiendo,
moldeando el sistema productivo del futuro. Con ello basta para
comprender que todos y cada uno de los miembros de cada organización
están llamados a modificar sus comportamientos - y sus
ideas- de manera radical. Dado nuestro objetivo de señalar
tendencias y extraer consecuencias, no hicimos ninguna referencia
a las grandes dificultades que experimentan las empresas para
transformarse. El proceso, aunque impulsado por el acicate de
la competencia, no es menos difícil de lo que será
para el mundo de la educación o para cualquier otro ámbito.
Reconocer la naturaleza, la dirección y la magnitud de
los cambios es, sin embargo, un primer paso en el camino del
éxito.
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Comentarios
finales: propiciar un circulo virtuoso
En
esta compleja transición, la construcción e implantación
de una sociedad próspera y solidaria en los países
latinoamericanos requerirá el concurso de todos. El reto
que enfrenta el sistema educativo de formar ciudadanos autónomos,
dinámicos y socialmente conscientes exige múltiples
formas de cooperación con el entorno.
En
los países más avanzados, el proceso de modernización
tecnológica y organizativa de las empresas las ha llevado
a una intensa interacción, primero con los sistemas de
entrenamiento para el trabajo y luego, cada vez más, con
el sistema educativo formal. Se han multiplicado los programas
de cooperación a propósito de la enseñanza,
no sólo en términos de financiarla y brindarle colaboración
técnica, sino también interactuando estrechamente,
realizando intercambios de personal, usando los laboratorios de
la empresa para experimentos y realizando otras actividades conjuntas.
Este
interés en la educación por parte del mundo productivo
no caracteriza todavía al contexto latinoamericano. Al
rezago ya mencionado se agrega una tradición de enfrentamiento
y desconfianza que dificulta toda relación fructífera
entre los dos mundos. Por eso, lo que les acabo de presentar ha
sido en cierta forma un ejercicio de prospectiva. Lo que hicimos
fue tomar las tendencias mundiales en el campo del trabajo y proyectarlas
hacia el espacio donde se definen las tareas de formación
y educación para la vida en el futuro. No hablamos de las
demandas actuales de formación y entrenamiento para facilitar
los procesos de modernización que poco a poco se están
llevando a cabo. Cabe preguntarse cómo conciliar los roles
del sistema educativo en el corto y en el largo plazo, para maximizar
su contribución al relanzamiento de los procesos de desarrollo.
Se
me ocurre sugerir que una reforma del sistema educativo, de carácter
abierto, además de apuntar hacia el largo plazo, puede
servir como proceso iniciador de un círculo virtuoso. En
la medida en que la escuela se integre fuertemente a la comunidad,
acepte la participación externa y se ofrezca a llenar las
demandas inmediatas del sistema productivo, se pueden ir creando
las condiciones para una interacción de largo plazo, donde
los progresos de la escuela impulsen y faciliten la modernización
de las empresas, mientras que los avances en las empresas estimulen
el desarrollo de los nuevos métodos de enseñanza
en la escuela. Derribar desde ahora las barreras de incomunicación
erigidas de ambos lados parecería una condición
favorecedora del progreso en ambos terrenos en el largo plazo.
Hay
sin embargo, un área de cambios que se convierte en condición
fundamental del éxito del proceso: La revalorización
social del maestro. No es posible educar la auto-estima y la autonomía
del alumno desde una posición de poca autoridad o minusvalía.
No es realista suponer una interacción fructífera
con el entorno sin altos niveles de validación y respeto
mutuo. El rescate de la ética y de la alta dignidad de
la función pedagógica son la base indispensable
de una reforma exitosa.
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