1.-
Comencemos por romper el "matrimonio de conveniencia" entre
Tecnología y Ciencia
En
la época de la sustitución de importaciones,
las actividades tecnológicas tuvieron que refugiarse
en los laboratorios científicos. Las tecnologías
que usaba el aparato productivo eran traídas del Norte
ya plenamente maduras y no requerían innovaciones locales.
Por ello no existía una demanda real para la tecnología
y, en consecuencia, ésta tuvo que "casarse" con la
Ciencia y adoptar sus patrones de conducta. Hoy, la tecnología
es necesaria al lado de toda actividad productiva y de todo
servicio social. En consecuencia, es hora de que salga de
los "templos" de la Ciencia y se sume a la "acción".
Tenemos
que poner la tecnología en contacto íntimo con
la producción. Necesitamos que se convierta en ingeniería
y desarrollo tecnológico para cambiar la calidad y
la productividad de nuestros productos y procesos productivos.
Lo
que, ciertamente, no necesitamos es una tecnología
trabajando en aislamiento, con los métodos, criterios
y ritmos que caracterizan, con razón, la producción
de conocimiento científico.
Pero
también necesitamos investigación científica
y tecnológica (y en los países en desarrollo
no es razonable pedir que ese tipo de proyectos respondan
a demandas del sector industrial). La Ciencia y los científicos
locales son nuestro principal vínculo dinámico
con las fuentes universales de conocimiento científico.
Como tales deben ser financiados y como tales deberían
estar dispuestos a responder las solicitudes de los tecnólogos,
del sistema educativo y de la sociedad en general.
2.- Ampliemos
el alcance de lo que llamamos "tecnología"
para incluir capacidades y know-how organizacional. gerencial
y social.
Las
disciplinas científicas, técnicas y sociales
deben ser enfrentadas con la tarea de resolver problemas tanto
en actividades de creación de riqueza como en aquellas
vinculadas al mejoramiento de la calidad de vida de la población.
Si bien las empresas enfrentan la necesidad de ser competitivas
globalmente, los gobiernos y los servicios sociales tienen
que modernizarse con mayor urgencia aún para administrar
y coadyuvar al bienestar social con mayor eficiencia y efectividad.
A
menos que creamos en la vieja idea del "efecto filtración"
(según el cual la riqueza generada en los estratos
superiores de la sociedad se filtra hacia abajo) y estemos
dispuestos a esperarlo, no existe razón para que los
esfuerzos de desarrollo tecnológico financiados con
fondos públicos deban concentrarse solamente en actividades
relacionadas con el desarrollo competitivo. Hace falta contribuir
a la eficiencia y calidad de los servicios públicos
y, en general, cubrir un espectro mucho más amplio
de terrenos de acción para el desarrollo e incorporación
de innovaciones. Es posible que los distintos terrenos deban
ser atendidos por diferentes grupos y personas.
3.- Extendamos
el espectro de actores en la producción de innovaciones
De
acuerdo con el nuevo paradigma, la mejora continua debe convertirse
en el patrón de conducta de todos, desde la alta gerencia
y los especialistas hasta el último de los obreros,
debe convertirse en un modo de abordar el quehacer cotidiano,
desde el mundo de la producción hasta la comunidad
y el hogar.
Es
imperativo para todos los ciudadanos el aprender a analizar
procesos, a identificar modos de mejorarlos reduciendo costos
y esfuerzos y a adaptarlos a condiciones específicas
incluso cambiándolos radicalmente. La reforma educativa
debe incluir la introducción de estos hábitos
como un elemento clave al igual que los programas de capacitación
y entrenamiento. El cambio casi "cultural" que esto implica
para quienes estamos involucrados con la industria y el gobierno
es muy profundo pero también muy necesario.
Las
comunidades científica y tecnológica pueden
hacer una gigantesca contribución social convirtiéndose
en campeonas de un cambio social generalizado hacia la innovatividad.
4.- Dejemos
de intentar construir un "puente" entre la universidad y la
industria. Procedamos más bien a eliminar el río
que las separa.
Necesitamos
aprender a vivir en interacción constante entre productores
y usuarios de tecnologías. Debemos abrir las universidades
a todos los actores sociales y movilizar los investigadores
e ingenieros a los sitios de trabajo donde los resultados
de su trabajo son utilizados.
Venimos
de décadas de desconfianza mutua. Los investigadores
han mirado con desprecio a la "gente de negocios interesada
solamente en el dinero", y los empresarios han considerado
a los investigadores "soñadores imprácticos
que no entienden el mundo real". Estas actitudes han resultado
en una ausencia de espacio y de lenguaje común entre
ambos mundos.
Ahora
necesitamos construir una plataforma de respeto y confianza
mutua. Esto sólo puede producirse a través de
la colaboración frecuente, probablemente a partir de
pequeños proyectos conjuntos sobre los cuales se puedan
construir proyectos de creciente envergadura.
5.- Finalmente,
distingamos claramente cuatro áreas de acción
cada una de las cuales es igualmente crítica: