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La
interpretación que voy a presentarles toma como marco de
referencia la teoría de las ondas largas en el desarrollo
económico propuesta por Kondratieff, Schumpeter y otros
economistas. Según éstos, desde la Revolución
industrial a fines del siglo dieciocho, el crecimiento económico
mundial ha experimentado ciclos de cincuenta a sesenta años,
con veinte o treinta años de prosperidad seguidos de veinte
o treinta años de crecimiento muy desigual, de recesiones
e incluso depresiones. La explicación de tal comportamiento
sería, según Schumpeter, el surgimiento de revoluciones
tecnológicas sucesivas y las dificultades de su asimilación.
Cada revolución tecnológica es un "huracán
de destrucción creadora" que transforma, destruye
y renueva el aparato productivo mundial.
En
efecto, en la historia de los países que han liderizado
el crecimiento de la economía mundial en los últimos
dos siglos se registran cuatro grandes "edades doradas"
de prosperidad generalizada, surgidas a continuación de
largos períodos de inestabilidad y turbulencia. Como se
indica en la Figura 1.A, detrás de cada gran auge se encuentra
una revolución tecnológica.

[LWT-73B-S] / Flecha cinco auges
La
prosperidad inglesa, a partir de la llamada "Revolución
Industrial," se basó en un salto tecnológico en
la industria textilera del algodón y en la difusión
de esos principios de mecanización y de organización
fabril a otras industrias. El llamado "boom" Victoriano, a mediados
de siglo, se nutrió de las inmensas posibilidades de ampliación
del mercado abiertas por las redes ferrocarrileras y las escalas
mucho mayores sustentadas por la máquina de vapor. Detrás
de la "Belle Epoque" se encuentran el poder estructural del acero,
desde entonces barato, y las oportunidades sin precedentes de
la electricidad y de la química moderna. El "boom" keynesiano
de la post-guerra, liderizado por Estados Unidos, resultó
de los infinitos campos de aplicación de la producción
en masa y el petróleo barato, empezando por los automóviles
y electro-domésticos, pasando por el armamento y la petroquímica
y llegando
hasta la adopción de esos principios por casi todos los
sectores productivos. La revolución informática
está llamada a moldear las oportunidades que se desplegarán
en un próximo período de prosperidad.
Lo
que es importante observar para nuestros propósitos es
que el período de mayor y más espectacular despliegue
de cada revolución tecnológica, como tal, precede
claramente las décadas históricamente reconocidas
como de auge y prosperidad general. El "boom" ferrocarrilero
ocurre antes del florecimiento de la sociedad victoriana; al igual
que el auge del petróleo, del automóvil y de los
materiales sintéticos ocurre en el período entre
guerras, mucho antes de la prosperidad de la Segunda Post-Guerra.
Para discutir las razones de este impacto desfasado necesitamos
entender mejor la naturaleza de las revoluciones tecnológicas.
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Doble
impacto de las revoluciones tecnológicas
Lo
más llamativo de cada revolución tecnológica
es, por supuesto, lo nuevo. En efecto, los ritmos de crecimiento
y los niveles de ganancia que ostentan los nuevos productos y
las empresas que motorizan el salto tecnológico resultan
impresionantes. El contraste es enorme con la situación
de los productos y empresas de la revolución tecnológica
anterior que, típicamente, están llegando a la madurez,
cuando irrumpe la siguiente. El resultado de este crecimiento
explosivo de los nuevos productos, de sus insumos y de la nueva
red de infraestructura que generalmente acompaña su despliegue
es el surgimiento de polos de crecimiento en regiones y sectores
distintos de los tradicionales, impulsando un proceso de cambio
en la estructura de la economía y del empleo en cada país
y en el mundo.
Tales
reacomodos forzados del tejido productivo van acompañados
de fuertes desajustes en la dinámica de los precios relativos.
Para tener una idea, a fines de los años sesenta se podían
adquirir cinco automóviles por el precio de un solo computador,
ahora se compran 20 computadores por el precio de un automóvil.
Lo mismo ocurrió con el precio relativo de los automóviles
en su época. También se produce un realineamiento
entre países, regiones y empresas, moviéndose hacia
las posiciones de punta aquellos que dominan las nuevas tecnologías.
Eso ocurrió con Alemania y EEUU frente a Inglaterra, a
comienzos de siglo, y lo hemos visto en estos tiempos con el salto
de Japón hacia la punta y con el avance de varios países
rezagados de Asia hacia la condición de desarrollados.
[LWT-92C] / Revolución tecnológica
Pero,
cada revolución tecnológica va mucho más
allá del éxito espectacular de los Henry Fords y
los Bill Gates de cada transición, mucho más allá
de la introducción de nuevos productos, nuevas industrias,
nuevas formas de energía y de transporte. Como se indica
en la Figura 1.B, las tecnologías genéricas surgidas
de esos nuevos productos, de las redes de infraestructura que
los dinamizan y de la lógica organizativa que permite aprovecharlos
llevan también a la renovación de todo el aparato
productivo existente. Eso es lo que hace que un nuevo sistema
tecnológico merezca el calificativo de "revolución."
Cada una lleva a la articulación de un nuevo paradigma
o patrón tecnológico capaz de inducir un salto cuántico
generalizado en productividad. Cada paradigma marca una nueva
frontera de práctica óptima tecnológica y
organizativa, encarnada en tecnológias genéricas
aplicables a lo largo y ancho del aparato productivo, a cualquiera
sea el producto o servicio y a todo tipo de organizaciones y actividades.
En
eso consiste el inmenso potencial de generación de riqueza:
Las industrias nuevas, ofreciendo un amplísimo espectro
de oportunidades inéditas de innovación e inversión,
y un nuevo patrón tecnológico y organizativo, brindando
herramientas para modernizar todo el resto de la economía,
llevándola a un plano de productividad y efectividad claramente
superiores a las "normales" hasta entonces. Esta fuerza
innovadora y renovadora trae dos consecuencias importantísimas.
Por una parte, se abre una ventana de oportunidad para las empresas
y países que, aunque no hayan ido muy lejos en el paradigma
anterior, logren adoptar el nuevo o montarse en la ola de crecimiento
espectacular de los productos revolucionarios (esa es parte de
la explicación del éxito de los Tigres Asiáticos).Por
la otra, todo el aparato productivo existente basado en el paradigma
anterior queda, por definición, obsoleto y tiene que ser
modernizado. Quien no se renueve corre el riesgo de ser barrido
del mercado. Por eso, al lado del relumbrón de las industrias
nuevas, hay que embarcarse en el largo y difícil proceso
de transformación de todo el aparato productivo de cada
país y del mundo entero. Se trata de intensos cambios tecnológicos
se requiere un vasto reciclaje de calificaciones y considerables
montos de inversión. No obstante, lo que más dificulta,
retarda y entraba la transición es la necesidad de adopción
masiva del nuevo paradigma tecnológico y organizativo,
de un nuevo sentido "común," de otra forma de
pensar la eficiencia. Sin eso, no hay aprovechamiento del nuevo
potencial de generación de riqueza disponible. Pero, esa
adopción es equivalente a un cambio cultural.
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El
difícil cambio de "sentido común"
Para
entender más concretamente lo que significa un cambio de
paradigma, vale la pena acercarse a ver la transformación
que les toca vivir a los gerentes de hoy en su proceso de modernización.
Todos estamos expuestos a los términos en boga: globalización,
apertura, competitividad, sociedad del conocimiento. Pero, una
cosa es entender su sentido y sus implicaciones y otra es vivirlas
en concreto, día a día, frente a la nueva dinámica
de la competencia y dentro de la empresa, donde el cambio abarca
todos los aspectos, disuelve todas las rutinas, cuestiona todos
los hábitos y revoluciona cada uno de los tradicionales
criterios de decisión.
Tomemos
cinco aspectos y recordemos que, en su discusión, estamos
hablando más a nivel mundial que a nivel local. Los gerentes
y empresarios de nuestros países además de vivir,
como sus similares del mundo desarrollado, el trastocamiento del
paradigma tecno-organizativo, tienen que asimilar las consecuencias
de la apertura, superar la dependencia del Estado y aprender a
correr riesgos con la inversión y la innovación.
Ese doble salto al futuro supone cambios aún más
profundos y exigentes, en el terreno cultural e institucional.
Pero, sigamos en el plano de la transformación mundial.Los
dos componentes de la actual revolución tecnológica
son, por una parte, la informática y las telecomunicaciones
y, por la otra, el nuevo modelo gerencial, introducido originalmente
por los japoneses y adaptado y adoptado desde entonces en múltiples
maneras y difundido por un sinnúmero de "gurúes"
a lo largo y ancho del mundo empresarial global. Estas dos vertientes
de cambio, en lo tecnológico y en lo organizativo, son
esencialmente compatibles e interdependientes y los principios
de "óptima práctica" de la organización
moderna surgen de la fusión de ambas. Traduzcamos estos
principios en términos de algunos de los grandes lineamientos
que afectan la competitividad:

DesfFig 1-C.gif [LWT-34B] / Cambio de paradigma
El
cambio estratégico más general que introduce el
nuevo paradigma en el aparato productivo es la búsqueda
de la adaptabilidad. El tradicional modelo de producción
en masa para la fabricación continua de altos volúmenes
de unidades idénticas, inmortalizado en la crítica
de Charlie Chaplin, cumplió su ciclo de vida y está
siendo relegado. Lo que hasta hace poco se veía como el
modo de obtener la máxima productividad, es visto ahora
como un modelo rígido, engorroso y obsoleto. En su lugar,
la empresa moderna está adoptando un sistema de producción
flexible capaz de fabricar una gama de productos cambiantes, adaptándose
a las variaciones de la demanda en cantidades y calidades. Por
lo mismo, el perseguir solamente economías de escala es
ahora menos rentable que lograr economías de especialización
y de gama.
Otro
de los grandes lineamientos tiende a la superación del
modelo de producción intensivo en el uso de energía
y materias primas. Este modelo, que por décadas sustentó
el crecimiento de la sociedad de consumo y luego condujo a las
crisis energética y ecológica, está siendo
sustituido por un modelo alternativo de producción, intensivo
en información, conocimiento, servicios y "materia gris."
Este modelo es capaz de permitir, al menos desde el terreno tecnológico,
una redefinición de los modos de vida y de brindar formas
de manejar eficazmente las cuestiones ambientales. En las nuevas
condiciones, crece la proporción intangible en el perfil
de producción, así como crecen la innovación
y los servicios en el valor agregado de cada producto.
Igualmente,
la lógica optimizadora del taylorismo, la que adoptó
el lema de la práctica óptima única (one
best way) y convirtió la creación de rutinas
en su meta fundamental, está siendo abandonada a favor
de un sistema dinámico de mejora continua, que no reconoce
límites a la innovación y adopta el cambio técnico
constante como principal rutina.
En
su estructura, la empresa moderna ya no es una pirámide
jerárquica y compartimentada por funciones sino una red
flexible y descentralizada con una dirección estratégica
y alta autonomía en cada nodo.
Los
empleados y trabajadores dejan de ser vistos como un costo para
considerarse como capital humano, socios técnicos en la
innovación y en la generación de riqueza. Las relaciones
laborales van evolucionando de la confrontación y la desconfianza
hacia la cooperación y el consenso. Y otro tanto ocurre
en las relaciones con proveedores y clientes.
La
asimilación de cambios de tal profundidad y envergadura
no puede ser menos que lenta, desigual y difícil; el proceso
no tarda semanas ni meses sino años y décadas. Los
gerentes y empresarios que conocieron el éxito practicando
el viejo modelo lo viven como un verdadero desgarramiento. Tom
Peters, un consultor de empresas estadounidense, lo ha calificado
de aprender a "prosperar en el caos" y Benjamín Coriat,
un investigador francés, lo define como "pensar al revés."
En efecto, se trata de un drástico cambio de paradigma
que afecta hasta tal punto los criterios de decisión en
el mundo de los negocios, tanto en lo estratégico como
en lo cotidiano, que equivale a la adopción de un "nuevo
sentido común."
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Dos
ritmos de cambio distintos
No
obstante, el hecho de que estas dificultades den cuenta del tiempo
que tarda la propagación del nuevo paradigma en el aparato
productivo, no satisface la pregunta sobre la crisis. Hace falta
entender por qué la difusión de un nuevo y enorme
potencial de generación de riqueza, lejos de traer bienestar,
en las primeras décadas de difusión provoca turbulencia
económica y descalabros sociales y políticos.
El
problema es que la profunda sacudida no se limita al mundo productivo.
Cada una de las grandes revoluciones tecnológicas de los
últimos doscientos años ha requerido también
vastas transformaciones en el entorno socio-económico y
en el marco institucional, abarcando los roles y modos de intervención
del Estado en la sociedad y en la economía e induciendo
modificaciones sustanciales en el campo educativo, político,
ideológico y cultural, en general, tanto en el plano nacional
como en el internacional. Un cambio de tal complejidad es, aún
más que el caso de la empresa, un cambio cultural. De allí
lo doloroso, lo prolongado y lo difícil de la transformación.
El
peso inicial de la inercia y el nivel de resistencia al cambio,
por parte de individuos y organizaciones, es probablemente igual
en las unidades de la esfera económica y en las del ámbito
socio-institucional, sin embargo, a partir de allí, se
produce una disparidad inevitable en los ritmos de respuesta.
[LWT-154A] / Inercia- desacoplamiento
En
el terreno de los negocios, hay presiones irresistibles que vencen
a la larga. Por muy reacio que pueda ser un empresario o un gerente,
la superioridad de quienes aprovechan el nuevo paradigma se impone
en el mercado. La competencia amenaza la sobrevivencia de los
rezagados y los impulsa a emprender el camino de la modernización.
Este
no es el caso de las estructuras de gobierno, los partidos políticos,
los sindicatos, el sistema educativo o las asociaciones empresariales.
Ninguno vive las amenazas ni el peligro de desaparición,
que acicatean a la empresa. Las transformaciones a nivel político
e institucional obedecen a presiones y juegos de intereses de
otra índole. Los ritmos y los resultados de las batallas
entre las fuerzas a favor y en contra del cambio son impredecibles.
La inercia en este terreno es mucho mayor y está profundamente
enraizada en intereses creados.
Como
se ilustra en la Figura 1.4, ello conduce a un creciente distanciamiento
entre los ritmos de cambio en lo técnico-económico
y en el marco social e institucional. De hecho, el desacoplamiento
entre esas dos esferas es, precisamente, la causa de fondo de
estos períodos de inestabilidad.
En
consecuencia, durante las décadas de despliegue inicial
de una revolución tecnológica, el aparato productivo
forzado por la competencia a una transformación cada vez
más acelerada, trata de desplegar su nuevo potencial enfrentado
a un marco socio-institucional que continúa fuertemente
atado a las prácticas, ya ineficaces, del paradigma anterior.
Es entonces cuando se viven las épocas de turbulencia y
crecimiento desigual, como la actual. Sólo cuando se logra
el reacoplamiento de ambas esferas, vuelven los períodos
de prosperidad, vividos (al menos por los países desarrollados
de la época) como "edades de oro" y tiempos de "vacas gordas."Esta
incorporación de lo socio-institucional a las relaciones
causales, es una de las diferencias fundamentales entre la interpretación
que les estoy presentando y la teoría tradicional de ondas
largas. Tanto ésta como sus detractores, al tratar de demostrar
la existencia o la inexistencia de los ciclos largos, se han limitado
a analizar y medir la evolución de variables como el PTB,
los precios u otras, de carácter estrictamente económico.
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La
presión política de las tendencias centrífugas
¿Cómo
ocurre entonces la transformación necesaria en el entorno?
Lo que termina impulsando los necesarios cambios políticos
e institucionales, es la presión de las tendencias centrífugas
resultantes tanto del cambio de paradigma como del desacoplamiento
del conjunto social.

[LWT-124] / Centrífugas
En
efecto, los períodos de transición se caracterizan
por crecientes fuerzas polarizantes que separan cada vez más
a los exitosos de los declinantes y a los ricos de los pobres,
sean estos industrias, regiones, países, personas, empresas
o instituciones.
Por
eso es tan apropiado el término "huracán de
destrucción creadora." En lugar de creciente bienestar
para todos, las primeras décadas de difusión de
este gran potencial de generación de riqueza conducen a
enorme sufrimiento humano. El crecimiento del desempleo, por ejemplo,
es un fenómeno típico debido a un conjunto de causas
concurrentes: desaparición de empresas, de industrias y
de tecnologías, obsolescencia de oficios, elevación
de la productividad, redefinición de procesos o productos,
reubicación geográfica de actividades, etc. Todo
ello ocurre bajo el resplandor del éxito de las empresas
nuevas (donde se generan muchos empleos con calificaciones distintas)
y frente al crecimiento de las ostentosas fortunas, a menudo asociadas
a las grandes burbujas financieras, que acompañan cada
revolución tecnológica. Las graves consecuencias
sociales de estas tendencias, con su secuela de resentimiento
y violencia, ponen en peligro los logros de los que navegan en
la cresta de la ola. Al mismo tiempo son estas tensiones y desigualdades,
inaceptables e insustentables, las que terminan ejerciendo una
presión efectiva sobre el liderazgo político actuante
en cada país y cuestionando su legitimidad. Es entonces
cuando se empieza a producir una intensa búsqueda de soluciones
idóneas y a darse su propagación, de país
a país, por imitación del éxito.
Habrá
quienes sostengan, no sin alguna razón, que las desigualdades
actuales en América Latina son el resultado directo de
los cambios de política que se han llevado a cabo y no
de la falta de ellos. Ciertamente, en estas décadas este
continente ha estado viviendo las traumáticas consecuencias
de la aplicación de las recetas del programa neo-liberal.
Sin embargo, vistas desde la óptica que hemos propuesto
aquí, podemos interpretar dicho programa, no como el único
futuro, sino como una de las opciones y, principalmente, como
una forma de desmontar el pasado.
La
apertura a la competencia internacional, los programas de ajuste
macro-económico y las privatizaciones han sido, en la práctica,
un modo efectivo de desmantelar las estructuras que presidieron
el proceso de industrialización por sustitución
de importaciones. Ese marco institucional, sin duda exitoso bajo
el paradigma anterior, es ahora obsoleto y su mantenimiento nefasto.
Esos cambios básicos del contexto nacional son precisamente
los que han servido de acicate para que la empresa privada, antes
protegida, descubra por sí misma las transformaciones que
han estado ocurriendo en el mercado mundial y se decida a emprender
su propia modernización.En efecto, en el plano de lo social
e institucional, ese duro y conflictivo proceso de desmantelamiento
del viejo andamiaje constituye apenas el inicio de la transformación
requerida. Aplicando la noción Schumpeteriana de los "huracanes
de destrucción creadora" a lo institucional, podríamos
decir que la mayoría de los cambios hasta ahora efectuados
en nuestros países son la ejecución de la midad
"destrucción" dentro del necesario proceso de
rejuvenecimiento de las ideas políticas y de reinvención
de las instituciones. La mitad "creadora" está
germinando en muchas partes, en uno u otro terreno, pero aún
falta mucho por hacer. Es crucial entender esto, pues la historia
enseña que, al culminar estos procesos de transición,
el elemento que determina quienes avanzan y quienes retroceden,
quienes aprovechan la ventana de oportunidad y quienes la desperdician,
es la adecuación de las instituciones del país al
nuevo contexto y la capacidad de la sociedad para acompañar
al aparato productivo en el salto al futuro.
¿De
donde surgen, entonces, los criterios que permiten diseñar
un marco socio-institucional cónsono con la nueva dinámica
tecnológica y económica? Esa es la pregunta que
trataremos de abordar en la sección siguiente.
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