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El
papel de la tecnología importada como peldaño en
el camino de la industrialización es un hecho bien reconocido
históricamente sobre la base de la experiencia de los Estados Unidos
y de diversos países europeos en el siglo XIX y a
principios del siglo XX. Más recientemente, ese papel
ha sido confirmado por la rápida conversión del
Japón en un país de primera fila y el gran aumento
del desarrollo de los cuatro "dragones" de Asia. El éxito
de estos países se ha debido, a todas luces, a la
absorción de la tecnología de los países
más avanzados y a sus propios esfuerzos para adoptar, adaptar,
modificar y dominar los conocimientos técnicos correspondientes[1]
. No obstante, durante ese mismo período reciente, muchos
más países han logrado poco éxito, aunque,
aparentemente, han hecho intentos análogos para utilizar
la tecnología importada a fin de promover el desarrollo.
De hecho, muchos países, y regiones enteras, como África
y la mayor parte de Sudamérica, parecen haber perdido mucho
del terreno ganado [2]
.
Las
causas de esos resultados diferentes residen, en parte, en las
políticas concretas aplicadas y, en parte, en las condiciones
específicas de los países de que se trata. Incluso,
a un nivel más profundo, están arraigadas en la
naturaleza de las oportunidades creadas por la evolución
tecnológica en el núcleo de países industrializados
y en la capacidad para aprovecharlas, consciente o intuitivamente.
Así pues, es preciso recurrir a la abundante literatura
especializada acerca de la forma en que evolucionan y se difunden
las tecnologías
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El
ciclo de vida del producto y la expansión geográfica de las tecnologías
Uno
de los primeros intentos para abordar las oportunidades tecnológicas
de los países en desarrollo lo hizo Hirsch[3]
. Al examinar el comportamiento de la industria electrónica
tradicional en función del ciclo del producto, mostró
como las ventajas se desplazaban en favor de los países
menos adelantados cuando las tecnologías se aproximaban
a la fase de pleno desarrollo. Louis T. Wells [4]
resumió gráficamente el proceso, al examinar los
Estados Unidos, en su estudio de la literatura sobre el ciclo
del producto (figura 1).
Esta
migración desde el país de origen a otros países
avanzados, y desde éstos a los menos avanzados, puso de
manifiesto uno de los procesos en que se basa la sorprendente
conclusión de Leontief de que las exportaciones de
los Estados Unidos tenían un mayor contenido de mano
de obra que sus importaciones[5].
Esta situación paradójica del país que a
la sazón era el líder tecnológico guardaba,
pues, relación con las características cambiantes
de las tecnologías en evolución. Es probable que
las tecnologías tengan más densidad de mano de obra
en sus fases iniciales -utilizan en alto grado un personal relativamente
costoso que posee muchos conocimientos[6]
- que cuando se aproximan a la etapa
de madurez y comienzan a emplear procesos altamente mecanizados
y automatizados.
Cuando
las tecnologías maduran, hay fuerzas que las impulsan
más y más hacia la periferia donde, presumiblemente,
hay fuerzas complementarias que las absorben para poner
en marcha procesos de desarrollo. Aunque ello se aplica principalmente
a los bienes de consumo y a ciertos bienes básicos de capital,
abarca una gama lo bastante amplia para que sirva como punto de
partida para nuestro examen.

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Las
tecnologías establecidas no bastan para ponerse al nivel de los
demás en materia de desarrollo[7]
Irónicamente,
la ventaja se desplaza en favor de los países con escasos
recursos de capital cuando los productos pasen a tener más
densidad de capital. Para entonces, las tareas se han hecho tan
rutinarias -como se muestra en la fase cuatro de los gráficos
de la figura 2A [8]-
que los gerentes no tienen que poseer muchos conocimientos previos
ni ser muy experimentados, al tiempo que se puede utilizar mano
de obra no cualificada. Por otra parte, a medida que la tecnología
y los mercados se acercan a la fase de pleno desarrollo o madurez,
los costos comparativos pasan a ser una ventaja de carácter
determinante.
¿Puede
un proceso para ponerse al nivel de los demás en materia
de desarrollo basarse en tecnologías establecidas? Es sumamente
difícil y ello por varias razones. Como se indica en la
figura 2B, las tecnologías establecidas y en pleno
apogeo llegan a un punto en que tienen un potencial mínimo
para producir beneficios; se enfrentan a mercados en fase
de estancamiento y casi no les quedan posibilidades para lograr
un aumento de la productividad. Así pues, en general,
la entrada en la fase de pleno desarrollo es costosa, no muy rentable
y no muy prometedora. Con todo, se trata probablemente del
mejor punto de partida para crear una plataforma básica
de industrialización, generar una capacidad para el aprendizaje
y establecer la infraestructura principal y otros factores externos
requeridos para respaldar el desarrollo.
Sin
embargo, para ponerse al nivel de los demás es menester
un proceso dinámico de desarrollo, alimentado por la innovación
local y mercados cada vez mayores. Ello requiere una entrada lo
más temprana posible; es bastante sorprendente el hecho
de que, aparte de la fase de pleno desarrollo de las tecnologías,
el otro momento en que los protagonistas débiles se enfrentan
a obstáculos insuperables no es en las fases segunda o
tercera, sino en la primera. Ésta resulta ser el punto
de acceso más prometedor, ya que, como se indica en la
figura 2B, los beneficios posibles son grandes, existen amplias
posibilidades para el crecimiento de los mercados y la productividad,
y los costos de inversión son relativamente bajos. Incluso
la inversión en actividades de investigación y desarrollo
puede con frecuencia ser menor que la del innovador original.
Sin
embargo, cabría pensar que solamente las empresas de países
avanzados poseerían el alto grado de conocimientos requeridos
en esta fase, como se indica en la figura 2A. Con todo,
cuando los nuevos productos corresponden a las fases iniciales
de una revolución tecnológica, se dispone de los
conocimientos involucrados porque habitualmente son de dominio
público (en las universidades o en otros lugares).
El ejemplo reciente de Silicon Valley, y de los millares de imitadores
a nivel local y en todo el mundo que han logrado resultados satisfactorios,
sirve para ilustrar el fenómeno. En esos casos, la experiencia
previa requerida también es reducida, y el poseerla podría
incluso ser un obstáculo, porque, como se examinará
más adelante, las revoluciones tecnológicas traen
consigo nuevos modelos de gestión, que hacen obsoletos
los modelos antiguos.
El
otro factor restrictivo está relacionado con el contexto.
Las ventajas dinámicas y los factores externos de diverso
tipo, especialmente las infraestructuras físicas, social
y tecnológica, así como unos clientes locales competentes
y exigentes, son complementos importantes para el éxito
de las nuevas tecnologías. Estos elementos pueden fomentarse
accediendo a tecnologías experimentadas, realizando intensos
procesos de aprendizaje e invirtiendo en el mejoramiento del entorno
social y económico.
¿Podría
diseñarse una estrategia para adquirir una capacidad tecnológica
y social a partir de tecnologías experimentadas y utilizar
después esta base para acceder a tecnologías nuevas
y dinámicas? Esas posibilidades dependen en alto grado
de las oportunidades peculiares que creen las revoluciones tecnológicas
sucesivas.
Una
comprensión completa de la evolución de las tecnologías
en los países avanzados puede redundar en beneficio de
los países en desarrollo que deseen diseñar estrategias
viables. En la sección siguiente se presenta un panorama
general de las pautas distintivas de esa evolución.


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