La mejor guía para orientar los cambios en el contexto, la mejor fuente de criterios para la reforma institucional, es el mismo paradigma que está transformando la empresa. Esa afirmación probablemente resulta extraña e incómoda, a algunos puede escandalizarlos, sin embargo, así ha sido históricamente.
             

  

Cada paradigma como óptimo universal de eficiencia en su época

Lo que un paradigma brinda es un conjunto coherente de principios que constituyen la forma más avanzada, eficaz y eficiente de organización e interrelación que posee la sociedad en un período dado. Desde el punto de vista de las múltiples organizaciones que lo aplican, los objetivos que se persiguen pueden ser -y tienen que seguir siendo- profundamente distintos, aunque los métodos, las estructuras y las formas organizativas parezcan idénticos.


[N&O-100B-S] / Pirámide

Colocado frente a este organigrama, ¿Quién puede distinguir de qué organización se trata? ¿Será una gran empresa industrial o un hospital? ¿El gobierno francés o la vieja Unión Soviética? ¿Una compañia eléctrica o una universidad? ¿Un ministerio, el gobierno central o una gobernación? ¿Un banco o un museo? ¿Una compañia pesquera o una rama del ejército? ¿Un gran partido político o un sindicato nacional? No es posible saberlo.

Esta era simplemente la pirámide jerárquica compartimentada por funciones que representaba, hasta hace muy poco, la mejor manera de estructurar a un grupo humano para realizar de manera eficaz una tarea compleja.Esa forma de organizarse para lograr eficiencias de escala, en base a una jerarquía técnico-gerencial profesionalizada, se fue desarrollando desde comienzos de siglo, combinando los principios de la optimización burocrática (palabra que, en sus inicios, significaba lo contrario que ahora) con las prácticas operativas de Taylor y Ford y las ideas corporativas de Sloan y DuPont.

Esa forma se convirtió en la organización "moderna" del período moldeado por el potencial de la producción en masa. En su tiempo demostró ser claramente mejor a la existente entonces, y por ello se difundió por el mundo entero, antes, durante y después de la II Guerra Mundial. Ese modelo está siendo declarado obsoleto en la práctica por uno superiorísimo en efectividad, eficacia, productividad y adaptabilidad: La organización en red, apoyada en el potencial de la intercomunicación digitalizada. Esa forma organizativa es capaz de manejar tareas mucho más complejas y estructuras mucho más vastas, al mismo tiempo que conserva una enorme flexibilidad en cada nodo y gran capacidad adaptativa en cada punto de contacto con el medio exterior.

A medida que se vaya constatando en la práctica la impotencia de la vieja organización para responder a las nuevas exigencias y se multipliquen los ejemplos de mayor efectividad de las redes flexibles, se acelerará la propagación del cambio. Una tras otra, las organizaciones privadas o públicas, con o sin fines de lucro, irán aprovechando los nuevos principios de óptima práctica para lograr los objetivos que les son propios. Y eso incluye, como hemos indicado, al amplio marco socio-institucional a nivel nacional e internacional. En realidad, la construcción de un contexto adecuado para desencadenar el pleno despliegue del potencial de un paradigma supone un sinnúmero de innovaciones interrelacionadas hasta crear un tejido propicio y coherente.
             

  

Coherencia de las innovaciones socio-institucionales necesarias

Para tener una idea de la envergadura de la transformación y de los muchos terrenos donde ésta tiene lugar, he aquí, en la Figura 2.2, una lista incompleta de las innovaciones sociales e institucionales que facilitaron el auge de la post-guerra, tanto en plano nacional como en el internacional.

Dado que el paradigma entonces emergente era el de la producción en masa, el fin común, explícito o implícito, consciente o insconsciente, de muchas de las innovaciones era favorecer la formación de un mercado amplio, creciente y estable para un patrón de consumo masivo y homogenizador. Algunas de estas innovaciones ya tenían una larga historia en uno u otro lugar. Lo significativo no es su absoluta novedad sino su adopción generalizada, en un país tras otro y en el terreno internacional El otro aspecto a notar es que, aunque todas nos resultan ahora muy obvias -y algunas hasta anticuadas- la mayoría fue revolucionaria en su momento y sus proponentes recibidos con incredulidad e incluso con fuerte rechazo.


[LWT-7-S] / Innovaciones socio-institucionales

Hoy, para desencadenar un nuevo ascenso económico mundial, se requerirá un conjunto de innovaciones de magnitud equivalente aunque de características distintas. El proceso de cambios ha comenzado ya, nacional, local e internacionalmente, con diferentes visiones y orientaciones. Algunas de las propuestas, como las del programa "Tecnología-Economía" de la OCDE reconocen de manera explícita su conexión con la naturaleza de la revolución tecnológica actual. Lo que esta manera de ver sugiere es que sólo serán eficaces aquellas innovaciones institucionales y modelos políticos que sean coherentes con el nuevo paradigma.Pero, ¿les estoy proponiendo acaso una forma de determinismo tecnológico? Sí y no, pues se trata de indicar, sí, el carácter del espectro de opciones, aunque no la existencia de un camino único. Una vez que la sociedad tiene a su alcance un nuevo potencial de generación de riqueza, con unas características específicas, las formas de moldear ese potencial y de manejarlo para el logro de unos objetivos dados, tendrían que ser cónsonas con el carácter de las tecnologías disponibles, aunque pudieran ser muy distintas entre sí.
       

  

Diferentes formas de acoplamiento para un amplio espectro de modelos viables

De hecho, al hacer la lista anterior de instituciones no les mencioné la "Guerra Fría," cuyo impacto fue enorme sobre la proporción de la riqueza social dedicada a la producción en masa de armamentos. Tampoco me referí a la existencia del sistema Soviético. En la práctica, como se indica en la Figura 2.C, las formas de acoplamiento de lo socio-institucional con el paradigma tecnológico anterior fueron varias y profundamente distintas. Podemos reconocer al menos cuatro modos de crecimiento diferentes, cuyo éxito en el aprovechamiento del modelo de producción masiva fue, en su época, indudable: la democracia keynesiana, el socialismo soviético, el nazi-fascismo y el estatismo desarrollista del Tercer Mundo, cada uno con infinitas variantes.


[LWT-142-S] / 4 formas de acoplamiento.

Ustedes se preguntarán: ¿Cómo podemos decir, entonces, que los principios del paradigma que se está difundiendo sirven de guía para la creatividad institucional? Despues de todo, si el espectro de lo viable es tan amplio que puede incluir tal diversidad de sistemas, el paradigma no parece ser de mayor utilidad.La cuestión es que, a un cierto nivel de abstracción, todos esos sistemas tienen importantes rasgos comunes, provenientes precisamente del hecho de compartir el mismo paradigma de producción en masa como lógica orientadora de la actividad generadora de riqueza en la esfera productiva. En la Figura 2.D, aparece una lista de algunos de esos rasgos.


[LWT-10S] / Similitudes

Todos los sistemas mencionados tenían alguna forma de Estado nacional y centralizador, con intervención económica directa o indirecta y un modelo redistributivo de justicia social. De hecho, la gran mayoría de las ideologías de la época tomaron el carácter "social" como bandera (socialismo, social-democracia, social cristianismo, incluso los nazis se autodenominaron "nacional-socialistas"). Todos se empeñaron en atenuar o erradicar las diferencias de nacionalidad, religión o idioma, entre personas y regiones, creando un espacio lo más "homogéneo" posible en el ámbito del Estado-Nación (hasta intentar el exterminio "en masa" de una raza entera). En cada uno se legitimaba, mediante elecciones de algún tipo, la representación piramidal de la población del territorio (al respecto, es interesante notar la altísima proporción de casos de mono-partidismo y bi-partidismo en el gobierno, incluso en el mundo democrático "Occidental"). En todos existían partidos y gremios de masas, con bases relativamente inactivas y procesos de decisión centralizados y verticales. Por último, cada uno, a su manera, ponía en manos de una dirección de carácter político las decisiones estratégicas y delegaba su ejecución en estructuras burocráticas, técnico-administrativas, con cierto grado de estabilidad y consideradas más o menos "neutrales."

Hasta hace poco, estas y muchas otras similitudes nos resultaban invisibles en contraste con las obvias difererencias. Tambien nos resultaba invisible el parecido entre estas estructuras y las de las grandes empresas. Sólo ahora que estamos aprendiendo otra lógica, otros principios organizativos, se nos hace fácil distinguir lo común y lo distinto. Eso es parte del cambio de paradigma.

Sin pretender abordar en este restringido espacio las razones profundas de ese isomorfismo organizativo, creo que sí vale la pena mencionar una de sus fuentes: la propagación, desde un ambiente hacia otro, a través de la gente.


[LWT-146-S] / Isomorfismo

Como se indica en la Figura 2.E, la interconexión entre diversos ambientes sociales y la participación de las mismas personas en múltiples organizaciones e instituciones hacen que los cambios que se dan en en el mundo de la producción tengan impacto afuera. La experiencia adquirida, con la aplicación de formas organizativas y patrones tecnológicos obviamente más eficaces que los anteriores, se difunde naturalmente y con fuerza creciente hacia otras instituciones de la sociedad. En unos casos esto ocurre por coherencia cognitiva y en otros por simple entusiasmo. He aquí un pequeño ejemplo del fenómeno:

Un trabajador de una de las empresas del Grupo SIVENSA en Venezuela fue entrevistado en televisión por haberse destacado como dirigente vecinal. Contaba él que, despues de haber aprendido en la empresa y aplicado los métodos de análisis de los procesos productivos para la mejora continua, la formulación y ejecución de proyectos de mejora, la organización de reuniones de calidad y de "brainstorming," se le ocurrió que enseñándoles todo eso a los vecinos podrían realizar un conjunto de mejoras en su zona. En efecto, lo hizo y pronto habían acondicionado dos canchas deportivas, habían reparado unos problemas en el acueducto y muchas otras cosas, incluyendo un proyecto de alquilarle un terreno baldío al municipio para sembrar hortalizas y mejorar la dieta de los vecinos. Ante tal torbellino de actividades, la entrevistadora le preguntó si su familia no se quejaba. Por el contrario, -le dijo- antes yo llegaba a mi casa y me sentaba y mi mujer y mis hijos tenían que hacer lo que yo decía. Ahora, nos reunimos alrededor de la mesa, oimos las opiniones de todos, tomamos decisiones conjuntas, vivimos contentos y -agregó- todos participan conmigo en las actividades vecinales.

Eso es un cambio de paradigma; eso es isomorfismo organizativo e institucional.
           

  

El rango de lo posible y la recomposición del espectro político

No obstante, el isomorfismo no es ni unidireccional, ni neutral. Por hermoso que nos parezca el ejemplo anterior, no podemos hacernos ilusiones. El mundo de hoy está lleno de retrocesos a condiciones cercanas al esclavismo y de estructuras clientelares y autoritarias de tipo mafia. Nada garantiza que el mundo de mañana esté basado en la parte más sana y humanista del potencial que brinda el nuevo paradigma. Sin embargo, lo que he venido argumentando sugiere que el espectro actual de opciones es al menos tan amplio como el de la transición pasada.


[LWT-150-S] / Opciones en la transición

Como se ilustra en la Figura 2.6, el nuevo paradigma deja atrás lo que fuera el espacio del paradigma anterior y define un espacio de acción diferente. Es sobre este nuevo espacio donde se juegan las confrontaciones y se establecen los consensos entre las diversas fuerzas sociales. Los modelos posibles, dentro de cada país y a nivel mundial, van desde los más excluyentes hasta los más incluyentes, con múltiples puntos intermedios.

Al mundo en su conjunto y a cada país le corresponde decidir en esta época si se construirán rejas y se montarán ejércitos privados para proteger a los ricos de la violencia de los pobres; si se lanzarán al olvido los ideales de justicia social o si, más bien, escogeremos el círculo virtuoso de la prosperidad conjunta, con estructuras estables y sustentables, en una sociedad solidaria.

Es por ese rango de opciones percibidas que, en cada transición, la sociedad tiende a dividirse entre los que se aferran al pasado y los que intuyen el futuro y abrazan sus oportunidades. Pero, naturalmente, en lo que se refiere a los objetivos y los valores, esta separación no sustituye la distinción tradicional entre quienes tienen una visión solidaria de la sociedad y los que tienen una visión individualista. La nueva separación, como se indica en la Figura 2.7, se superpone a la anterior y divide a cada grupo interiormente. De allí que estos son también períodos de quiebra de las ideologías existentes y florecimiento de otras nuevas, de fraccionamiento de los viejos partidos y grupos políticos, de redefiniciones de los que quedan y de aparición de nuevos líderes y nuevos grupos.


[LWT-100H-S] / Matriz 2x2

El debate entre los "estatistas" y los "libre-mercadistas" es profundamente estéril porque es una discusión sobre la acción frente al pasado. Aquellos lo añoran; estos lo quieren destruir y lo destruyen. Pero tambien es un debate entre el pasado y el futuro. Quienes se aferran al viejo modelo estatista en nombre del bienestar colectivo retrasan la construcción de las nuevas estructuras. Por una parte, en su defensa ciega del Estado, protegen sin querer a los burócratas y a los corruptos (los individualistas mirando hacia atrás). Por la otra, en su lucha contra los neo-liberales (individualistas modernos), terminan calificando todo lo nuevo de "malo y nocivo," botando al bebé con el agua del baño.

El diseño de un programa a la vez viable y solidario pasa por superar ese "impasse." Es necesario mover el terreno del debate y el de la imaginación hacia las visiones de futuro, hacia las nuevas soluciones y la selección entre las diversas alternativas modernas. La sección siguiente es una contribución al logro de ese objetivo.

Antes de pasar a ella, sin embargo, vale la pena dirigirnos a los incrédulos. Es justicia reconocer que no es fácil ser optimista en estos tiempos. Quizás una forma de superar el fatalismo sea tratar de ubicarnos de nuevo en la transición anterior y preguntarnos cómo habrían sido -¡y cómo fueron!- recibidas, entonces, las ideas y las propuestas que pocos años después se llevaron a la práctica.

Es evidente que ni la euforia desigual y desordenada de los años veinte, ni la depresión de los treinta, ni la guerra de los cuarenta, prefiguraban los sistemas que presidieron el crecimiento sostenido y el desarrollo social continuado de las décadas de la post-guerra. ¿Cómo concebir una sociedad de pleno empleo en medio de la depresión y frente a tecnologías ahorradoras de mano de obra y destructoras de calificaciones? ¿Cómo imaginar sindicatos oficializados pacíficos, en un mundo de violentos enfrentamientos huelgarios? ¿Quién podía creer en el fin del mundo colonial, cuando se libraba una guerra para formar nuevos imperios? No era fácil. Sin embargo, allí estaban, desde entonces, todos los elementos del nuevo paradigma, todos los principios necesarios para guiar la innovación socio-institucional en esas direcciones. Es más, en esa misma época, se estaban ya experimentando, aquí y allá, muchas de las innovaciones que luego se generalizarían, aunque todavía no se habían configurado en modelos socio-políticos estables.

Es por eso que no hay que extrapolar. A pesar de la turbulencia actual, hay que aprender a distinguir entre las estructuras inestables de la transición y las sustentables que habrá que construir, si es que vamos a aprovechar plenamente, en bien de todos, el enorme potencial de generación de riqueza implícito en el nuevo paradigma.

Para ello hace falta disponerse a distinguir claramente los objetivos a perseguir de los modos específicos de hacerlo. El ejemplo más claro de esto es la necesidad de abandonar el "estatismo" como objetivo en sí mismo y empezar a preguntarse sobre las formas más adecuadas de hacer realidad, hoy y mañana, lo que ayer se quiso que el Estado lograra. La sociedad de bienestar para todos, de ser posible en el mundo actual, será porque haya fuerzas sociales capaces de inventarla y ponerla en práctica.