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El
mundo ha pasado por aquí antes. Aunque el debate entre
los economistas sobre la existencia o no de las ondas largas no
se resuelva, la memoria histórica conserva muy clara la
noción de los "tiempos buenos" y los "tiempos
duros." En los países desarrollados, quien tenga edad
suficiente para recordarlo reconocerá fácilmente
el fuerte contraste entre la inseguridad y la dureza social de
los años 80 y 90 y el período de crecimiento y pleno
empleo de la postguerra, en los años 50 y 60. Lo mismo
puede decirse del contraste entre la prosperidad de la época
Victoriana en la segunda mitad del siglo XiX y lo que se calificó
de gran depresión en el último cuarto de ese siglo,
o entre " la Belle Epoque" a comienzos de éste
y la que fue ciertamente "la gran depresión"
de los años 30, después de la quiebra de Wall Street
en 1929.
Cada
uno de esos períodos "duros" constituyó
la época de surgimiento y despliegue inicial de un nuevo
paradigma tecno-económico. La máquina de vapor y
los ferrocarriles en los años de 1830 y 1840; las nuevas
tecnologías del acero, la electricidad y la química
moderna hacia fines del siglo XIX; la producción en masa
y los materiales sintéticos entre la primera guerra mundial
y la segunda. Esas fueron, como dijera Schumpeter, las grandes
olas de "destrucción creadora" que atravesaron
la economía destruyendo o renovando lo viejo y creando
lo nuevo. Las "épocas doradas" posteriores, son
los tiempos cuando la economía de los países líderes
ha logrado engranar con el nuevo paradigma a todo lo ancho del
espectro productivo y cuando más y más países
se unen a la tendencia floreciente[3].
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