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Para
que una revolución tecnológica se difunda de una
rama a otra ya a escala mundial, se requiere algo más que
la constatación de un nuevo potencial técnico. La
difusión coherente exige un vehículo sencillo de
propagación, accesible a millones de agentes individuales
de decisión. He sugerido que el elemento organizador del
mecanismo selectivo y estructurador de cada paradigma seria un
insumo - o conjunto de insumos - capaz de ejercer una influencia
determinante en el comportamiento de la estructura de costos relativos.
Este seria el vector de incorporación del nuevo paradigma
al sentido común de ingenieros y gerentes.
Dicho
insumo, que denominaremos "factor clave", llega a jugar un papel
orientador de esa naturaleza, cuando cumple las siguientes condiciones:
a) Su
costo relativo debe ser bajo de manera obvia y con tendencias
decrecientes claramente previsibles
b) Su
oferta, a pesar de una demanda creciente, debe aparecer como
ilimitada,
c) Su
potencial universalidad de usos, para propósitos productivos,
debe ser masiva y evidente, y
d) Debe
encontrarse a la raíz de un sistema de innovaciones técnicas
y organizativas, claramente reconocidas como capaces de cambiar
el perfil y reducir los costos del equipamiento, de la mano
de obra y de los productos.
Esta
conjunción de características esta dada hoy para
la microelectrónica. Por esa razón, orienta cada
vez más el sentido común ingenieril y gerencial
hacia su uso intensivo, modelando gradualmente la nueva frontera
de practica productiva optima, tanto para las industrias existentes
como para las ramas nuevas. Hasta hace poco, la conjunción
estaba dada para el petróleo barato, el cual, junto con
los insumos petroquímicos y otros materiales energo-intensivos,
sustento el paradigma de producción en masa, desplegado
plenamente a partir de la segunda post-guerra y hoy agotado. En
la onda larga anterior, desencadenada a fines del siglo pasado,
el rol de factor clave correspondió al acero barato, el
cual impulso el crecimiento de las industrias de ingeniería
pesada, mecánica, eléctrica y química. El
llamado "boom Victoriano" de mediados del siglo diecinueve (la
"época del ferrocarril") habría contado a su vez
con la disponibilidad de carbón barato y de transporte
barato en base a la maquina de vapor.
Por
supuesto que ninguno de estos insumos era "nuevo" desde el punto
de vista técnico. Cada uno de ellos tenia una historia
previa de desarrollo bajo el paradigma anterior e incluso mucho
más tiempo atrás. El acero se difundió como
una variante técnica del hierro para usos específicos,
hasta que los procesos Bessemer y Siemens Martin redujeron su
costo a un décimo, abriendo el camino para su conversión
en el material básico para las grandes obras civiles y
los equipos de generación eléctrica. El petróleo
había sido utilizado para propósitos limitados hasta
que el motor de combustión interna lo transformo en la
principal fuente de energía para todo tipo de equipos de
transporte. Y este uso, junto con la generación de electricidad
a partir de derivados de petróleo, se hizo barato cuando
los avances tecnológicos en refinación se conjugaron
con la extracción de petróleo de bajo costo, especialmente
de los yacimientos del Medio Oriente. La electrónica comenzó
con válvulas, luego se dio un gran salto en confiabilidad
y en costos con los transistores. Pero, por largo tiempo, la electrónica
se desarrollo bajo la lógica del paradigma de producción
masiva energo-intensiva, contribuyendo a ampliar la gama de innovaciones
sucesivas en bienes durables de consumo, armamento masivo y a
colaborar en el desarrollo de los instrumentos de control de procesos
en la industria química. Su aplicabilidad universal solo
se hizo visible cuando sus funciones iniciales de control convergieron
de manera sinergética con el procesamiento de datos. Y
esta ubicuidad potencial se transforma en lógica técnico-económica,
cuando la integración en gran escala permite producir microprocesadores
y otros "chips" microelectrónicos cada vez más potentes
y cada vez más baratos. Hacia el futuro podría especularse
que la biotecnología podría quizás seguir
un camino similar, llegando a alguna forma de salto tecnológico
generador de una drástica reducción en costos, luego
de crecer y desarrollarse por un tiempo como un sistema tecnológico
cada vez más importante, bajo la lógica del paradigma
liderizado y moldeado por la microelectrónica.
Lo
verdaderamente nuevo, entonces, no es el mero hecho técnico.
La ruptura se produce cuando se entrelazan lo técnico y
lo económico a través de una dramática reducción
del costo relativo del insumo o conjunto de insumos clave, como
consecuencia de una serie de eventos, algunos fortuitos otros
motivados, incluyendo una constelación de innovaciones
técnicas y organizativas radicales. Y estos saltos tecnológicos
tienen mayor probabilidad de ocurrir - o de ser plenamente reconocidos,
explotados y ampliamente aplicados- cuando el conjunto de tecnologías
basadas en el uso del factor clave de turno ha agotado su potencial
para contribuir al aumento de la productividad.
Es
importante notar que las manifestaciones de agotamiento de un
paradigma son múltiples. Cualquier conjunto de tendencias
llevadas hasta sus ultimas consecuencias tiende al absurdo. La
rebelión de los "hippies" contra la masificación
y el consumismo, la creciente resistencia laboral frente a la
rigidez y monotonía de la línea de ensamblaje, el
movimiento ecológico contra la contaminación, el
desperdicio y el agotamiento de los recursos naturales, son la
contraparte social de lo que en el terreno técnico-económico
son los problemas confrontados por ingenieros y gerentes para
seguir aumentando la productividad, las ganancias, los mercados
o la cadena de productos en los sistemas tecnológicos bien
transitados. En este contexto, es posible interpretar el controversial
informe sobre "Los Limites al Crecimiento" como la extrapolación
de un paradigma más allá de su vida útil.
En
efecto, lo que sustenta la inevitabilidad de la difusión
de un nuevo paradigma a lo largo y ancho del aparato productivo
es su capacidad para superar las limitaciones especificas enfrentadas
con el paradigma anterior, ofreciendo además un salto cuántico
en productividad potencial, brindando oportunidades inéditas
de inversión en nuevas áreas e inaugurando nuevas
trayectorias de evolución tecnológica. El reconocimiento
de ese nuevo potencial es lo que impulsa el cambio masivo en los
criterios aplicados por ingenieros y gerentes en sus decisiones
de innovación e inversión.
Mas
aun, el proceso tiende a auto-alimentarse y auto-reforzarse. A
medida que un paradigma tecno-económico se difunde, se
introduce un fuerte sesgo en la dirección de la innovación,
tanto en el terreno técnico como en el organizativo. De
esta manera, la oferta de insumos y bienes de equipo, al incorporar
cada vez más los nuevos principios, tiende a reducir el
espectro de técnicas disponibles para los usuarios, lo
cual propulsa aún más la generalización del
nuevo modelo, incluyendo las formas organizativas que lo acompañan.
A la larga, el perfil de la producción se orienta cada
vez más al uso intensivo del factor clave favoreciendo
el crecimiento de las ramas que mejor aprovechan las nuevas ventajas.
Gradualmente, para cada tipo de producto, se van estableciendo
señales cada vez más claras indicando la trayectoria
innovativa, la optima escala de producción, los precios
relativos e incluso las formas de competencia típicas en
cada mercado. Y este proceso continua hasta que los nuevos parámetros
y el nuevo modelo ideal de optima eficiencia productiva se transforman
en "sentido común" generalizado.
Esto
conlleva además cambios profundos en la importancia relativa
de las diversas ramas de la economía. Las ramas motrices
de la economía son distintas en cada auge económico,
con lo cual los polos de acumulación donde se concentran
los mayores capitales son precisamente, en cada caso, aquellos
donde se produce el factor clave y aquellos donde se logra el
mejor aprovechamiento de las ventajas que este brinda para lograr
un salto cuántico en la productividad. Igualmente, el despliegue
de cada paradigma tiende a requerir el crecimiento masivo de una
red especifica de infraestructura, la cual contribuye a unificar
el nuevo sistema, generando sus principales externalidades y facilitando
la construcción del tejido especifico de relaciones inter-ramas
de cada período. Alrededor de las ramas principales e impulsadas
por el crecimiento de la red de infraestructura (y del costo descendente
de acceso a ella), aparece un nuevo conjunto de ramas y actividades
inducidas. Estas ramas completan el tejido de interrelaciones
aguas arriba y aguas abajo. Su proliferación es característica
de los períodos de auge de onda larga.
Sugerimos,
entonces, que cada auge esta signado por la construcción
y generalización de un tejido diferente y motorizado por
el crecimiento de ramas distintas de las que prevalecieron en
el auge anterior. En eso precisamente consiste el cambio estructural.
Reconozco,
por supuesto, que estas clasificaciones e incluso la identificación
de un factor clave le hacen inevitablemente violencia a la inmensa
riqueza y la profunda complejidad de las transformaciones en cuestión.
El esfuerzo ha de interpretarse como un intento de encontrar formas
de focalizar el análisis del cambio estructural y categorías
útiles para su conceptualización.
Para
dar una visión impresionista de esta forma de abordar las
grandes líneas tecno-económicas de un paradigma
y su sustitución por otro, examinemos brevemente algunos
de los elementos de la transición actual, aunque más
adelante los discutiremos con mayor detalle.
Veamos
primero los principales rasgos del paradigma tecno-económico
hoy agotado, el cual, habiendo tomado forma básicamente
en los años veinte y treinta, habría sido el fundamento
del modo de crecimiento, establecido a partir de la Segunda Guerra
Mundial. El factor clave del paradigma fue el petróleo
barato, junto con los materiales energo-intensivos, especialmente
los plásticos. El modelo de eficiencia para la organización
del trabajo en planta era el proceso continuo o línea de
ensamblaje para la producción masiva de productos idénticos.
El tipo ideal de empresa era la "corporación", manejada
por una jerarquía administrativa y gerencial, de carácter
profesional y claramente separada de las actividades de producción;
su estructura incluía un departamento de investigación
y desarrollo y la competencia en el mercado toma forma oligopólica.
Las ramas motrices eran las empresas gigantes petroleras, petroquímicas,
del automóvil y otras productoras de bienes masivos energo-intensivos
para los mercados de consumo y militares. El crecimiento complementario
de estas ramas núcleo indujo la proliferación del
sector servicios (desde las estaciones de gasolina y los supermercados
hasta la industria publicitaria y el sector financiero diversificado)
al igual que de la industria de la construcción. El sistema
requería cantidades crecientes de mano de obra especializada,
tanto de planta como de oficina. Se beneficiaba de economías
de aglomeración y se basaba en y propulsaba el extensivo
crecimiento de una red de carreteras y de un sistema de distribución
del petróleo y sus productos (incluyendo electricidad),
para alimentar un sistema energo-intensivo de producción,
de transporte y de modo de vida de la población.
Hoy,
con la amplia disponibilidad de microelectrónica barata
(conjuntamente con el consiguiente bajo costo del manejo de información),
se esta conformando y difundiendo un nuevo paradigma tecno-económico.
Ya no parece de "sentido común" continuar por el camino
-ahora caro- del uso intensivo de energía y materiales.
La organización "ideal" de la producción que se
viene dibujando desde comienzos de los años setenta propicia
la fusión de la administración, la producción
y la comercialización en un solo sistema integrado (mediante
un proceso que denominaremos "sistemización"), para producir
de manera flexible un conjunto variado y cambiante de bienes o
servicios información-intensivos. Las ramas motrices del
crecimiento serán presumiblemente el sector electrónico
y de información, en particular componentes y bienes de
capital, impulsados por e impulsando una vasta red infraestructural
de telecomunicaciones. El perfil ocupacional tiende a reducir
los requerimientos de calificaciones medias y a aumentar los de
los extremos superior e inferior de la escala, al mismo tiempo
que demanda menos especialización estrecha y más
capacidades básicas multipropósito para manejo de
información. En todas las esferas parecen surgir tendencias
hacia el establecimiento de redes y sistemas, mientras la uniformidad
y la repetitividad tienden a sustituir la uniformidad y la repetitividad
como practicas optimas de "sentido común".
Estamos
diciendo entonces las nuevas tecnologías no tienen todas
igual importancia como portadoras de indicadores de futuro. La
tecnología que sirve como vectora del paradigma sirve de
marco organizador e imprime su sello sobre el rumbo de todas las
demás. En el caso que nos ocupa, las nuevas tecnologías
en materiales, energía y biotecnología tenderán
a ser subordinadas al sistema tecnológico definido por
la microelectrónica (12).
Por esta razón, sus perspectivas de desarrollo han de ser
analizadas en el contexto de su inserción en el nuevo paradigma.
Mas adelante, luego de haber caracterizado el modelo generado
por la microelectrónica, haremos una exploración
de esa naturaleza.
Antes
de entrar en el análisis de las tecnologías, sin
embargo, es importante discutir las consecuencias del cambio estructural
sobre el marco socio-institucional en el cual este se desenvuelve,
así como la influencia inversa. En fin de cuentas, el objeto
de la prospectiva tecnológica es la toma de decisiones
socio-institucionales. Analicemos la forma que asume esta interacción
en las épocas de transición.
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