La evolución de las tecnologías es un proceso complejo, ya que están interconectadas en el marco de sistemas inextricablemente unidos e interdependientes, tanto entre sí como con el entorno físico, social e institucional.

Gran parte del aprendizaje es gradual e incremental. Sin embargo, no hay ninguna progresión inevitable hacia un confín cada vez más distante y siempre más inalcanzable; hay importantes elementos de discontinuidad que pasan a ser aperturas por las que los recién llegados dar un salto adelante. Éstas adoptan la forma de revoluciones tecnológicas que dan lugar a importantes desplazamientos en la dirección de un cambio técnico; también proporcionan los medios para modernizar la mayoría de las actividades a costa de abandonar muchos de los conocimientos de gestión acumulados anteriormente y parte del equipo anterior con los conocimientos especializados conexos. Las nuevas tecnologías de carácter revolucionario ofrecen oportunidades totalmente nuevas para aprender y ponerse al nivel de los demás; y la interacción de los cambios continuos y discontinuos explica por qué y cómo las oportunidades para el desarrollo varían con el transcurso del tiempo.


             

  

Las trayectorias tecnológicas y la experiencia adquirida

Pese a sus distintas variaciones específicas, muchas tecnologías suelen seguir una sucesión similar de fases en el ritmo y la dirección del cambio y en el mejoramiento, desde la innovación inicial hasta el pleno desarrollo, que coincide aproximadamente con la evolución de sus mercados, desde la introducción hasta la saturación [9] . La figura 3A representa la trayectoria típica de una tecnología.

Después de que una innovación radical da lugar a la aparición de un nuevo producto capaz de crear una nueva industria, hay un período inicial en que se registran más innovaciones y una optimización, que trae consigo la aceptación del producto en el segmento correspondiente del mercado. La interacción con el mercado pronto determina la dirección de las mejoras, definiendo a menudo un diseño dominante[10] ; a partir de aquí, y a medida que crecen los mercados, se registran innovaciones incrementales sucesivas para mejorar la calidad del producto, la productividad del proceso y la situación de los productores en el mercado. Al final se llega al pleno desarrollo o madurez, cuando una inversión adicional en innovaciones produce rendimientos decrecientes. Según la importancia que tenga el producto, todo el proceso puede durar unos pocos años o varios decenios. En este último caso, las "mejoras" suelen comportar una sucesión de modelos.

Tras las primeras innovaciones, los que están desarrollando la tecnología adquieren ventajas, no sólo mediante patentes sino también, y tal vez lo que es más importante, gracias a la experiencia adquirida con el producto, el proceso y los mercados. Ello circunscribe los conocimientos generales y especializados pertinentes dentro del ámbito de las propias empresas y sus proveedores, haciéndolos cada vez menos accesibles a los nuevos participantes. Además, esa experiencia permite aumentar gradualmente la velocidad con que pueden adoptarse las innovaciones, por lo que las más recientes son incorporadas rápidamente, haciendo difícil para los seguidores rezagados ponerse al nivel de los demás. La figura 3B ilustra este fenómeno utilizando el caso del automóvil.
             

  

Los sistemas tecnológicos y la creación de capacidad social

Las distintas tecnologías no se desarrollan en forma aislada sino que, más bien, están interconectadas en sistemas, apoyándose mutuamente y aprovechando lo que han creado las que les precedieron dentro del sistema respectivo, en término de experiencia, proveedores, instrucción de los consumidores y factores externos[11] .

La evolución de los sistemas tecnológicos sigue una trayectoria esencialmente análoga a la de los productos individuales (figura 3A). La serie de nuevos productos representará las "mejoras incrementales" del sistema. En las dos primeras fases, hay muchos productos realmente importantes con un largo ciclo de vida; después su número e importancia tienden a disminuir, hasta que los últimos son pocos significativos y de breve duración (como en la figura 3B).

En la figura 4 se presenta un ejemplo estilizado del sistema de aparatos electrodomésticos, que comienza con los refrigeradores, las lavadoras y las aspiradoras, y aumenta después con una serie de nuevos productos y modelos sucesivos de los productos iniciales. Todos ellos suelen alcanzar su pleno desarrollo junto con la introducción de las últimas pequeñas innovaciones, como en el caso de los abrelatas y trinchantes eléctricos. En la figura también se indica la forma en que los sistemas se arraigan en determinados territorios a través de la creciente red de proveedores de piezas de recambio y el establecimiento gradual del marco regulador y otros elementos de facilitación institucional.

Esta creciente interacción de elementos "duros y blandos" es uno de los aspectos a que se refería Abramovitz[12] cuando criticaba el concepto de desarrollo como la simple acumulación de capital y trabajo y subrayaba la necesidad de adquirir capacidad social. También está ligada a la noción de "sistemas de innovación" nacionales o regionales creados por los agentes interactivos[13] .

La necesidad de formar estas complejas redes de actividades e instituciones que se apoyan mutuamente explica algunas de las limitaciones que comporta el desarrollo basado en la transferencia de tecnologías ya experimentadas. También refuerza el argumento que aducen los que recomiendan aprovechar las tradiciones, la capacidad local y los conocimientos ya existentes de cada territorio concreto[14] . Por último, demuestra el tipo de los esfuerzos que se requieren para respaldar la supervivencia de las empresas de vanguardia en los países en desarrollo.


      

  

Las revoluciones tecnológicas y la interconexión de los sistemas

Cada revolución tecnológica es un conjunto de sistemas de tecnología que gradualmente crean las condiciones necesarias para la aparición de nuevos sistemas, todos los cuales siguen principios similares y cuentan con los mismos factores externos. En las figuras 5A y 5B se esbozan dos explosiones de esas nuevas tecnologías: la revolución de la producción en serie con sus sistemas sucesivos, que cristalizó alrededor de 1910 y llegó a su madurez en los años sesenta y setenta, y la revolución de la información, que se ha venido difundiendo desde los años setenta.

Este proceso de multiplicación hacia arriba y hacia abajo de innovaciones y sistemas tecnológicos representa el potencial masivo de crecimiento que comporta cada una de las revoluciones tecnológicas. Es como la apertura de un vasto nuevo territorio para la innovación, la expansión y el crecimiento. Las innovaciones iniciales señalan el "descubrimiento", mientras que la "ocupación" plena corresponde a la fase de pleno desarrollo y agotamiento.

Además, puede considerarse que las figuras 3A y 3B, que extienden el factor "tiempo", representan aproximadamente la trayectoria vital de una revolución tecnológica, en la cual las "mejoras" son los nuevos sistemas tecnológicos sucesivos. Muchos sistemas importantes aparecen en el período temprano de crecimiento, y un número menor de ellos, que también son menos significativos, surgen a medida que se llega a la fase de pleno desarrollo.

  

Paradigmas tecnoeconómicos y rejuvenecimiento de todas las actividades

Sin embargo, las actuales industrias plenamente desarrolladas no se estancan ni cohabitan pasivamente con las nuevas industrias. Cada revolución tecnológica aporta tecnologías genéricamente ubicuas y nuevas prácticas organizativas que dan lugar a un aumento significativo del potencial de productividad de la mayoría de las actividades existentes. Los principios en que se basa este proceso se incorporan gradualmente a un modelo ideal de las mejores prácticas, al cual hemos propuesto que se denomine "estilo tecnológico" o "paradigma tecnoeconómico"[15] . El resultado de ello es un rejuvenecimiento gradual de toda la estructura productiva de modo que las industrias modernizadas maduras puedan volver a comportarse como industrias "nuevas".

Es éste uno de los motivos de que los que abrigaban esperanzas en el diálogo "Norte-Sur" de los últimos años setenta para transferir "viejas" industrias al mundo en desarrollo se sintieran decepcionados. Desde los años ochenta se ha modernizado una industria tras otra; incluso se ha mejorado, fragmentado y colocado en una vía innovadora a la industria tan tradicional de la confección[16] .
       

  

El cambio de paradigma como cambio en el "sentido común" gerencial

En el paradigma tecnoeconómico se articula el modelo técnico y organizacional para aprovechar al máximo el potencial de la revolución tecnológica. Ese paradigma proporciona un nuevo conjunto de principios de "sentido común" que sirven para orientar los procesos de adopción de decisiones de empresarios, innovadores, gerentes, administradores, ingenieros e

inversores hacia criterios de la eficiencia y eficacia máximas en las actividades nuevas y antiguas. A los que han obtenido resultados satisfactorios con el anterior paradigma, la adopción de uno nuevo puede resultarles devastadora. Además de exigir el abandono de una experiencia adquirida con gran esfuerzo, parece como si el mundo se hubiera vuelto al revés[17] . La figura 6 ilustra la forma en que el paso desde el paradigma de la producción en serie al modelo de redes flexibles transforma los criterios de gestión en todos los campos, desde la selección y diseño del producto, pasando por las estructuras organizacionales, hasta los modos de funcionamiento y las relaciones con el personal.

Fenómenos como el de la mundialización y la tendencia hacia la descentralización política también guardan una estrecha relación con el cambio de paradigma, con las nuevas posibilidades que ofrece y con la manera más eficaz de aprovecharlas. Así pues, puede considerarse que la descripción schumpeteriana de las revoluciones tecnológicas como procesos de "destrucción creativa" se aplica, además de a la economía, a la política y las instituciones.

El proceso de cambio no es fácil; la transición a las nuevas prácticas puede requerir dos o tres decenios. No obstante, a la larga, el nuevo paradigma pasa a ser el sentido común, hasta el extremo de llegar a considerarlo natural y normal.

Los recién llegados, es decir, los que no han tenido mucho éxito con el paradigma anterior, pueden reorientar sus esfuerzos hacia el aprendizaje de las nuevas prácticas, al tiempo que los líderes establecidos "desaprenden" gran parte del viejo paradigma y adoptan el nuevo. Una proporción sustancial de la experiencia y una cantidad considerable de las inversiones pasan a ser obsoletas y tienen que reemplazarse. Es éste un proceso largo y difícil, y los recién llegados pueden tener algunas ventajas, que pueden ser reforzadas mediante inversiones inmediatas en infraestructuras y la creación de instituciones adecuadas para facilitar el proceso.

 
NOTAS:
[9] Abernathy y Utterback, 1975; Dosi, 1982; Sahal, 1985. Para los libros de texto sobre la gestión, véanse Cundiff (1973) y Kotler (1980). Para una sinopsis amplia, véanse Coombs et al. (1987) y Dosi (1988). Para una interpretación completa de las relaciones entre la tecnología, la economía y las políticas, véase la obra clásica de Freeman (1974) acerca de la economía de la innovación, o la versión actualizada de Freeman y Soete (1997)  (Volver al texto)
[10] Arthur, (1988); David, (1985)  (Volver al texto)
[11] Freeman, Clark y Soete, (1982) (Volver al texto)
[12] Abramovitz (1986) (Volver al texto)
[13] Freeman, (1987); Lundwall, (1988, 1992) (Volver al texto)
[14] Porter, (1990).  (Volver al texto)
[15] Pérez, (1983) (1985). La finalidad de la expresión es servir como concepto general ligado a la noción de "paradigmas tecnológicos" propuesta por Dosi (1982) para referirse a las trayectorias de las distintas tecnologías (Volver al texto)
[16]  Hoffman y Rush, (1998); Mytelka, (1991) (Volver al texto)
[17] Peters, (1989); Coriat, (1991) (Volver al texto)