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Lo
que voy a pedirles ahora es que me acompañen en una exploración.
No tengo respuestas que ofrecerles sino rutas de búsqueda.
En el tiempo que nos queda, vamos a examinar la lógica
interna del paradigma actual para identificar los principios esenciales
que lo distinguen, en contraste con los que definieron el paradigma
anterior. Esta no es tarea fácil, ni empeño breve;
no hay más remedio que recurrir a grandes simplificaciones.
Los invito pues a aceptar lo que sigue como el inicio de un proceso
de reflexión colectiva para comprender el significado de
la transición presente y para orientar nuestras experimentaciones
y propuestas individuales y colectivas.

[N&O-171-S] / 4 Ejes del cambio
Como
se indica en la Figura 3.A, vamos a analizar la transición
paradigmática actual, del mundo de la produccion en masa
al de la producción flexible, alrededor de cuatro grandes
ejes de transformación: De la homogeneidad a la heterogeneidad;
de la compartimentación a la integración; de la
centralización a la descentralización y de la confrontación
al consenso.
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Distinguir
lo nuevo bajo el envoltorio de lo viejo
Antes
de entrar a esbozar brevemente los rumbos de la transformación
sugeridos por cada uno de estos ejes, es importante señalar
que en los períodos de cambio de paradigma lo nuevo viene
tan envuelto en lo viejo, tan disfrazado de lo ya conocido, que
no es tan fácil distinguirlo. La Figura 3.2 ilustra este
fenómeno en el campo de la tecnología. Al primer
golpe de vista, la gráfica parece representar un coche
de caballos. Se trata, sin embargo, de un automóvil de
fines del siglo pasado: hasta el volante estaba en el mismo lugar
donde habrían estado las riendas y los motores se medían,
en un sentido casi literal, por "caballos de fuerza."
Había pues, a pesar del salto tecnológico de fondo,
pocas diferencias de apariencia (y de forma de producción)
entre este vehículo de 1898 y los de tracción de
sangre de su misma época. Mucho mayores, desde todo punto
de vista, son las diferencias entre éste y el Modelo-T
de Ford, producido en línea de ensamblaje desde 1908. En
cambio, cualquiera que haya conocido el Modelo-T, reconocería
a primera vista un Toyota Camry, fabricado casi un siglo más
tarde, como simplemente otro automóvil.

[Ej&d-His-10A-S] / Automóvil – carruaje
Con
esto quiero alertar de nuevo en contra de tomar todo el presente
como prefiguración de las tendencias futuras. Para distinguir
lo nuevo hay que investigar muy de cerca la fuente, es decir,
las características de las nuevas tecnologías y
de las formas organizativas que las acompañan. Es allí
donde uno ubica las tendencias impulsoras para luego percibir
lo isomórfico en las formas sociales, políticas
o ideológicas que van surgiendo.
Partiendo
de esa concepción, en el análisis de cada eje de
transformación miraremos primero los rasgos del sistema
anterior de producción en masa, realizando a continuación
la conexión "impresionista" entre éstos
rasgos y los de la esfera política, social e institucional,
durante su época de auge (de fines de los cuarenta hasta
mediados de los setenta). Luego, haremos lo mismo con el nuevo
paradigma. Describiremos el cambio tecnológico y organizativo
en sus principales manifestaciones y luego intentaremos una traducción
a lo social, político e ideológico. Esta última
resultará, obviamente, la más riesgosa, siendo,
en parte, producto de la observación selectiva del presente
y, en parte, extrapolaciones de la imaginación, ambas basadas
en un esfuerzo sistemático de comprensión de la
lógica del nuevo paradigma.
Finalmente,
para cada eje, luego de esbozar las tendencias moldeadoras de
los modelos viables hacia el futuro, discutiremos brevemente lo
que vemos como el espectro de opciones de manifestación,
desde las formas más excluyentes hasta las más incluyentes
y solidarias.
Como
este no es un ejercicio académico sino una reflexión
para contribuir a la acción social y política, voy
a asumir abiertamente una posición a favor de la construcción
de una sociedad solidaria. De todos modos, la asepsia académica
es a menudo apenas una frágil capa cubriendo una opción
tomada.
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De
la homogeneidad a la diversificación
Como
se resume en la Figura 3.C, la tendencia a la homogeneización
no sólo de los productos sino de patrones de consumo completos
era la dinámica fundamental de la producción en
masa. Mientras más idénticos fueran los productos
y más masiva su fabricación, más barato era
cada uno y más masivo se podía hacer su consumo.
Cuando MaoTse Tung vistió a todos los chinos (y chinas)
con el mismo traje azul, estaba adoptando los principios inaugurados
por Ford al decir que se podía tener un automovil de cualquier
color ¡con tal de que fuera negro! Con este modelo estandarizador
se fueron gradualmente destruyendo las formas artesanales de producción
y se establecieron los patrones de preferencia por los productos
industriales y sintéticos junto con el rechazo de lo hecho
con materiales naturales, "a mano" o "a la medida,"
cuyo rescate fue parte importante de la rebelión de los
hippies.
Esa
lógica del potencial de generación de riqueza de
la época se tradujo socialmente en el llamado "consumismo."
El ideal subyacente era la propagación de un mismo modelo
de consumo para todos, la formación de una "clase media"
masiva o, más realistamente, de tres patrones interrelacionados:
de lujo, medio y "popular," donde el primero establecía
el estándar a imitarse por el segundo y a universalizarse
al propagarse hasta el último. Para lograr una tal identidad
en los deseos, fue también importante lograr el melting
pot. Borrar las diferencias culturales, de idiomas y de formas
de consumo en cada mercado nacional era la forma más eficaz
de que un mismo modelo se fuera convirtiendo en el rasero general
de la "calidad" de vida.
Uno
de los grandes modos de incorporación de la población
al patrón establecido de trabajo y de consumo fue el acceso
a una educación básica común y universal,
con la promesa frecuentemente cumplida de ascenso en la pirámide
social. El otro instrumento de igualación fue el masivo
desarrollo de la publicidad y los medios de comunicación.
Estas
fuerzas homogeneizadoras de los modos de vida se tradujeron ideológicamente
en diversas formas de "igualitarismo." En unas, como
en las democracias occidentales, se motivaban con una escalera
de logro, donde la prueba de pertenencia era el acceso al típico
patrón de vida y la medida de la satisfacción y
el éxito era la posesión de una mayor cantidad del
mismo tipo de bienes materiales. En otras, como en los grandes
países socialistas, el ideal teórico era llegar
a un nivel básico de vida igual para todos y, eventualmente,
lograr que aumentara para el conjunto.
Vale
reconocer aquí, que por mucho que se pueda criticar el
consumismo, durante las tres décadas siguientes a la Segunda
Guerra Mundial, el paradigma de producción en masa llevó
a los aumentos de nivel de vida más significativos y masivos
de los últimos dos siglos.

[N&O-172AB-S] / Homogeneidad- Heterogeneidad
El
nuevo potencial de generación de riqueza prospera, en cambio,
para bien o para mal, en la diversidad y el cambio constante.
La nueva lógica de óptima práctica es la
adaptabilidad de productos y servicios. La vieja máxima
de "el cliente es rey," encuentra por fin su espacio
de posibilidad, cuando los sistemas productivos, dotados de inteligencia
electrónica y guiados por la creatividad humana plenamente
desplegada, pueden alcanzar un ideal artesanal en un mundo de
alta tecnología. La adaptabilidad y la mejora continua
son los rasgos más característicos del nuevo paradigma.
Pero,
no hay que confundirse: La nueva noción de diversidad es
muy compleja. No se trata de la simple variedad. Se trata de una
forma de conservar las ventajas de la homogeneidad en gran escala,
superando sus limitaciones a través de una gran adaptabilidad.
El mismo computador, producido en billones de unidades según
estándares globales de compatibilidad, le sirve a un ingeniero
para sus cálculos, a un novelista para escribir, a una
empresa para llevar la administración, a un niño
para jugar y a una tejedora para controlar la máquina de
tejer según sus diseños. La secuencia que va de
un hardware universal, a través de un software general,
hasta un uso específico definido por el usuario sirve de
metáfora para la estructura típica de la "diversidad"
en este paradigma.
Otro
ejemplo es la TV por satélite. El sistema es el mismo para
todos, pero, a diferencia de la vieja programación televisiva,
ofrece centenares de canales con las especializaciones más
variadas: cine de terror o deportes, documentales educativos o
música pop, noticias o comiquitas. Cuán amplio sea
el espectro de opciones a la larga -y si incluirá o no
la satisfacción de preferencias verdaderamente distintas-
va a depender del marco institucional que lo moldee.
Por
otra parte, esta segmentación de la producción y
los mercados, genera canales de distribución de pequeñas
cantidades, capaces de facilitar la existencia de un sinnúmero
de nichos para productos raros y locales y, junto con la creciente
importancia de los servicios, para modos de consumo muy diversos.
En el patrón de producción y consumo facilitado
por el nuevo paradigma conviven y se entrecruzan la artesanía
y la alta tecnología, lo natural, lo sintético y
lo biotecnológico.
En
cuanto respecta al desarrollo económico, la apertura y
la globalización son la forma de abrir el planeta entero
como mercado gigantesco, aunque infinitamente fraccionado en nichos.
Aún está por definirse si se formarán grandes
bloques continentales o no. Lo que sí parece intrínseco
al nuevo potencial es lo que Marc Humbert, un investigador francés,
ha definido como "Glocalización," es decir, que
la participación exitosa de cada empresa, región
o país en los mercados globales se sustenta en su especificidad
local y en las ventajas, naturales o adquiridas, que le dan un
carácter propio y moldean su especialización.
Una
posible traslación de esta nueva dinámica al terreno
social es la conformación de múltiples estilos de
vida y de trabajo en un mismo ambiente global. No es un azar el
que estemos presenciando el resurgir de las pequeñas nacionalidades
y de las religiones. El rescate de la identidad cultural se ha
venido reinsertando en el corazón de las propuestas políticas,
a medida que las viejas promesas del desarrollo "igualitario"
van perdiendo credibilidad. También es cónsono con
el nuevo paradigma el florecimiento de la visión ecologista,
del naturismo y de otras ideas configuradoras de opciones de vida
distintas.
Un
importante terreno de impacto casi directo es el educativo. Para
vivir en un mundo de constante cambio, habrá que reemplazar
la educación de masas y las especializaciones estrechas
para toda la vida, por una formación inherentemente flexible
y de excelencia. Aquello de "aprender a aprender" pasa,
de ser una excelente estrategia pedagógica, a convertirse
en la mejor preparación para la vida. La movilidad social
y la capacidad para la auto-realización en el trabajo dependerán
de una sólida formación, signada por la creatividad
y la capacidad para la adaptación y el cambio, junto con
medios y modos de acceso a la re-educación y la re-especialización
a lo largo de la vida.En lo que respecta al terreno ideológico,
la realineación es compleja. El pensamiento individualista
se siente cómodo en un mundo que propicia la diferenciación
y la diversidad. Mucho más difícil es para la gente
de pensamiento solidario imaginar futuros deseables en ese contexto.
No es fácil renunciar al sueño del igualitarismo
y todavía sólo tímidamente se empiezan a
adelantar y a adoptar ideas y propuestas basadas en la equidad
y en la noción de "satisfaccion equivalente."El
espectro de opciones para una sociedad que prospera en la heterogeneidad,
se ilustra en la parte inferior de la Figura 3.3. La diferenciación
puede, por supuesto, darse en forma vertical, aumentando la distancia
entre los ricos y los pobres, manteniendo las tendencias actuales.
La otra posibilidad es enrumbarse hacia una diversificación
"horizontal," favorecedora del florecimiento de múltiples
y distintos estilos de vida, donde, sin tener un sólo rasero
de medición del bienestar (como ocurría con el viejo
consumismo), todos los ciudadanos puedan disfrutar de un nivel
de satisfacción equivalente y de bienestar creciente. Eso
probablemente pasaría por el rescate y la dignificación
de las identidades culturales dentro de cada Estado-Nación
y en todo el planeta. Esto último sería la forma
de evitar que el resurgir de los nacionalismos y las religiones
condujera a la formación de ghettos y a violentos enfrentamientos
y guerras. En la alternativa más solidaria se daría,
no la mera tolerancia, sino la aceptación y celebración
de la diversidad y todos aprenderíamos a prosperar en ella.
Obviamente, el rango de lo posible contiene todas las combinaciones
y puntos intermedios.
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De
la compartimentación a la integración
El
segundo eje tiene que ver con la forma de incorporación
de las personas al trabajo. Los principios tayloristas de separación
nítida entre los que piensan y los que hacen, entre diseño
y elaboración, entre decisión y ejecución,
tuvieron su traducción organizativa en las estructuras
piramidales, con sus compartimientos estancos por nivel, por función
y por tarea. Cada gerente medio, empleado u obrero, cada ocupante
de una parcelita con actividades definidas en una burocracia,
poseía una visión parcial, sesgada e incomprensible,
del conjunto y de su participación en él. Sólo
la capa más alta de la jerarquía abarcaba el todo.
Esa
división mente-mano incorporaba sólo partes de cada
persona al logro de los objetivos de la organización. También
significó que para las grandes mayorías, la noción
de "calidad de vida" se refería sólo al tiempo fuera
del trabajo y así quedaba sobreentendido en las negociaciones
obrero-patronales centradas en la remuneración y el tiempo
libre (y, cuando mucho, en impedir que hubiera que atravesar la
frontera demarcada por el puesto de trabajo).
Esta
forma de articulación de las personas a la producción
fue copiada hasta por la más pequeña de las empresas
y por todas las estructuras cualesquiera fueran sus fines. Al
final, los individuos son vistos como "recursos humanos"
a ser incorporados a las maquinarias productivas, cada uno de
los ocupantes de parcelas gerenciales toma su puesto como "hombre
organización" y se asume que "trabajo" y
"empleo" son sinónimos. Al excluido se le llama
"desempleado" y el trabajar por cuenta propia es visto
como una opción minoritaria, casi de auto-marginación.
Este
modelo de estructuración del trabajo tuvo su manifestación
social en la separación entre dirigentes activos y dirigidos
pasivos, de la que hablamos anteriormente, y se expresó
políticamente en los partidos de masas y en la democracia
representativa que supone que los gobernantes electos encarnan
los intereses de los electores y deciden en representación
de ellos. También en esto se basó la separación
entre "dirigentes" políticos y "gerentes"
técnicos, según la cual los primeros eran los verdaderos
estrategas y los segundos los encargados de realizar sus planes.

[N&O-173AB-S]
Compartimentación - Integración
En
contraste, la tecnología de la información abre
el camino de la reintegración del trabajo mental y manual
y de las actividades de decisión y ejecución. En
cierto sentido se podría decir que esa es una de las formas
de definir la "Sociedad del Conocimiento." La empresa
competitiva basa su capacidad en la creatividad, el saber y la
experiencia de todo su personal. Como acostumbra decir John Bessant,
investigador inglés, la empresa terminó descubriendo
que "con cada par de manos, le venía un cerebro gratis."
El uso del término "capital humano" expresa ese cambio
de concepción, el cual se manifiesta concretamente en las
estructuras de remuneración y en las negociaciones sobre
formación, condiciones de trabajo, cambio tecnológico
y organizativo, horarios flexibles, desarrollo profesional y otros
elementos cualitativos que constituyen temas básicos en
las relaciones industriales modernas.
El
nuevo modelo gerencial se basa en equipos plurifuncionales, donde
cada integrante participa de manera plena en el análisis
y mejora de los procesos, incluidos aquellos aparentemente más
simples y manuales. En cada nivel y en cada ámbito, las
personas y los grupos tienen poder decisorio en su espacio de
acción y nutren sus decisiones de la permanente retroalimentación
de los resultados. Para que esa delegación de poder rinda
frutos efectivos y convergentes, la organización moderna
se empeña en que cada uno de sus miembros tenga una visión
del todo y se ubique a sí mismo y a su grupo en el contexto
general, conociendo el impacto de su trabajo sobre los resultados.
Esta
actitud emprendedora estimulada y enseñada dentro de las
grandes empresas se desborda hacia afuera y contribuye a la proliferación
de un nuevo tipo de trabajador por cuenta propia, desde el consultor
de más alto nivel hasta la más sencilla de las microempresas.
Una parte de los unos y las otras son contratados como proveedores
por aquellas mismas empresas, siguiendo prácticas de outsourcing
y flexibilización.
En
uno y otro caso se va legitimando y viabilizando la aspiración
de vivir el trabajo como auto-realización. Lo que fuera
privilegio de artistas, intelectuales y dirigentes puede convertirse
en una actitud generalizada. La noción de "capital
humano" lleva implícita la capacidad propia de generar
riqueza a través del conocimiento incorporado en la persona
y de la imaginación con que la utilice. La ampliación
del concepto de "calidad de vida" para abarcar el tiempo
de trabajo es cónsona con esa reintegración de la
persona.
La
traducción social de esta tendencia supone un fuerte impulso
hacia la auto-gestión en todos los planos y exige profundos
cambios en el sistema educativo, tanto en los contenidos como
en las prácticas pedagógicas. Fortalecer la autonomía
del estudiante, quien se acostumbra a gerenciar su propio aprendizaje
y a trabajar en equipo, requerirá otra relación
profesor-alumno.
En
el nivel político una de las expresiones de esta tendencia
es la proliferación de propuestas e iniciativas de democracia
participativa. Igualmente, se observa cada vez más la necesidad
de que los políticos sean técnicos y los técnicos
también politicos. Otro fenómeno es el surgimiento
de las llamadas ONG's (vale la pena observar la carga de estatismo
que llevó a denominar como "no-gubernamental"
a cualquier organización -distinta de un gobierno- que
se planteara metas de solidaridad social). En lo individual no
es de extrañar que esa necesidad de reintegración
de la persona haya hecho florecer un vasto campo de actividades,
publicaciones y negocios dirigido a desarrollar y difundir diversas
técnicas de "desarrollo personal".
Al
igual que en el caso de la diversificación, la tendencia
a la reintegración del ser humano para la vida y el trabajo
creativos también abre un amplio espectro de opciones.
La capacitación de la población para la creatividad
puede hacerse con segregación o incluyendo a todos. Es
posible establecer una sociedad dual, donde el 20% viva en un
mundo participativo, ejerciendo la auto-gestión, preocupándose
del desarrollo personal, habiendo sido formados para la excelencia
en instituciones de élite segregadas de la mayoría.
También es posible optar por incluir al 100% de la población
en el mundo de la auto-realización y del conocimiento.
Esto último es una meta de altísima exigencia que
además de su contenido de justicia social, exigirá
grandes dosis de imaginación y un amplio despliegue de
competencias. La escogencia, sin embargo, va más allá
de las cuestiones de solidaridad social, pues las posibilidades
de especialización productiva de cada país en un
mundo globalizado dependerán del perfil de su capital humano
y la sustentabilidad sin violencia, de la ausencia de tensiones
insoportables.
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De
la centralización a la descentralización
El
tercer eje de cambio es la transición de un mundo signado
por el centralismo a una creciente preferencia por las redes descentralizadas.
Como vimos anteriormente, la gran pirámide jerárquica
compartimentada, con canales verticales de comunicación
y "fronteras" cerradas, es el modelo de lo que fuera hasta hace
poco la "organización moderna," tanto en el mundo productivo,
como en las instituciones sociales y en las políticas.
Dentro
de la empresa, fuese del tamaño que fuese, las decisiones
y las instrucciones bajaban desde arriba y desde el centro, por
canales verticales en organizaciones piramidales de fronteras
cerradas. La información sobre el mundo exterior se recogía
desde el centro por unidades de planificación (o por el
empresario mismo en las compañías pequeñas)
y no por los compradores o vendedores que hacían contacto
directo. El logro de la optimización estratégica
por la vía del centro único coordinador y distribuidor
de metas y tareas era la noción aceptada y la que mejor
se adaptaba a la producción en masa con cambio dosificado
y programado.
Esta
estructura centralizada se trasladó a la escala nacional
bajo la forma del Estatismo, planificador y redistributivo. Bajo
los muchos y variadísimos modelos que aplicaron ese esquema,
se observa generalmente un fuerte predominio del nivel nacional,
como centro decisorio, coordinador, regulador, manejador de recursos
y de información. El centralismo se daba no sólo
en el gobierno global sino en sus ministerios y en los servicios
públicos, al igual que en los partidos políticos,
las asociaciones sindicales o gremiales, el sistema educativo
y de salud, los medios de comunicación, etc. La importancia
de lo "nacional" iba acompañada del control de
las fronteras como demarcadoras de lo interior y lo exterior,
en términos comerciales, migratorios y militares. Resultaba
también en un constante drenaje de la gente competente
de la provincia hacia el centro, donde se encontraban todas las
oportunidades.
Esta
estructura tuvo su época de gloria. De su efectividad en
el pasado no puede caber duda. De su rigidez e incapacidad para
adaptarse al aprovechamiento del nuevo potencial dan fe el deterioro
de las grandes "burocracias," públicas o privadas, y el
desplome de los países de economía controlada centralmente.

[N&O-174AB-S]
/Centralización - descentralización
El
nuevo paradigma propicia y facilita la descentralización.
Sin embargo, no se trata de una dispersión simple, sino
de la formación de redes flexibles integradas. De ninguna
manera estamos en el comienzo del fin de las grandes organizaciones.
En todo caso, lo que brinda este nuevo patrón tecnológico
es la posibilidad de manejar organizaciones globalizadas, mucho
mayores que las de antes, con gran eficiencia y eficacia. Las
estructuras en red aplican el modelo de "control distribuido"
de las redes de computación. Cuentan con una fuerte orientación
estratégica central que sirve de guía al ejercicio
de la alta autonomía delegada en cada unidad. Su gran flexibilidad
se refuerza con la fluidez multi-direccional de la información
y la intensa interacción hacia afuera en cada punto de
contacto con el mundo exterior. Las "fronteras" de las organizaciones
modernas son abiertas y cambiantes. Y cada unidad semi-autónoma,
se compenetra hasta tal punto con el territorio que cubre y el
mercado que atiende que, gradualmente, aún manteniendo
la fortaleza del conjunto, se va produciendo una diferenciación
por adaptación, tal como mencionamos al discutir la tendencia
a la heterogeneidad.
Tampoco
vamos a presenciar el fin de la pequeña y mediana empresa.
Por el contrario, dado que las grandes organizaciones se convierten
en una especie de federación de mini-empresas, ocurre que
las mini-empresas se unen en redes cooperativas, para aprovechar
también la fuerza de lo grande sin perder la agilidad de
lo pequeño. Por otra parte, las mismas empresas grandes
forman redes o cadenas de proveedores, en condiciones de cooperación
y beneficio mutuo nada habituales en el viejo modelo. Al mismo
tiempo, como los canales de distribución se acostumbran
a manejar todo tipo de volúmenes, se van haciendo cada
vez más factibles los "mini nichos" en los mercados
locales y globales.
La
tendencia a la descentralización, estructurada en redes,
se ha venido traduciendo al terreno político a través
del fortalecimiento de los gobiernos locales en paralelo con la
formación de estructuras supranacionales. Aunque parezca
paradójico, la descentralización integrada moderna
y la globalización son, en cierto sentido, el mismo fenómeno.
El lema de los ecologistas "pensar globalmente y actuar localmente"
bien puede ampliarse tanto al mundo de los negocios como al de
la política, bajo el nuevo paradigma.
De
hecho, el manejo de un mundo globalizado requerirá instancias
con autoridad a nivel mundial. Hay fenómenos como el flujo
intangible de la información y las finanzas o como el ambiente,
cuyo carácter planetario exige formas globales de regulación.
Algunos creemos que ciertos aspectos de la pobreza mundial tienen
las mismas características y exigencias.
Por
otra parte, las múltiples experiencias de éxito
en promoción del desarrollo a nivel local confirman cada
vez más que las cuestiones de la calidad de vida y de superación
de la pobreza pueden enfrentarse más eficazmente en cada
comunidad, aprovechando la especificidad de cada territorio para
generar riqueza. La descentralización del poder y la formación
de estructuras locales de cooperación público-privada
para el desarrollo productivo y del capital humano parecen representar
un camino cónsono con el nuevo paradigma.
Pero,
no toda descentralización supone la incorporación
al desarrollo de todo el territorio y de todos los ciudadanos.
Dentro del espectro de opciones cabe "descentralizar"
hasta el individuo, dejando que cada uno se defienda con sus propias
fuerzas, dejando que compitan los fuertes con los débiles
y llevando a una sociedad donde se intensifican las desigualdades
y van surgiendo caciques, propiciando la formación de redes
autoritarias. Ese es posiblemente el rumbo de una sociedad de
mercado "puro," bajo este paradigma.
Otra
alternativa es contrabalancear la acción del mercado con
un marco regulatorio que se ocupe de garantizar la verdadera equivalencia
de oportunidades para todos y se afinque en una red de redes intermedias
constituyendo una malla de seguridad para los individuos en cada
pedazo del territorio. Estas redes pueden asumir múltiples
formas y estar basadas en distintas alianzas, desde gobiernos
locales hasta asociaciones y grupos privados, actuando en diferentes
niveles y terrenos, a propósito de oportunidades o problemas
amplios o específicos, de corto, mediano o largo plazo.
Una tal red de redes funcionaría a "escala humana,"
identificando las posibilidades de acción, creando los
espacios para la participación y el consenso y cooperando
para construir de mil maneras un ambiente que fortalezca y propicie
las iniciativas individuales y colectivas de generación
de riqueza y de elevación del nivel de vida de cada comunidad.
Esta forma de valorización de todo el territorio podría
frenar y en parte revertir el drenaje de talento.
Opciones
similares se plantean a nivel mundial. La globalización
puede ser excluyente marginando a países o continentes
completos de las redes de producción mundial y de sus beneficios
o puede incluir a todos, valorizando las diferencias y ampliando
el tejido y la interrelación entre los mercados mundiales
y locales hasta cubrir el planeta entero.
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De
la confrontación al consenso
El
último eje a examinar toca la crucial cuestión del
ejercicio del poder. La esencia de las estructuras piramidales
es la disciplina jerárquica, el "centralismo democrático,"
las decisiones tomadas por los de arriba y seguidas sin chistar
por los de abajo. En la práctica el verdadero papel de
los eslabones intermedios es ejercer los mecanismos de control
que "garantizan" la ejecución de los planes elaborados
desde arriba. Esa estructura de comando, control y obediencia,
supone la confrontación de intereses como punto de partida
y posee una tensión latente que estalla de vez en cuando
en forma de conflictos y enfrentamientos.
En
el terreno social, desde las relaciones sindicales hasta la Guerra
Fría, el objetivo era lograr el mejor balance posible dentro
de un juego de "suma-cero." Es natural que, sobre la
base de que un centímetro de ganancia para mí es
un centímetro de pérdida para ti, las negociaciones
entre fuerzas desiguales se mantuvieran tan opacas como posible,
con tácticas de regateo, tipo bazar, y con cartas escondidas,
amenazas veladas e información oculta, al estilo de los
juegos de poker. La desconfianza permeaba las relaciones hasta
tal punto que los acuerdos objeto de contratación llegaban
a increíbles extremos de detalle.
Por
otra parte, el poder de las cúpulas y la discrecionalidad
de los funcionarios públicos intensificaba la necesidad
de entrar en juegos de poder y la opacidad de las decisiones facilitaba
diversas formas de clientelismo y corrupción. Esto ha sido
agudamente vivido en la fase de declinación del estatismo
desarrollista en la mayoría de los países del Tercer
Mundo.

[N&O-
175AB-s] Confront-consenso
En
contraste, la clave de la efectividad de las organizaciones en
red es el consenso. Las redes no funcionan si no hay acuerdo sobre
la visión perseguida. La vieja imposición de la
autoridad o de la decisión de la mayoría no funciona:
Obedecer, estando en desacuerdo, es factible, pero es imposible
ser creativo, sin estar verdaderamente compenetrado con el rumbo
común. Y el logro de ese consenso supone el acceso a toda
la información requerida para tomar esas decisiones.
Esta
necesidad de contar con la cooperación voluntaria y entusiasta
de todos ha llevado en lo organizativo a relaciones de suma positiva,
donde cada uno contribuye a incrementar el "tamaño del
pastel" para luego beneficiarse todos en el reparto. Ello exige
la aceptación explícita de la legitimidad de intereses
de todas las partes, de tal manera que los criterios de reparto
acordados puedan ser satisfactorios para todos. Esto se aplica
dentro de la empresa y también hacia el exterior, como
en el establecimiento, por ejemplo, de contrataciones de largo
plazo, mutuamente ventajosas, entre usuarios y proveedores a lo
largo de cadenas productivas enteras o en las alianzas estratégicas
entre competidores.
Otro
aspecto sumamente importante es la relación cada vez más
explícita que se establece entre esfuerzo, resultados y
recompensa. En estructuras que suponen el trabajo creativo en
equipo, sin definición detallada de cargos ni planificación
desde arriba, el reconocimiento material y moral del esfuerzo
emprendedor de cada individuo y de cada grupo, es el impulso crucial
para el éxito del conjunto. La "homologación"
de la remuneración por cargos no tiene el más mínimo
sentido en las estructuras flexibles, al igual que no se puede
dejar la evaluación de cada persona en las manos únicas
de su superior inmediato sino que en ella participan también
sus compañeros, sus subalternos y cualquier otra persona
cuyo juicio sea relevante.
La
tensión latente en este modelo se ubica en el delicado
y difícil balance entre rivalidad y cooperación,
entre individuos y grupos, entre empresas y redes de empresas,
entre localidades y entre países. Y este balance es aún
más difícil de manejar viniendo de un paradigma
donde rivalidad y cooperación eran opuestos polares.
En
el plano nacional, la necesidad de impulsarse por consenso se
ha venido traduciendo en la búsqueda de una visión
compartida entre el sector público y el privado y entre
todos los ciudadanos. La vieja planificación -fuera impositiva
o indicativa- ya no funciona. El secreto del liderazgo moderno
está en abrir las compuertas de la iniciativa individual,
facilitando las condiciones del éxito, al mismo tiempo
que se busca que esas iniciativas converjan en la dirección
del bien colectivo. Muchos de los países de mayor éxito
han logrado esa convergencia mediante la creación paciente
y deliberada de consensos alrededor de una visión común
de futuro.
En
el terreno de las ideas políticas, la distinción
tradicional entre "izquierda" y "derecha"
se hace cada vez más confusa. Las propuestas unificadoras
de suma positiva, donde todos ganan, están demostrando,
al igual que dentro de la empresa, mayor capacidad para aumentar
el bienestar colectivo que las confrontacionales.
En
el plano internacional, nos atrevemos a decir que no es por azar
que conflictos tan difíciles como el de Sur Africa se hayan
básicamente resuelto o que estén en un camino más
prometedor de superación pacífica confrontaciones
tan "insolubles" como la Arabe-Israelí, la de Bosnia Herzegovina
o la de Irlanda del Norte.
Lo
más difícil en todos estos procesos, a cualquier
nivel, es la conquista de la confianza. Sólo la comprobación
de la buena fé y la lealtad del otro, reiterada en los
hechos, puede ir superando hábitos arraigados de comportamiento
adversario.
Pero
el consenso puede ser entre unos pocos. En el terreno productivo
es concebible un mundo escindido, donde una élite restringida
de gerentes, técnicos y trabajadores, con creciente conocimiento
y nivel de vida, excluyen a las grandes mayorías, colocándolas
en una situación precaria de inseguridad, de trabajo temporal
y a destajo. También es posible el desarrollo de grandes
empresas globales de avanzada, utilizando amplias redes satelitales
de pequeñas empresas proveedoras bajo alta presión
de plazos, precios e irregularidad en los contratos. La alternativa
frente a eso es un amplio desarrollo de la creatividad y la capacidad
productiva de todos, en una sociedad de "plena actividad"
(no de "pleno empleo," porque el trabajo emprendedor
por cuenta propia o en grupos cooperativos ocuparía a una
parte creciente de la población). Ambas tendencias están
presentes en el mundo actual.
En
lo político, también existen los dos extremos, probablemente
como complemento natural de las dos opciones en el mundo productivo.
El consenso excluyente puede ser de tipo "mafia," donde la participación
voluntaria en redes se consolida en base a lealtades cómplices
dentro de una fuerte estructura de premio y castigo; ventajas
y amenazas. Una tal estructura en lo nacional e internacional,
puede formarse alrededor de los grandes polos de concentración
de poder financiero y político, legítimo e ilegítimo,
y llevar a grandes campos rivales en un mundo de alto riesgo individual
e inestabilidad colectiva.
El
otro tipo de consenso sería el democrático participativo,
basado en la construcción gradual de visiones compartidas,
a nivel local, regional, nacional y supranacional, reconociendo
la legitimidad de los intereses de corto, mediano y largo plazo
de cada uno de los individuos y grupos involucrados. Ello requeriría
también establecer, en cada caso y al nivel adecuado, los
mecanismos de cooperación, facilitación, regulación
y monitoreo que permitiesen su fluida realización, bajo
reglas de juego comunes y aceptadas.
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