Lo que voy a pedirles ahora es que me acompañen en una exploración. No tengo respuestas que ofrecerles sino rutas de búsqueda. En el tiempo que nos queda, vamos a examinar la lógica interna del paradigma actual para identificar los principios esenciales que lo distinguen, en contraste con los que definieron el paradigma anterior. Esta no es tarea fácil, ni empeño breve; no hay más remedio que recurrir a grandes simplificaciones. Los invito pues a aceptar lo que sigue como el inicio de un proceso de reflexión colectiva para comprender el significado de la transición presente y para orientar nuestras experimentaciones y propuestas individuales y colectivas.


[N&O-171-S] / 4 Ejes del cambio

Como se indica en la Figura 3.A, vamos a analizar la transición paradigmática actual, del mundo de la produccion en masa al de la producción flexible, alrededor de cuatro grandes ejes de transformación: De la homogeneidad a la heterogeneidad; de la compartimentación a la integración; de la centralización a la descentralización y de la confrontación al consenso.
             

  

Distinguir lo nuevo bajo el envoltorio de lo viejo

Antes de entrar a esbozar brevemente los rumbos de la transformación sugeridos por cada uno de estos ejes, es importante señalar que en los períodos de cambio de paradigma lo nuevo viene tan envuelto en lo viejo, tan disfrazado de lo ya conocido, que no es tan fácil distinguirlo. La Figura 3.2 ilustra este fenómeno en el campo de la tecnología. Al primer golpe de vista, la gráfica parece representar un coche de caballos. Se trata, sin embargo, de un automóvil de fines del siglo pasado: hasta el volante estaba en el mismo lugar donde habrían estado las riendas y los motores se medían, en un sentido casi literal, por "caballos de fuerza." Había pues, a pesar del salto tecnológico de fondo, pocas diferencias de apariencia (y de forma de producción) entre este vehículo de 1898 y los de tracción de sangre de su misma época. Mucho mayores, desde todo punto de vista, son las diferencias entre éste y el Modelo-T de Ford, producido en línea de ensamblaje desde 1908. En cambio, cualquiera que haya conocido el Modelo-T, reconocería a primera vista un Toyota Camry, fabricado casi un siglo más tarde, como simplemente otro automóvil.


[Ej&d-His-10A-S] / Automóvil – carruaje

Con esto quiero alertar de nuevo en contra de tomar todo el presente como prefiguración de las tendencias futuras. Para distinguir lo nuevo hay que investigar muy de cerca la fuente, es decir, las características de las nuevas tecnologías y de las formas organizativas que las acompañan. Es allí donde uno ubica las tendencias impulsoras para luego percibir lo isomórfico en las formas sociales, políticas o ideológicas que van surgiendo.

Partiendo de esa concepción, en el análisis de cada eje de transformación miraremos primero los rasgos del sistema anterior de producción en masa, realizando a continuación la conexión "impresionista" entre éstos rasgos y los de la esfera política, social e institucional, durante su época de auge (de fines de los cuarenta hasta mediados de los setenta). Luego, haremos lo mismo con el nuevo paradigma. Describiremos el cambio tecnológico y organizativo en sus principales manifestaciones y luego intentaremos una traducción a lo social, político e ideológico. Esta última resultará, obviamente, la más riesgosa, siendo, en parte, producto de la observación selectiva del presente y, en parte, extrapolaciones de la imaginación, ambas basadas en un esfuerzo sistemático de comprensión de la lógica del nuevo paradigma.

Finalmente, para cada eje, luego de esbozar las tendencias moldeadoras de los modelos viables hacia el futuro, discutiremos brevemente lo que vemos como el espectro de opciones de manifestación, desde las formas más excluyentes hasta las más incluyentes y solidarias.

Como este no es un ejercicio académico sino una reflexión para contribuir a la acción social y política, voy a asumir abiertamente una posición a favor de la construcción de una sociedad solidaria. De todos modos, la asepsia académica es a menudo apenas una frágil capa cubriendo una opción tomada.
             

  

De la homogeneidad a la diversificación

Como se resume en la Figura 3.C, la tendencia a la homogeneización no sólo de los productos sino de patrones de consumo completos era la dinámica fundamental de la producción en masa. Mientras más idénticos fueran los productos y más masiva su fabricación, más barato era cada uno y más masivo se podía hacer su consumo. Cuando MaoTse Tung vistió a todos los chinos (y chinas) con el mismo traje azul, estaba adoptando los principios inaugurados por Ford al decir que se podía tener un automovil de cualquier color ¡con tal de que fuera negro! Con este modelo estandarizador se fueron gradualmente destruyendo las formas artesanales de producción y se establecieron los patrones de preferencia por los productos industriales y sintéticos junto con el rechazo de lo hecho con materiales naturales, "a mano" o "a la medida," cuyo rescate fue parte importante de la rebelión de los hippies.

Esa lógica del potencial de generación de riqueza de la época se tradujo socialmente en el llamado "consumismo." El ideal subyacente era la propagación de un mismo modelo de consumo para todos, la formación de una "clase media" masiva o, más realistamente, de tres patrones interrelacionados: de lujo, medio y "popular," donde el primero establecía el estándar a imitarse por el segundo y a universalizarse al propagarse hasta el último. Para lograr una tal identidad en los deseos, fue también importante lograr el melting pot. Borrar las diferencias culturales, de idiomas y de formas de consumo en cada mercado nacional era la forma más eficaz de que un mismo modelo se fuera convirtiendo en el rasero general de la "calidad" de vida.

Uno de los grandes modos de incorporación de la población al patrón establecido de trabajo y de consumo fue el acceso a una educación básica común y universal, con la promesa frecuentemente cumplida de ascenso en la pirámide social. El otro instrumento de igualación fue el masivo desarrollo de la publicidad y los medios de comunicación.

Estas fuerzas homogeneizadoras de los modos de vida se tradujeron ideológicamente en diversas formas de "igualitarismo." En unas, como en las democracias occidentales, se motivaban con una escalera de logro, donde la prueba de pertenencia era el acceso al típico patrón de vida y la medida de la satisfacción y el éxito era la posesión de una mayor cantidad del mismo tipo de bienes materiales. En otras, como en los grandes países socialistas, el ideal teórico era llegar a un nivel básico de vida igual para todos y, eventualmente, lograr que aumentara para el conjunto.

Vale reconocer aquí, que por mucho que se pueda criticar el consumismo, durante las tres décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial, el paradigma de producción en masa llevó a los aumentos de nivel de vida más significativos y masivos de los últimos dos siglos.


[N&O-172AB-S] / Homogeneidad- Heterogeneidad

El nuevo potencial de generación de riqueza prospera, en cambio, para bien o para mal, en la diversidad y el cambio constante. La nueva lógica de óptima práctica es la adaptabilidad de productos y servicios. La vieja máxima de "el cliente es rey," encuentra por fin su espacio de posibilidad, cuando los sistemas productivos, dotados de inteligencia electrónica y guiados por la creatividad humana plenamente desplegada, pueden alcanzar un ideal artesanal en un mundo de alta tecnología. La adaptabilidad y la mejora continua son los rasgos más característicos del nuevo paradigma.

Pero, no hay que confundirse: La nueva noción de diversidad es muy compleja. No se trata de la simple variedad. Se trata de una forma de conservar las ventajas de la homogeneidad en gran escala, superando sus limitaciones a través de una gran adaptabilidad. El mismo computador, producido en billones de unidades según estándares globales de compatibilidad, le sirve a un ingeniero para sus cálculos, a un novelista para escribir, a una empresa para llevar la administración, a un niño para jugar y a una tejedora para controlar la máquina de tejer según sus diseños. La secuencia que va de un hardware universal, a través de un software general, hasta un uso específico definido por el usuario sirve de metáfora para la estructura típica de la "diversidad" en este paradigma.

Otro ejemplo es la TV por satélite. El sistema es el mismo para todos, pero, a diferencia de la vieja programación televisiva, ofrece centenares de canales con las especializaciones más variadas: cine de terror o deportes, documentales educativos o música pop, noticias o comiquitas. Cuán amplio sea el espectro de opciones a la larga -y si incluirá o no la satisfacción de preferencias verdaderamente distintas- va a depender del marco institucional que lo moldee.

Por otra parte, esta segmentación de la producción y los mercados, genera canales de distribución de pequeñas cantidades, capaces de facilitar la existencia de un sinnúmero de nichos para productos raros y locales y, junto con la creciente importancia de los servicios, para modos de consumo muy diversos. En el patrón de producción y consumo facilitado por el nuevo paradigma conviven y se entrecruzan la artesanía y la alta tecnología, lo natural, lo sintético y lo biotecnológico.

En cuanto respecta al desarrollo económico, la apertura y la globalización son la forma de abrir el planeta entero como mercado gigantesco, aunque infinitamente fraccionado en nichos. Aún está por definirse si se formarán grandes bloques continentales o no. Lo que sí parece intrínseco al nuevo potencial es lo que Marc Humbert, un investigador francés, ha definido como "Glocalización," es decir, que la participación exitosa de cada empresa, región o país en los mercados globales se sustenta en su especificidad local y en las ventajas, naturales o adquiridas, que le dan un carácter propio y moldean su especialización.

Una posible traslación de esta nueva dinámica al terreno social es la conformación de múltiples estilos de vida y de trabajo en un mismo ambiente global. No es un azar el que estemos presenciando el resurgir de las pequeñas nacionalidades y de las religiones. El rescate de la identidad cultural se ha venido reinsertando en el corazón de las propuestas políticas, a medida que las viejas promesas del desarrollo "igualitario" van perdiendo credibilidad. También es cónsono con el nuevo paradigma el florecimiento de la visión ecologista, del naturismo y de otras ideas configuradoras de opciones de vida distintas.

Un importante terreno de impacto casi directo es el educativo. Para vivir en un mundo de constante cambio, habrá que reemplazar la educación de masas y las especializaciones estrechas para toda la vida, por una formación inherentemente flexible y de excelencia. Aquello de "aprender a aprender" pasa, de ser una excelente estrategia pedagógica, a convertirse en la mejor preparación para la vida. La movilidad social y la capacidad para la auto-realización en el trabajo dependerán de una sólida formación, signada por la creatividad y la capacidad para la adaptación y el cambio, junto con medios y modos de acceso a la re-educación y la re-especialización a lo largo de la vida.En lo que respecta al terreno ideológico, la realineación es compleja. El pensamiento individualista se siente cómodo en un mundo que propicia la diferenciación y la diversidad. Mucho más difícil es para la gente de pensamiento solidario imaginar futuros deseables en ese contexto. No es fácil renunciar al sueño del igualitarismo y todavía sólo tímidamente se empiezan a adelantar y a adoptar ideas y propuestas basadas en la equidad y en la noción de "satisfaccion equivalente."El espectro de opciones para una sociedad que prospera en la heterogeneidad, se ilustra en la parte inferior de la Figura 3.3. La diferenciación puede, por supuesto, darse en forma vertical, aumentando la distancia entre los ricos y los pobres, manteniendo las tendencias actuales. La otra posibilidad es enrumbarse hacia una diversificación "horizontal," favorecedora del florecimiento de múltiples y distintos estilos de vida, donde, sin tener un sólo rasero de medición del bienestar (como ocurría con el viejo consumismo), todos los ciudadanos puedan disfrutar de un nivel de satisfacción equivalente y de bienestar creciente. Eso probablemente pasaría por el rescate y la dignificación de las identidades culturales dentro de cada Estado-Nación y en todo el planeta. Esto último sería la forma de evitar que el resurgir de los nacionalismos y las religiones condujera a la formación de ghettos y a violentos enfrentamientos y guerras. En la alternativa más solidaria se daría, no la mera tolerancia, sino la aceptación y celebración de la diversidad y todos aprenderíamos a prosperar en ella. Obviamente, el rango de lo posible contiene todas las combinaciones y puntos intermedios.
        

  

De la compartimentación a la integración

El segundo eje tiene que ver con la forma de incorporación de las personas al trabajo. Los principios tayloristas de separación nítida entre los que piensan y los que hacen, entre diseño y elaboración, entre decisión y ejecución, tuvieron su traducción organizativa en las estructuras piramidales, con sus compartimientos estancos por nivel, por función y por tarea. Cada gerente medio, empleado u obrero, cada ocupante de una parcelita con actividades definidas en una burocracia, poseía una visión parcial, sesgada e incomprensible, del conjunto y de su participación en él. Sólo la capa más alta de la jerarquía abarcaba el todo.

Esa división mente-mano incorporaba sólo partes de cada persona al logro de los objetivos de la organización. También significó que para las grandes mayorías, la noción de "calidad de vida" se refería sólo al tiempo fuera del trabajo y así quedaba sobreentendido en las negociaciones obrero-patronales centradas en la remuneración y el tiempo libre (y, cuando mucho, en impedir que hubiera que atravesar la frontera demarcada por el puesto de trabajo).

Esta forma de articulación de las personas a la producción fue copiada hasta por la más pequeña de las empresas y por todas las estructuras cualesquiera fueran sus fines. Al final, los individuos son vistos como "recursos humanos" a ser incorporados a las maquinarias productivas, cada uno de los ocupantes de parcelas gerenciales toma su puesto como "hombre organización" y se asume que "trabajo" y "empleo" son sinónimos. Al excluido se le llama "desempleado" y el trabajar por cuenta propia es visto como una opción minoritaria, casi de auto-marginación.

Este modelo de estructuración del trabajo tuvo su manifestación social en la separación entre dirigentes activos y dirigidos pasivos, de la que hablamos anteriormente, y se expresó políticamente en los partidos de masas y en la democracia representativa que supone que los gobernantes electos encarnan los intereses de los electores y deciden en representación de ellos. También en esto se basó la separación entre "dirigentes" políticos y "gerentes" técnicos, según la cual los primeros eran los verdaderos estrategas y los segundos los encargados de realizar sus planes.


[N&O-173AB-S] Compartimentación - Integración

En contraste, la tecnología de la información abre el camino de la reintegración del trabajo mental y manual y de las actividades de decisión y ejecución. En cierto sentido se podría decir que esa es una de las formas de definir la "Sociedad del Conocimiento." La empresa competitiva basa su capacidad en la creatividad, el saber y la experiencia de todo su personal. Como acostumbra decir John Bessant, investigador inglés, la empresa terminó descubriendo que "con cada par de manos, le venía un cerebro gratis." El uso del término "capital humano" expresa ese cambio de concepción, el cual se manifiesta concretamente en las estructuras de remuneración y en las negociaciones sobre formación, condiciones de trabajo, cambio tecnológico y organizativo, horarios flexibles, desarrollo profesional y otros elementos cualitativos que constituyen temas básicos en las relaciones industriales modernas.

El nuevo modelo gerencial se basa en equipos plurifuncionales, donde cada integrante participa de manera plena en el análisis y mejora de los procesos, incluidos aquellos aparentemente más simples y manuales. En cada nivel y en cada ámbito, las personas y los grupos tienen poder decisorio en su espacio de acción y nutren sus decisiones de la permanente retroalimentación de los resultados. Para que esa delegación de poder rinda frutos efectivos y convergentes, la organización moderna se empeña en que cada uno de sus miembros tenga una visión del todo y se ubique a sí mismo y a su grupo en el contexto general, conociendo el impacto de su trabajo sobre los resultados.

Esta actitud emprendedora estimulada y enseñada dentro de las grandes empresas se desborda hacia afuera y contribuye a la proliferación de un nuevo tipo de trabajador por cuenta propia, desde el consultor de más alto nivel hasta la más sencilla de las microempresas. Una parte de los unos y las otras son contratados como proveedores por aquellas mismas empresas, siguiendo prácticas de outsourcing y flexibilización.

En uno y otro caso se va legitimando y viabilizando la aspiración de vivir el trabajo como auto-realización. Lo que fuera privilegio de artistas, intelectuales y dirigentes puede convertirse en una actitud generalizada. La noción de "capital humano" lleva implícita la capacidad propia de generar riqueza a través del conocimiento incorporado en la persona y de la imaginación con que la utilice. La ampliación del concepto de "calidad de vida" para abarcar el tiempo de trabajo es cónsona con esa reintegración de la persona.

La traducción social de esta tendencia supone un fuerte impulso hacia la auto-gestión en todos los planos y exige profundos cambios en el sistema educativo, tanto en los contenidos como en las prácticas pedagógicas. Fortalecer la autonomía del estudiante, quien se acostumbra a gerenciar su propio aprendizaje y a trabajar en equipo, requerirá otra relación profesor-alumno.

En el nivel político una de las expresiones de esta tendencia es la proliferación de propuestas e iniciativas de democracia participativa. Igualmente, se observa cada vez más la necesidad de que los políticos sean técnicos y los técnicos también politicos. Otro fenómeno es el surgimiento de las llamadas ONG's (vale la pena observar la carga de estatismo que llevó a denominar como "no-gubernamental" a cualquier organización -distinta de un gobierno- que se planteara metas de solidaridad social). En lo individual no es de extrañar que esa necesidad de reintegración de la persona haya hecho florecer un vasto campo de actividades, publicaciones y negocios dirigido a desarrollar y difundir diversas técnicas de "desarrollo personal".

Al igual que en el caso de la diversificación, la tendencia a la reintegración del ser humano para la vida y el trabajo creativos también abre un amplio espectro de opciones. La capacitación de la población para la creatividad puede hacerse con segregación o incluyendo a todos. Es posible establecer una sociedad dual, donde el 20% viva en un mundo participativo, ejerciendo la auto-gestión, preocupándose del desarrollo personal, habiendo sido formados para la excelencia en instituciones de élite segregadas de la mayoría. También es posible optar por incluir al 100% de la población en el mundo de la auto-realización y del conocimiento. Esto último es una meta de altísima exigencia que además de su contenido de justicia social, exigirá grandes dosis de imaginación y un amplio despliegue de competencias. La escogencia, sin embargo, va más allá de las cuestiones de solidaridad social, pues las posibilidades de especialización productiva de cada país en un mundo globalizado dependerán del perfil de su capital humano y la sustentabilidad sin violencia, de la ausencia de tensiones insoportables.
           

  

De la centralización a la descentralización

El tercer eje de cambio es la transición de un mundo signado por el centralismo a una creciente preferencia por las redes descentralizadas. Como vimos anteriormente, la gran pirámide jerárquica compartimentada, con canales verticales de comunicación y "fronteras" cerradas, es el modelo de lo que fuera hasta hace poco la "organización moderna," tanto en el mundo productivo, como en las instituciones sociales y en las políticas.

Dentro de la empresa, fuese del tamaño que fuese, las decisiones y las instrucciones bajaban desde arriba y desde el centro, por canales verticales en organizaciones piramidales de fronteras cerradas. La información sobre el mundo exterior se recogía desde el centro por unidades de planificación (o por el empresario mismo en las compañías pequeñas) y no por los compradores o vendedores que hacían contacto directo. El logro de la optimización estratégica por la vía del centro único coordinador y distribuidor de metas y tareas era la noción aceptada y la que mejor se adaptaba a la producción en masa con cambio dosificado y programado.

Esta estructura centralizada se trasladó a la escala nacional bajo la forma del Estatismo, planificador y redistributivo. Bajo los muchos y variadísimos modelos que aplicaron ese esquema, se observa generalmente un fuerte predominio del nivel nacional, como centro decisorio, coordinador, regulador, manejador de recursos y de información. El centralismo se daba no sólo en el gobierno global sino en sus ministerios y en los servicios públicos, al igual que en los partidos políticos, las asociaciones sindicales o gremiales, el sistema educativo y de salud, los medios de comunicación, etc. La importancia de lo "nacional" iba acompañada del control de las fronteras como demarcadoras de lo interior y lo exterior, en términos comerciales, migratorios y militares. Resultaba también en un constante drenaje de la gente competente de la provincia hacia el centro, donde se encontraban todas las oportunidades.

Esta estructura tuvo su época de gloria. De su efectividad en el pasado no puede caber duda. De su rigidez e incapacidad para adaptarse al aprovechamiento del nuevo potencial dan fe el deterioro de las grandes "burocracias," públicas o privadas, y el desplome de los países de economía controlada centralmente.


[N&O-174AB-S] /Centralización - descentralización

El nuevo paradigma propicia y facilita la descentralización. Sin embargo, no se trata de una dispersión simple, sino de la formación de redes flexibles integradas. De ninguna manera estamos en el comienzo del fin de las grandes organizaciones. En todo caso, lo que brinda este nuevo patrón tecnológico es la posibilidad de manejar organizaciones globalizadas, mucho mayores que las de antes, con gran eficiencia y eficacia. Las estructuras en red aplican el modelo de "control distribuido" de las redes de computación. Cuentan con una fuerte orientación estratégica central que sirve de guía al ejercicio de la alta autonomía delegada en cada unidad. Su gran flexibilidad se refuerza con la fluidez multi-direccional de la información y la intensa interacción hacia afuera en cada punto de contacto con el mundo exterior. Las "fronteras" de las organizaciones modernas son abiertas y cambiantes. Y cada unidad semi-autónoma, se compenetra hasta tal punto con el territorio que cubre y el mercado que atiende que, gradualmente, aún manteniendo la fortaleza del conjunto, se va produciendo una diferenciación por adaptación, tal como mencionamos al discutir la tendencia a la heterogeneidad.

Tampoco vamos a presenciar el fin de la pequeña y mediana empresa. Por el contrario, dado que las grandes organizaciones se convierten en una especie de federación de mini-empresas, ocurre que las mini-empresas se unen en redes cooperativas, para aprovechar también la fuerza de lo grande sin perder la agilidad de lo pequeño. Por otra parte, las mismas empresas grandes forman redes o cadenas de proveedores, en condiciones de cooperación y beneficio mutuo nada habituales en el viejo modelo. Al mismo tiempo, como los canales de distribución se acostumbran a manejar todo tipo de volúmenes, se van haciendo cada vez más factibles los "mini nichos" en los mercados locales y globales.

La tendencia a la descentralización, estructurada en redes, se ha venido traduciendo al terreno político a través del fortalecimiento de los gobiernos locales en paralelo con la formación de estructuras supranacionales. Aunque parezca paradójico, la descentralización integrada moderna y la globalización son, en cierto sentido, el mismo fenómeno. El lema de los ecologistas "pensar globalmente y actuar localmente" bien puede ampliarse tanto al mundo de los negocios como al de la política, bajo el nuevo paradigma.

De hecho, el manejo de un mundo globalizado requerirá instancias con autoridad a nivel mundial. Hay fenómenos como el flujo intangible de la información y las finanzas o como el ambiente, cuyo carácter planetario exige formas globales de regulación. Algunos creemos que ciertos aspectos de la pobreza mundial tienen las mismas características y exigencias.

Por otra parte, las múltiples experiencias de éxito en promoción del desarrollo a nivel local confirman cada vez más que las cuestiones de la calidad de vida y de superación de la pobreza pueden enfrentarse más eficazmente en cada comunidad, aprovechando la especificidad de cada territorio para generar riqueza. La descentralización del poder y la formación de estructuras locales de cooperación público-privada para el desarrollo productivo y del capital humano parecen representar un camino cónsono con el nuevo paradigma.

Pero, no toda descentralización supone la incorporación al desarrollo de todo el territorio y de todos los ciudadanos. Dentro del espectro de opciones cabe "descentralizar" hasta el individuo, dejando que cada uno se defienda con sus propias fuerzas, dejando que compitan los fuertes con los débiles y llevando a una sociedad donde se intensifican las desigualdades y van surgiendo caciques, propiciando la formación de redes autoritarias. Ese es posiblemente el rumbo de una sociedad de mercado "puro," bajo este paradigma.

Otra alternativa es contrabalancear la acción del mercado con un marco regulatorio que se ocupe de garantizar la verdadera equivalencia de oportunidades para todos y se afinque en una red de redes intermedias constituyendo una malla de seguridad para los individuos en cada pedazo del territorio. Estas redes pueden asumir múltiples formas y estar basadas en distintas alianzas, desde gobiernos locales hasta asociaciones y grupos privados, actuando en diferentes niveles y terrenos, a propósito de oportunidades o problemas amplios o específicos, de corto, mediano o largo plazo. Una tal red de redes funcionaría a "escala humana," identificando las posibilidades de acción, creando los espacios para la participación y el consenso y cooperando para construir de mil maneras un ambiente que fortalezca y propicie las iniciativas individuales y colectivas de generación de riqueza y de elevación del nivel de vida de cada comunidad. Esta forma de valorización de todo el territorio podría frenar y en parte revertir el drenaje de talento.

Opciones similares se plantean a nivel mundial. La globalización puede ser excluyente marginando a países o continentes completos de las redes de producción mundial y de sus beneficios o puede incluir a todos, valorizando las diferencias y ampliando el tejido y la interrelación entre los mercados mundiales y locales hasta cubrir el planeta entero.
          

  

De la confrontación al consenso

El último eje a examinar toca la crucial cuestión del ejercicio del poder. La esencia de las estructuras piramidales es la disciplina jerárquica, el "centralismo democrático," las decisiones tomadas por los de arriba y seguidas sin chistar por los de abajo. En la práctica el verdadero papel de los eslabones intermedios es ejercer los mecanismos de control que "garantizan" la ejecución de los planes elaborados desde arriba. Esa estructura de comando, control y obediencia, supone la confrontación de intereses como punto de partida y posee una tensión latente que estalla de vez en cuando en forma de conflictos y enfrentamientos.

En el terreno social, desde las relaciones sindicales hasta la Guerra Fría, el objetivo era lograr el mejor balance posible dentro de un juego de "suma-cero." Es natural que, sobre la base de que un centímetro de ganancia para mí es un centímetro de pérdida para ti, las negociaciones entre fuerzas desiguales se mantuvieran tan opacas como posible, con tácticas de regateo, tipo bazar, y con cartas escondidas, amenazas veladas e información oculta, al estilo de los juegos de poker. La desconfianza permeaba las relaciones hasta tal punto que los acuerdos objeto de contratación llegaban a increíbles extremos de detalle.

Por otra parte, el poder de las cúpulas y la discrecionalidad de los funcionarios públicos intensificaba la necesidad de entrar en juegos de poder y la opacidad de las decisiones facilitaba diversas formas de clientelismo y corrupción. Esto ha sido agudamente vivido en la fase de declinación del estatismo desarrollista en la mayoría de los países del Tercer Mundo.


[N&O- 175AB-s] Confront-consenso

En contraste, la clave de la efectividad de las organizaciones en red es el consenso. Las redes no funcionan si no hay acuerdo sobre la visión perseguida. La vieja imposición de la autoridad o de la decisión de la mayoría no funciona: Obedecer, estando en desacuerdo, es factible, pero es imposible ser creativo, sin estar verdaderamente compenetrado con el rumbo común. Y el logro de ese consenso supone el acceso a toda la información requerida para tomar esas decisiones.

Esta necesidad de contar con la cooperación voluntaria y entusiasta de todos ha llevado en lo organizativo a relaciones de suma positiva, donde cada uno contribuye a incrementar el "tamaño del pastel" para luego beneficiarse todos en el reparto. Ello exige la aceptación explícita de la legitimidad de intereses de todas las partes, de tal manera que los criterios de reparto acordados puedan ser satisfactorios para todos. Esto se aplica dentro de la empresa y también hacia el exterior, como en el establecimiento, por ejemplo, de contrataciones de largo plazo, mutuamente ventajosas, entre usuarios y proveedores a lo largo de cadenas productivas enteras o en las alianzas estratégicas entre competidores.

Otro aspecto sumamente importante es la relación cada vez más explícita que se establece entre esfuerzo, resultados y recompensa. En estructuras que suponen el trabajo creativo en equipo, sin definición detallada de cargos ni planificación desde arriba, el reconocimiento material y moral del esfuerzo emprendedor de cada individuo y de cada grupo, es el impulso crucial para el éxito del conjunto. La "homologación" de la remuneración por cargos no tiene el más mínimo sentido en las estructuras flexibles, al igual que no se puede dejar la evaluación de cada persona en las manos únicas de su superior inmediato sino que en ella participan también sus compañeros, sus subalternos y cualquier otra persona cuyo juicio sea relevante.

La tensión latente en este modelo se ubica en el delicado y difícil balance entre rivalidad y cooperación, entre individuos y grupos, entre empresas y redes de empresas, entre localidades y entre países. Y este balance es aún más difícil de manejar viniendo de un paradigma donde rivalidad y cooperación eran opuestos polares.

En el plano nacional, la necesidad de impulsarse por consenso se ha venido traduciendo en la búsqueda de una visión compartida entre el sector público y el privado y entre todos los ciudadanos. La vieja planificación -fuera impositiva o indicativa- ya no funciona. El secreto del liderazgo moderno está en abrir las compuertas de la iniciativa individual, facilitando las condiciones del éxito, al mismo tiempo que se busca que esas iniciativas converjan en la dirección del bien colectivo. Muchos de los países de mayor éxito han logrado esa convergencia mediante la creación paciente y deliberada de consensos alrededor de una visión común de futuro.

En el terreno de las ideas políticas, la distinción tradicional entre "izquierda" y "derecha" se hace cada vez más confusa. Las propuestas unificadoras de suma positiva, donde todos ganan, están demostrando, al igual que dentro de la empresa, mayor capacidad para aumentar el bienestar colectivo que las confrontacionales.

En el plano internacional, nos atrevemos a decir que no es por azar que conflictos tan difíciles como el de Sur Africa se hayan básicamente resuelto o que estén en un camino más prometedor de superación pacífica confrontaciones tan "insolubles" como la Arabe-Israelí, la de Bosnia Herzegovina o la de Irlanda del Norte.

Lo más difícil en todos estos procesos, a cualquier nivel, es la conquista de la confianza. Sólo la comprobación de la buena fé y la lealtad del otro, reiterada en los hechos, puede ir superando hábitos arraigados de comportamiento adversario.

Pero el consenso puede ser entre unos pocos. En el terreno productivo es concebible un mundo escindido, donde una élite restringida de gerentes, técnicos y trabajadores, con creciente conocimiento y nivel de vida, excluyen a las grandes mayorías, colocándolas en una situación precaria de inseguridad, de trabajo temporal y a destajo. También es posible el desarrollo de grandes empresas globales de avanzada, utilizando amplias redes satelitales de pequeñas empresas proveedoras bajo alta presión de plazos, precios e irregularidad en los contratos. La alternativa frente a eso es un amplio desarrollo de la creatividad y la capacidad productiva de todos, en una sociedad de "plena actividad" (no de "pleno empleo," porque el trabajo emprendedor por cuenta propia o en grupos cooperativos ocuparía a una parte creciente de la población). Ambas tendencias están presentes en el mundo actual.

En lo político, también existen los dos extremos, probablemente como complemento natural de las dos opciones en el mundo productivo. El consenso excluyente puede ser de tipo "mafia," donde la participación voluntaria en redes se consolida en base a lealtades cómplices dentro de una fuerte estructura de premio y castigo; ventajas y amenazas. Una tal estructura en lo nacional e internacional, puede formarse alrededor de los grandes polos de concentración de poder financiero y político, legítimo e ilegítimo, y llevar a grandes campos rivales en un mundo de alto riesgo individual e inestabilidad colectiva.

El otro tipo de consenso sería el democrático participativo, basado en la construcción gradual de visiones compartidas, a nivel local, regional, nacional y supranacional, reconociendo la legitimidad de los intereses de corto, mediano y largo plazo de cada uno de los individuos y grupos involucrados. Ello requeriría también establecer, en cada caso y al nivel adecuado, los mecanismos de cooperación, facilitación, regulación y monitoreo que permitiesen su fluida realización, bajo reglas de juego comunes y aceptadas.