Hoy tenemos ante nosotros la posibilidad de otra época de oro. Pero, por supuesto, nada garantiza que la transición sea un proceso suave. El riesgo de un quiebre financiero como los de Estados Unidos en l893 y l929, o una depresión larga como las de Europa en las décadas de 1840, 1880 y l930, no puede eliminarse del horizonte de posibilidades. El desarrollo de soluciones apropiadas que impulsen el crecimiento económico armonioso no es un simple proceso automático sino más bien el resultado de una red de múltiples causas, incluso, como discutiremos luego, un intenso e intencionado esfuerzo de creatividad social.

Tampoco puede ningún país dar por seguro que le irá tan bien - Ħo tan mal! - en la próxima fase de ascenso como le fue en la anterior. Los períodos de transición son también las épocas cuando se abren ventanas de oportunidad para intensificar el avance o saltar posiciones. Pero también se abre la puerta trasera para retroceder y caer. Con el tercer paradigma tecno-económico y la entrada a las tecnologías basadas en la ciencia, hacia fines del siglo XIX, Alemania y los Estados Unidos sobrepasaron a Inglaterra, que había sido el líder indiscutido de la economía mundial desde la Primera Revolución Industrial, cien años antes. En el cambio de paradigma actual, el Japón saltó a los primeros lugares mediante el doble esfuerzo de entrar a las nuevas tecnologías y desarrollar algunos de los principios organizativos y gerenciales que rejuvenecieron a las viejas tecnologías. Del mismo modo Sur Corea, Taiwan, Singapur, y quien sabe si algunos otros países asiáticos en desarrollo, estaban recuperando terreno y entrando al grupo de los países industrializados, al menos hasta la crisis de fines de los noventa. Por supuesto que no está todavía claro que países se adelantarán y cuales perderán posiciones cuando, empiece otra fase de ascenso, si ésta se produce. Tanto el crecimiento como las oportunidades de desarrollo son un blanco móvil y las estrategias o políticas que tienen éxito en un período no tienen por qué tenerlo en el próximo.

Por lo demás, el crecimiento acelerado y una mayor equidad no van necesariamente juntos. Cada transición es una encrucijada histórica durante la cual las fuerzas sociales y políticas presentan sus programas y viven sus confrontaciones, entran en conflicto o en procesos de consenso, para imponer por la fuerza o construir colectivamente el marco socio-institucional específico que guiará la forma de crecimiento durante las décadas siguientes. El desenlace de este complejo proceso depende del poder relativo y de la lucidez de las fuerzas sociales en juego.

Ese es el desafío que el mundo enfrenta en esta transición. Dentro de cada país y a escala planetaria, la gran pregunta que se plantea es si este enorme potencial de generación de riqueza se orientará hacia la equidad creciente, en beneficio de toda la humanidad, o si llevará a un mundo donde los ricos se hagan cada vez más ricos y los pobres más pobres, donde la cohesión social se rompa, donde las guerras locales sean cada día más frecuentes y más destructivas, donde las desigualdades conduzcan a explosiones sociales y la paz sólo pueda imponerse por la violencia.

El problema es saber donde encontrar criterios para una acción social eficaz en la dirección más positiva. La interpretación de las ondas largas que hemos presentado aquí sugiere que la comprensión de las características del paradigma que actualmente se difunde ofrece los mejores criterios para guiar la creatividad social e institucional en las direcciones viables. A estas alturas de la transición, tal como en las anteriores, la difusión del nuevo paradigma ha avanzado lo bastante como para permitir entender su naturaleza, su lógica, sus opciones organizativas y sus implicaciones.