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| Inercia institucional: El retraso en el despliegue
del potencial de crecimiento | El ejemplo del
marco socio-institucional anterior | Las ondas
largas como acoplamiento y desacoplamiento del sistema
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El
proceso de abandono gradual de un modelo productivo en declinación
y la paulatina y creciente adopción del nuevo, no se percibe
rápidamente como tal. Las instituciones existentes toman
largo tiempo en captar cuan amplias y profundas son las transformaciones
que tienen lugar en más y más puntos del sistema
económico. Las tradiciones, las rutinas establecidas y
los éxitos pasados con las prácticas usuales hacen
difícil captar el significado y la amenaza de estos cambios
sucesivos como fuente de problemas y desajustes institucionales.
Las nuevas tecnologías son realmente muy visibles, tal
como lo fueron la producción en masa, los plásticos
y el automóvil en los años veinte y como lo es la
tecnología informática desde los años setenta.
Pero sus consecuencias demoran largo tiempo en ser captadas por
la conciencia pública. Aún quienes se dan cuenta
de la necesidad de hacer cambios políticos y económicos,
no siempre los relacionan con las adaptaciones requeridas en su
propio campo de acción o con los ajustes que requiere su
propio comportamiento.
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Inercia
institucional: El retraso en el despliegue del potencial de crecimiento
Aún
cuando la necesidad de cambio se comprenda, las instituciones
sociales y el marco general de regulación
socio
económica [20]
tienen
una inercia natural, derivada en parte de los éxitos anteriores
y en parte de los intereses creados. Sólo cuando la difusión
del nuevo paradigma ha alcanzado cierta masa crítica, imponiendo
su lógica modernizadora al resto del sistema productivo,
se hacen plenamente visibles tanto las dolorosas consecuencias
del proceso de "destrucción creadora" como los
obstáculos que se oponen al pleno y benéfico despliegue
del nuevo potencial.
En
realidad, las consecuencias sociales de cada transición
son tan vastas y profundas como el sufrimiento humano que provocan.
Se produce un desempleo generalizado
[21] ,
la capacitación laboral de las personas queda obsoleta
en muchos sectores y a múltiples niveles, se provoca la
dislocación geográfica de personas y actividades,
la riqueza crece rápidamente en un extremo y la pobreza
en el otro (esto último dentro de cada país y entre
países y regiones) [22]
.

Es
entonces cuando la presión social que obliga al cambio
se siente claramente. Las recetas antes efectivas aplicadas por
los gobiernos y otras instituciones resultan ineficaces y la necesidad
de una profunda renovación institucional se hace más
y más evidente. Pero la transformación necesaria
no es fácil y no puede producirse rápidamente. De
allí que se produzca un creciente desajuste entre un marco
socio económico orientado a sostener el antiguo paradigma
y los nuevos requerimientos de una esfera tecno-económica
que ya rebosante de cambio. Peor aún, la aplicación
persistente de las prácticas ahora obsoletas, puede agravar
la situación y contribuir al colapso (como fue el caso
con el "crash" de 1929 y la crisis siguiente en los
años treinta).
Así,
durante las transiciones de paradigma hay intensas transformaciones
en el campo tecnológico y en el económico junto
con un alto nivel de inercia y de confusión en la esfera
socio-institucional. Es esta diferencia en el ritmo de cambio
la que lleva al desacoplamiento que sostenemos es característica
de las turbulentas décadas de descenso de las ondas largas
de Kondratiev. La nueva etapa de despegue comienza cuando se restablece
la coherencia estructural mediante vastas innovaciones socio institucionales
que responden a los requerimientos del nuevo paradigma y se orientan
a facilitar la transformación total en la esfera productiva.
En
consecuencia, las transiciones de onda larga son procesos de "destrucción
creadora" no sólo en la economía, tal como
lo ha mostrado Schumpeter, sino también en el ámbito
socio-institucional. El problema está en que, en tales
períodos, las instituciones enfrentan una situación
desacostumbrada y caótica, que requiere cambios más
profundos que los experimentados jamás por la mayoría
de sus dirigentes. Las dificultades aumentan por el hecho de que
no hay recetas probadas, y el cambio tiene que hacerse mediante
experimentos de ensayo y error, y eso bajo la altísima
presión de los costos sociales de la transformación
tecno-económica
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El
ejemplo del marco socio-institucional anterior
Para
superar la gran depresión de los años treinta y
reconstruir la economía después de la segunda Guerra
Mundial, fue necesario sobreponerse a las nociones prevalecientes
respecto a la superioridad de los mecanismos del mercado libre
y aceptar el establecimiento de la intervención masiva
y sistemática del Estado en la economía según
los principios Keynesianos. Es impresionante la lista de innovaciones
institucionales que se difundieron ampliamente para estimular
y regular el crecimiento de los mercados para la producción
en masa. Al nivel nacional ésta va desde la manipulación
directa de los mecanismos de demanda, mediante las políticas
fiscal, monetaria y de gasto público, al reconocimiento
oficial de los sindicatos, la negociación colectiva y el
establecimiento de una red de seguridad social, pasando por la
reducción drástica de la semana y del año
de trabajo. Algunas de estas innovaciones se hicieron en el mismo
período de post guerra, otras habían existido antes
en algunos países por lapsos diferentes. El hecho importante
es que fueron adoptadas en casi todas partes, con toda la variedad
que deriva de las grandes diferencias entre países en lo
social, cultural, histórico y político y de la influencia
de otros factores.
En
el nivel internacional, esos arreglos nacionales fueron complementados
por la hegemonía económica, política y militar
de los Estados Unidos en Occidente (encargados del equilibrio
de la Guerra Fría con la Unión Soviética),
Bretton Woods, las Naciones Unidas con todas sus agencias especializadas,
el Gatt, el Plan Marshall, el FMI, el Banco Mundial, la descolonización
gradual y otras medidas e instituciones orientadas a facilitar
los movimientos de comercio e inversión, así como
a mantener la estabilidad política.
Desde
los años ochenta, casi todas estas innovaciones, relativamente
eficaces y ampliamente aceptadas hasta los años setenta,
están cuestionadas. Algunas han sido total o parcialmente
modificadas de uno u otro modo. Realmente una transición
exitosa dependerá del establecimiento de nuevas reglas
de juego y de instituciones y mecanismos regulatorios ajustados
a las nuevas condiciones. El proceso de cambio institucional ya
está en camino en lo local, lo nacional y lo internacional,
con diferentes enfoques y visiones. Entre las propuestas más
coherentes hay algunas que toman en cuenta de manera explícita
las necesidades y la naturaleza de la actual ola de cambio técnico
[23] .
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Las
ondas largas como acoplamiento y desacoplamiento del sistema
Resumiendo
podemos decir que nuestra propuesta considera las ondas largas
como directamente relacionadas con la coherencia del sistema en
su conjunto. Ellas resultan de los vastos procesos de transformación
y renovación (o cambios de paradigma) experimentados por
la esfera tecno-económica, aproximadamente cada medio siglo;
tales procesos requieren, para desplegar todo su potencial de
crecimiento, que se produzcan cambios de similar alcance en el
marco socio institucional. Pero los cambios en la esfera económica
tienen lugar a un ritmo mucho más rápido que en
las instituciones sociales. El desajuste resultante, que históricamente
dura dos o tres décadas, trae consigo los "malos tiempos"
(o la fase de descenso de la onda larga). Cuando se recupera la
coherencia estructural (o sintonía), mediante una sucesión
de cambios institucionales que logran alcanzar un buen acoplamiento,
se inicia un período de dos o tres décadas que se
perciben como "buenos tiempos" (o la fase de ascenso
de la onda larga). La Figura 4 indica el proceso recurrente de
manera esquemática.
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