En épocas de transición como la actual no es de extrañar que ocurran cambios tan profundos en roles, actitudes y concepciones. Las revoluciones tecnológicas no se limitan a modificar los equipos, los productos, las trayectorias tecnológicas y el modelo organizativo de una industria tras otra. Cada cambio de paradigma es un proceso de desmantelamiento del sentido común establecido y la construcción de un nuevo conjunto de principios de práctica óptima para el logro de la máxima eficiencia en las nuevas condiciones [23] . Tampoco se limita el cambio al sector productivo. Para que se pueda desplegar todo el potencial de desarrollo que ofrece el nuevo patrón tecnológico y organizativo, hacen falta transformaciones no menos profundas en el marco socio-institucional. Casi por definición, el marco existente es inadecuado, por haber sido instaurado para las viejas condiciones. Los procesos de destrucción creadora abarcan también a las organizaciones sociales, políticas y económicas.

Esto significa que no hay recetas simples en ningún campo. En especial no hay recetas simples en el campo de la acción gubernamental. Ya no es posible ubicarse en las instituciones existentes y preguntarse sobre cuáles deberían ser las políticas nuevas para ponerlas en práctica. Hay que empezar por identificar cuáles son las demandas y cuáles las acciones necesarias para cubrirlas, para luego preguntarse cuán adecuadas son las instituciones mismas para llevar a cabo esas acciones.

En esta sección exploraremos un poco este problema en lo que se refiere al campo de la tecnología, partiendo del reconocimiento de su nuevo papel en el desarrollo y específicamente en la actual transición. Para hacer esto, ya hemos examinado el mundo hacia el que ha de moverse la empresa, con sus múltiples necesidades de tecnología en el sentido amplio. Con base en esa comprensión veremos ahora cuáles son las tareas planteadas para realizar la reconversión y cuáles podrían ser las acciones públicas para apoyarlas.

En los países de América Latina y en el contexto de la transición actual creemos que el principal reto institucional en política tecnológica es el establecimiento de vínculos efectivos entre el potencial tecnológico y el aparato productivo. Eso en la práctica significa superar el aislamiento en el cual -unos más otros menos- se desarrollaron los sistemas científico-tecnológicos y encontrar canales institucionales para la interacción intensiva con las empresas en proceso de modernización.

Dada la especificidad de cada país y la diversidad de condiciones políticas no es posible encontrar una solución universal al reto de la vinculación. Sin embargo, como punto de partida para la reflexión institucional, cabe sugerir lo siguiente: es necesario volcar la capacidad tecnológica hacia el aparato productivo sin por ello debilitar la capacidad científica y formadora de recursos humanos. Las políticas de ajuste, apertura, reconversión y competitividad internacional requiere mucho más esfuerzo científico, educativo y tecnológico de lo que jamás fuera necesario con las políticas de sustitución de importaciones.

En lo que atañe al desarrollo tecnológico hay que tener dos grandes focos simultáneos de atención: uno la empresa y el otro las instituciones generadoras y difusoras de conocimiento. El primero tiene como objetivo apoyar el proceso de modernización y el logro de la competitividad. El segundo persigue garantizar que ese logro se mantenga y que el potencial de desarrollo del país se acreciente en el mediano y largo plazo. Ambos se orientan en última instancia a fortalecer la capacidad innovativa y de generación de riquezas en el espacio nacional. En este trabajo nos concentraremos esencialmente en las políticas dirigidas a apoyar el avance tecnológico de las empresas, en su proceso de reconversión y construcción de una plataforma competitiva. No nos ocuparemos del desarrollo de la capacidad para la investigación tecnológica en instituciones académicas u otras, fuera de las empresas. Tampoco abordaremos el terreno, no menos importante, del desarrollo científico.
          

  

El apoyo en la búsqueda de la competitividad estructural

Ya hemos visto como en el nuevo patrón tecnológico la competitividad no es alcanzable sin que el dominio tecnológico esté directamente en manos de la empresa. No porque sea autárquica en términos tecnológicos sino porque su forma de operar ha de ser tal que garantice la capacidad para generar e implementar procesos de mejora continua dentro de la empresa y para especificar y asimilar cambios provenientes de fuentes externas. En efecto, la empresa moderna no es un sistema aislado y cerrado sino el núcleo de una red de cooperación con clientes, proveedores, socios e incluso competidores. La empresa que sale a competir con éxito en el mercado internacional es sólo la punta del iceberg, la vanguardia expuesta de una extensa red anclada en la calidad del espacio económico y tecnológico donde opera. La competitividad, entonces, además de estar enraizada en la tecnología, es de carácter estructural[24].

Ello implica que la tarea de la reconversión ha de ocurrir en varios planos a la vez: a nivel micro, dentro de cada empresa; a nivel meso, en las relaciones inter-empresas a lo largo de cadenas y redes productivas y, a nivel macro, en el espacio económico nacional. Los tres niveles están interrelacionados de tal manera que la calidad de los resultados en cada uno influye en el potencial de mejora del otro y sólo su modernización simultánea conduce a la competitividad estructural.

Esto introduce gran complejidad tanto en las políticas de desarrollo como en las políticas tecnológicas. Las viejas políticas de "incentivos" estaban diseñadas para empujar al industrial a fabricar un producto prioritario, a moverse aguas arriba en la cadena productiva o a ubicarse en una zona rezagada. Generalmente se trataba de inducir grandes decisiones de inversión. Las decisiones que tiene que tomar el empresario ahora afectan su comportamiento cotidiano, sus relaciones con el personal, su interacción con los proveedores, su actitud hacia la tecnología, etc. y exigen, por lo tanto, una convicción interna que no puede ser forzada desde afuera. En estas nuevas condiciones se requiere definir una manera distinta de actuar para el sector público; pasar del manejo de planes, controles y subsidios compensatorios a la creación de redes de apoyo, mecanismos facilitadores y escenarios de concertación que contribuyan a estimular la innovación en todos los planos. Exploremos un poco lo que esto puede significar en cada uno de los niveles que determinan la competitividad estructural.
         

  

El nivel micro: la empresa

La responsabilidad fundamental por la modernización de la empresa recae sobre el empresario y el impulso principal en las condiciones actuales está dado por las políticas de apertura que lo someten a la presión de la competencia. Pero esa presión requiere un complemento que oriente la lucha por la sobrevivencia en la dirección de la reestructuración competitiva. Esto señala dos posibles caminos para la acción complementaria del Estado: una vertiente divulgadora que convenza a empresarios y gerentes de que la modernización gerencial y el dominio tecnológico son la ruta para maximizar la rentabilidad y el crecimiento. Y una vertiente facilitadora que brinde acceso a los medios necesarios para un proceso exitoso de modernización: recursos técnicos, humanos, financieros y de información.

La acción divulgadora puede ser transitoria, entre otras cosas porque el esfuerzo se multiplica a sí mismo en el tiempo, a medida que los ejemplos exitosos inducen procesos imitativos. Los puristas del libre mercado dirían que no hace falta. Sin embargo, hay dos razones que aconsejan realizar un intenso esfuerzo inicial de divulgación en el contexto latinoamericano. Una es la conveniencia de indicar salidas para contrarrestar la desmoralización que produce la suma de una década perdida con una súbita (o gradual pero inexorable) desprotección. Se trataría de desencadenar el proceso de aprendizaje en la dirección más fructífera. Otra es la necesidad de acelerar la difusión de información acerca del rumbo que está siguiendo el mercado mundial para evitar los errores más elementales al tratar de salir a exportar. Es una forma de romper un inevitable circulo vicioso, pues, en general, la información disponible sobre los cambios en las prácticas gerenciales tiende a ser directamente proporcional a la participación en el mercado internacional.

Las campañas de divulgación, fueron durante mucho tiempo el modo utilizado por el MITI japonés para inducir cambios masivos fundamentales en el comportamiento de las empresas[25]. En menor escala, el gobierno británico mantuvo durante los años ochenta un programa para estimular la incorporación de microelectrónica en productos y procesos. Uno de los componentes básicos fue la campaña de concientización sobre el potencial de estas tecnologías[26]. Actualmente, un programa similar mucho más amplio incluye información sobre técnicas organizativas modernas y otros factores que puedan ayudar a las empresas a competir en Europa[27].

Más allá de la propagación de información sobre las ventajas y las formas de modernización, la acción facilitadora del proceso es ciertamente indispensable en el contexto latinoamericano y probablemente requiera una red de instituciones más permanente. Aún partiendo de que es la empresa la que debe tomar la iniciativa y demostrar su capacidad en la competencia, una empresa innovadora o en proceso de renovación requiere que el entorno le pueda brindar ciertos recursos elementales: personal calificado, servicios técnicos y financiamiento para el tipo específico de actividades que constituyen los procesos de modernización e innovación
      

  

Financiamiento

En relación al financiamiento, un error muy común al diseñar políticas es creer que lo más importante es bajar el costo, es decir subsidiar los intereses. En realidad nos hemos encontrado una y otra vez que los empresarios más dinámicos le dan mucha mayor importancia a la agilidad del mecanismo, a la falta de burocracia, a la adecuación del crédito a las necesidades específicas, a la flexibilidad en el tipo de garantías, a la provisión de mecanismos adaptados a cada propósito, etc[28]. El acceso oportuno a fondos dentro de esquemas adaptados a los requerimientos puede ser una ayuda más determinante que los subsidios (aunque estos últimos sigan siendo sin duda clave para la factibilidad de ciertos proyectos de I&D de alto costo y largo plazo de maduración).

Los procesos de modernización conllevan una gran cantidad de gastos en intangibles desde la contratación de asesores, pasando por el entrenamiento del personal y la reorganización física del equipo en la planta, hasta el costo de acceder al mercado internacional. Lo más usual en los sistemas de financiamiento existentes -privados o públicos- es limitarse a proveer fondos para la inversión en equipamiento nuevo (que no en modificaciones o adaptaciones) o para capital de trabajo a corto plazo. Parte del ambiente facilitador que requiere el aparato productivo para hacerse competitivo y mantenerse allí es contar con una gama amplia de esquemas para obtención de fondos: préstamos a mediano plazo para intangibles, líneas de crédito flexibles para proyectos de mejora continua, financiamiento de proyectos de cooperación entre empresas o en conjunto con instituciones tecnológicas, fondos de garantía, fondos para preinversión, esquemas de arrendamiento de activos y decenas de otras formas de proveer fondos en el momento oportuno y de la manera adecuada.
               
    

  

Recursos humanos

Otro soporte esencial del proceso de modernización son los recursos humanos adecuados y las posibilidades de actualizar y elevar la capacidad del personal ya empleado. Las necesidades de apoyo en consultoría externa, abarcan un amplio espectro: consultores especializados en los productos y mercados específicos que la empresa atiende o en la tecnología específica, asesores en definición de estrategia y modernización gerencial; especialistas en informática, control, comunicaciones u otras tecnologías genéricas; consultores en organización y en técnicas modernas de gestión de calidad total, producción flexible, etc. Los requerimientos en entrenamiento también cubren la gama que va de las habilidades más generales hasta las más ligadas a los equipos, productos, servicios o tecnologías específicas de la empresa y desde los niveles obreros hasta la más alta gerencia. Por otra parte, se requieren profesionales -especialmente ingenieros- con conocimientos actualizados y una buena formación general al igual que técnicos con una base múltiple en destrezas y conocimientos para ser integrados al tipo de organización polivalente y flexible que caracteriza a la empresa moderna.

En este terreno es particularmente importante distinguir entre lo que son urgencias de corto plazo y lo que constituyen demandas a mediano y largo plazo. La formación de recursos humanos toma tiempo y garantizar un alto perfil educacional es parte de los objetivos a perseguir en el nivel macro. El reto en este período en lo que respecta a apoyar los procesos de modernización es encontrar la manera rápida de paliar las peores carencias de recursos humanos que encuentra la empresa en su entorno. Esto puede lograrse recurriendo a expertos internacionales o a apoyo de los socios externos así como maximizando el uso de la capacidad local donde quiera que ésta se encuentre Según los casos se requiere asesoría directa a empresas individuales o grupos de empresas, provisión de personal calificado en forma temporal para objetivos específicos, entrenamiento de personal, de asesores o de entrenadores, modernización de institutos de formación de obreros y técnicos, seminarios y talleres de actualización para empresarios, gerentes de empresas, gerentes de instituciones educativas, dirigentes sindicales, dirigentes políticos, etc.[29].

Los actores son múltiples y los esquemas pueden tomar muchas formas combinando la cooperación internacional con esfuerzos del sector público -central o local- y del sector privado (el usuario y el proveedor de servicios).

A fines de los ochenta, en el área andina se llevó a cabo un programa, financiado por la CAF y realizado por FIM-Productividad de Venezuela, que entrenó a 300 consultores en reconversión de empresas. Muchos de estos realizan hoy su labor modernizadora como asesores externos o como gerentes. La intención fué formar y multiplicar la capacidad privada de consultoría en las nuevas técnicas organizativas y gerenciales para que esos consultores, empujados por su propio interés económico y profesional, se convirtieran en una fuerza de venta de la modernización empresarial, sin que el Estado interviniera, excepto para desatar el proceso.

También hay casos de empresas grandes, como el grupo SIVENSA en Venezuela, que al fortalecer FUNDAMETAL, su propio instituto de formación y actualización de recursos humanos, han visto que estaba en su interés ponerlo también a disposición de sus proveedores, para elevar su calidad. Estos, en su mayoría pequeñas y medianas empresas, se favorecen con el acceso rápido a entrenamiento relevante.

Uno de los grandes retos para las instituciones del sistema científico y tecnológico es encontrar formas eficaces de poner parte del personal entrenado en el pasado a la disposición de las empresas, de manera temporal o permanente. Los préstamos temporales, por ejemplo, tienen la virtud de familiarizar a los profesionales con la problemática tecnológica, cotidiana y concreta, lo cual enriquece su actividad de investigación al regreso. El traspaso permanente, aunque al principio parezca una pérdida irreparable, se ha demostrado en la práctica como un modo de establecer un vínculo efectivo entre institutos de investigación y aparato productivo[30] .      

  

Servicios técnicos y de información

El tercer gran bloque de recursos para apoyar la reconversión empresarial son los servicios técnicos. Esto incluye servicios de prueba, diagnóstico, evaluación y certificación de conformidad con normas, mantenimiento, etc., pero también y fundamentalmente servicios de información de diverso tipo. Para brindar los primeros es mucho lo que pueden ofrecer desde el principio algunos de los institutos existentes y se supone que a medida que se desarrolle la demanda irán surgiendo empresas especializadas. Aquí queremos destacar de manera particular el problema de los servicios de información ya que ésta se convierte en un insumo crucial primero para la modernización y luego para mantener la competitividad. Bajo el nuevo patrón tecnológico quienes tienen acceso a información suficiente y oportuna gozan de una ventaja competitiva difícil de enfrentar de modo aislado por empresas alejadas de los centros dinámicos mundiales.

El espectro de áreas de información por cubrir es amplísimo: normas, reglamentos y leyes en los mercados de exportación, tendencias en calidad, volumen y precios, formas de mercadeo y distribución para productos específicos, tendencias tecnológicas en el corto y el largo plazo, fuentes de servicios e insumos especiales en el exterior, fuentes de tecnología, etc. Y cada uno de esos renglones -y cada uno de los muchos no mencionados- tiene aspectos generales y aspectos que afectan a una industria o empresa de manera específica. Es fácil darse cuenta de cuan inútil seria el intentar montar un "sistema" de información centralizada para suplir esas necesidades (aparte de que sería un proyecto anacrónico). El desafío es facilitar el desarrollo de redes de múltiples entes y muchos actores, públicos y privados, nacionales e internacionales, regionales y locales, grandes y pequeños, por servicio o por actividad económica, con diversas maneras de captar, procesar y difundir información[31].
          

  

La cuestión de los subsidios

Cabe afirmar que lo que la empresa necesita hoy para modernizarse es, en primer lugar, la convicción y la voluntad y, en segundo término, el mínimo de trabas y el máximo de acceso a los recursos y servicios necesarios para hacerse y mantenerse competitiva. En buena parte, los subsidios que daba el Estado bajo las políticas de sustitución de importaciones eran una compensación por las carencias del entorno y por su peso en los costos. Con el tiempo, esa compensación se convirtió en una fuente de rentas y en un desestímulo al esfuerzo por superar las carencias, tanto las internas de la empresa como las de los servicios externos. Peor aún esos subsidios llevaron a la desviación de fondos públicos por parte de quienes los manejaban y quienes los recibían. Ahora el esfuerzo se reorienta hacia la superación de las carencias, pero es de ilusos ignorar que las carencias siguen allí. ¿Cómo hacer entonces para resolver el dilema de dar a la empresa una oportunidad de competir en igualdad de condiciones sin caer en las distorsiones del pasado? Una idea que ha surgido para enfrentarlo es suministrar subsidios en especies tecnológicas[32].

De una u otra manera los gobiernos de casi todos los países desarrollados están subsidiando el esfuerzo tecnológico de sus empresas. Cuando se trata de empresas grandes el apoyo se orienta a subsidiar la investigación pre-competitiva o a propiciar la cooperación tecnológica entre empresas o con las universidades[33]. En cuanto a las empresas pequeñas y medianas es raro el país desarrollado que no tenga un programa intensivo y multipropósito para fortalecerlas en diversos planos, incluido el tecnológico. Ya mencionamos concretamente el programa británico para propiciar la modernización.

Para que las empresas latinoamericanas vayan al mercado mundial o enfrenten la competencia de las importaciones en igualdad de condiciones, también será necesario destinar fondos públicos a apoyar la reconversión de las empresas. Quizás la mejor manera de garantizar que ese esfuerzo con recursos escasos se destine efectivamente a la elevación del dominio técnico y de la capacidad competitiva de la empresa es entregarlo, no en dinero desviable a otros propósitos, sino en apoyo técnico directo. Todos los servicios mencionados arriba -asesoramiento, entrenamiento, préstamos de personal calificado, pruebas de laboratorio, colaboración de institutos de investigación, información sobre mercados o sobre tecnología, acceso a bancos de datos, servicios de documentación, etc.-, representan gastos de tipo tecnológico donde el Estado puede invertir los fondos de apoyo, permitiendo que dichos servicios sean brindados a las empresas que los requieran en condiciones favorables de costo y crédito. La ventaja no se limita al hecho de que los fondos tienen un destino cierto; el brindar el subsidio a través de proveedores de servicios fortalece a estas instituciones, sean públicas o privadas, e instaura vínculos de cooperación entre éstas y las empresas clientes que tenderán a perpetuarse más allá del subsidio.
       

  

Nivel macro: el espacio nacional

Todas estas formas de apoyo a la empresa en su proceso de reconversión contribuyen, de hecho, al mejoramiento del entorno y al aumento de las externalidades para realizar el potencial innovativo de cada empresa y facilitar el logro de sus propósitos competitivos. Pero hay por supuesto muchos otros elementos que conforman el espacio nacional y contribuyen a elevar o disminuir la competitividad estructural. Muchos de esos elementos son clara responsabilidad del Estado directa o indirectamente.

Entre estos se incluye la necesidad de establecer un clima de competencia con reglas del juego claras y estables, de tal forma que sea posible estimar los riesgos de inversiones e innovaciones y decidir correrlos. En segundo lugar se encuentra la infraestructura física, sea ésta propiedad del Estado o reglamentada por él. La calidad y extensión del servicio de las redes eléctricas, de telecomunicaciones, de transporte, etc., afectan de manera sustantiva las posibilidades de competir de todas las empresas usuarias. Esto se aplica particularmente a la red de telecomunicaciones por ser ésta el vehículo de transporte de la información, herramienta clave del actual patrón tecnológico. Por último se encuentra la infraestructura técnica, cuya importancia, como hemos visto es crucial y creciente. A ella pertenecen todas las instituciones del llamado Sistema Científico Tecnológico, todo el sistema educativo y de entrenamiento, las redes de bibliotecas y centros de documentación e información, los institutos de patentes, normalización y control de calidad, los servicios de estadísticas y en general, todos los servicios de asesoría, consultoría y servicios técnicos, sean estos públicos o privados.

En cierto modo, el orden en que presentamos los componentes que determinan la calidad del espacio nacional puede verse como la cronología de su visibilidad a medida que avanza el proceso de reconversión. Sin reglas claras y sin competencia no hay disposición a invertir -ni dinero ni esfuerzo- en la reconversión. Una vez tomada la decisión, al intentar competir internacionalmente, se manifiestan con enorme fuerza las fallas de la infraestructura física. Al avanzar más allá en la incorporación de capacidad técnica y empezar a operar con patrones modernos de gerencia, la empresa enfrenta las carencias del entorno en términos de recursos técnicos.

Pero ese no puede ser el orden en que la sociedad actúe para fortalecer los diversos elementos. Los tiempos de maduración de las inversiones en educación o capacidad tecnológica son muy largos. Los programas de mantenimiento de las diversas redes de infraestructura son en muchos casos de extrema urgencia, pues los daños pueden ser irreversibles, y los proyectos de inversión en ampliación y modernización de las mismas toman largo tiempo en materializarse. Esto señala la necesidad de al menos intentar actuar simultáneamente en los tres terrenos para evitar el riesgo de un freno a los procesos de reestructuración en el futuro, por falta de previsión[34].

  

Nivel meso: la red, cadena o complejo productivo

Una empresa aislada, sea de donde sea, esta en desventaja en el mercado internacional. La empresa moderna establece lazos de interacción y de cooperación técnica con sus usuarios y proveedores, al igual que -en aspectos parciales- con toda una red de socios, incluidos sus competidores. La intensidad de las relaciones inter-empresas caracteriza la operación de los diversos modelos exitosos de la actualidad: los grupos empresariales tipo "keiretsu" japonés o "chaibol" coreano; los distritos industriales del norte de Italia y del sur de Alemania[35] ; las redes abiertas de cooperación múltiple de Silicon Valley[36] o entre las empresas de la industria electrónica mundial, etc[37].

Esta interacción implica la posibilidad y la necesidad de que cada empresa se especialice en lo que constituye su capacidad tecnológica básica[38] y busque relaciones estables de cooperación con proveedores de todo lo demás. Para lograr eso, el negocio en su conjunto tiene que gozar de ventajas comparativas en ese país o región para atraer una red suficiente de empresas. En otras palabras, la especialización estratégica de cada empresa se enlaza con la especialización estratégica del país o región donde opera[39].

Ello sugiere la conveniencia de actuar colectiva y deliberadamente para conformar redes, cadenas productivas, complejos regionales, etc., en base a ventajas comparativas de partida, con el fin de acrecentarlas y dinamizarlas en beneficio de la competitividad de cada empresa y del conjunto. Pero, el modelo de industrialización de América Latina enemistó a usuarios y proveedores. Las políticas que hacían obligatoria la incorporación de partes de producción nacional independientemente de su calidad crearon abismos de desconfianza y hostilidad que serán difíciles de cruzar. Ya nos hemos referido también a la escasa relación con los proveedores de servicios tecnológicos.

Aquí el Estado, bajo la forma de gobierno central, de autoridades locales o de empresas públicas, tiene un importante papel que jugar creando escenarios para la concertación, facilitando las negociaciones entre empresas, impulsando la cooperación de las empresas entre sí y con las universidades o institutos, al mismo tiempo que co-financiando el proceso de especialización estratégica. La manera específica de hacerlo tendrá que ser cuidadosamente diseñada para borrar todo rastro del autoritarismo que a veces caracterizó las intervenciones de los entes gubernamentales en América Latina. El aprendizaje de las nuevas formas de inter-relación, no se limita al ámbito empresarial sino que abarca también a los organismos públicos.

Un último aspecto, que no debe dejar de mencionarse en relación al nivel meso, es la necesidad de superar las barreras institucionales que separan la minería, la agricultura, la industria, los servicios y la infraestructura. Las interacciones más dinámicas están ocurriendo en la interfase entre estas actividades -a lo largo de cadenas de transformación- y entre todas ellas y el mundo de la tecnología. Las flores que exporta Colombia y las frutas frescas que exporta Chile no contienen menos valor agregado tecnológico que los productos envasados; los barcos pesqueros pueden ser más sofisticados tecnológicamente y requerir mayor conocimiento para su manejo que una planta de procesamiento; las redes de mercadeo y distribución internacional -e incluso nacional- utilizan sistemas cada vez más modernos de informática y telecomunicaciones. Las ventajas competitivas más sólidas en bienes en capital se desarrollan en interacción con usuarios competentes en un área muy delimitada que bien puede estar dentro del sector primario o de servicios[40].

En estas condiciones, el desarrollo de ventajas sistémicas requiere establecer fuertes lazos de interacción entre empresas y entre entes públicos tradicionalmente ubicados en "sectores" separados y enfrentados en sus intereses (a menudo como resultado de las políticas anteriores de industrialización). La especialización estratégica y la reestructuración productiva requerirán muchos procesos de negociación, cooperación y construcción de consenso atravesando viejas fronteras institucionales y gremiales. También allí el sector público tiene importantes iniciativas que tomar.

  
NOTAS:
[23] PEREZ 1992 pp.41-53 (back to text)
[24] CHESNAIS 1986 (back to text)
[25] JOHNSON 1987 (back to text)
[26] BESSANT/RUSH 1985 (back to text)
[27] DTI 1988 (back to text)
[28] Sobre este tema ver TARNAWIECKI 1989  (back to text)
[29] Esto último puede parecer extraño pero hace falta porque la transición a una sociedad más innovativa y a un aparato productivo basado en el progreso técnico requiere también la reorientación de la dirigencia politica (back to text)
[30] Una discusión sobre ventajas y desventajas en la experiencia venezolana en este sentido se encuentra en: MACHADO-ALLYSON/ESQUEDA 1989. En el contexto japonés tuvimos oportunidad de entrevistar a la gerencia de la empresa de telecomunicaciones NTT: según la cual, el haberle cedido la gerencia de producción a la sección de ingeniería de los centros de I&D, estableció un flujo bi-direccional de información y personas que incrementó muchísimo la efectividad en la selección de proyectos y en la transferencia de resultados. (back to text)
[31] BEST 1990 (back to text)
[32] Este término se lo debo a Hugo NOCHTEFF. Lo usó en un Proyecto de ONUDI para el gobierno de Ecuador (abril, 1989). (back to text)
[33] EUREKA, RACE, ESPRIT, BRITE, BAP son los acrónimos de los más conocidos programas de financiamiento de la CEE para la promoción de la investigación tecnológica y el fomento de los vínculos entre empresas y universidades de distintos países de la Comunidad (back to text)
[34] Una forma de optimizar el uso de los recursos en el corto plazo podría ser contratar a instituciones tecnológicas para que vuelquen su capacidad a apoyar el rescate de la calidad de una porción determinada de la infraestructura física. De esta manera se fortalecerían ambas redes y establecerían vínculos hacia el futuro. Algo similar se puede intentar entre Universidades y escuelas secundarias o entre empresas y escuelas técnicas. Para una serie de ejemplos de esto último, ver OCDE 19 (back to text)
[35] PIORE/SABEL 1984  (back to text)
[36] SAXENIAN 1990  (back to text)
[37] HAGEDOORN/SHAKENRAAD 1990; CHESNAIS 1986  (back to text)
[38] Es nuestra traducción libre del inglés "core competence". PORTER 1985; PRAHALAD/HAMEL 1990.  (back to text)
[39] PORTER 1990. Ver también ANDERSEN/LUNDVALL 1988 (back to text)
[40] Es el caso de la especialización danesa en bienes de capital para toda la cadena láctea. Ver ANDERSEN/LUNDVALL 1988; CASSIOLATO 1992  (back to text)