Queda pendiente la pregunta respecto a cuales son los criterios que pueden servir de guía para un cambio institucional adecuado. Obviamente, como hemos venido sugiriendo, no sirve cambiar en cualquier dirección, no importa lo positiva que parezca. El paradigma tecno-económico es la mejor fuente de orientación para el diseño socio-institucional, lo cual implica que los cambios potencialmente eficaces tienen una dirección reconocible. Sin embargo, no se trata de un simple determinismo tecnológico.
            
  

El amplio espacio de lo posible

Lo que un paradigma determina es el vasto rango de lo posible. Y ese espacio es muy -pero muy- amplio. Para el paradigma anterior podemos reconocer al menos cuatro modos de crecimiento distintos: la democracia keynesiana, el fascismo, el socialismo y, en el Tercer Mundo, lo que podríamos llamar "estatismo desarrollista." Estos son sin duda sistemas socio-institucionales profundamente diferentes. Más aún, la variedad de versiones de cada "modelo" fue realmente enorme. Y, sin embargo, a cierto nivel de abstracción, todos comparten ciertos rasgos comunes que surgen del hecho de que el mismo paradigma de producción en masa fue la lógica que guió la creación de riqueza en la esfera productiva. Entre estos rasgos compartidos podríamos mencionar:

  • Un rol importante del gobierno central, activamente comprometido en la economía, directa o indirectamente.
  • La erección del Estado en principal redistribuidor de riqueza, lo que es visto como la principal forma de justicia social.
  • Un impulso hacia la homogeneidad de los estilos de consumo dentro del estado-nación, con un esfuerzo por reducir los diferencias internas de nacionalidad, lenguaje, etc.
  • Representación central de las provincias, generalmente por alguna forma de elección directa.
  • Carácter masivo de los partidos políticos y otras asociaciones.
  • Gobierno por uno o muy pocos partidos políticos (raramente más de dos, aún en países considerados muy democráticos)
  • Separación del liderazgo político de la administración "técnica"(con medidas para asegurar la continuidad de esta última).

El fenómeno interesante es que estas similitudes entre sistemas, por otra parte tan divergentes, sólo han llegado a ser claramente visibles al difundirse los nuevos principios de descentralización y al tomar fuerza el cuestionamiento del rol antes asignado al Estado. Por lo demás, uno puede hoy percibir un fuerte paralelo entre las formas típicas de organización de las grandes empresas tradicionales con las de hospitales, universidades, ministerios y gobiernos en general. A medida que las empresas han comenzado a cambiar hacia formas de redes más abiertas y globalizadas, también otras estructuras han comenzado a cuestionar la eficacia de su propio modo de organización.

A medida que el nuevo potencial de creación de riqueza se despliega en la economía, su lógica se propaga hacia toda la sociedad, modificando los criterios de sentido común que guían todo tipo de organizaciones y llevando eventualmente a un máximo la sinergia social. Por eso el comprender la naturaleza del paradigma puede proporcionar las mejores herramientas para llegar a ser un actor plenamente consciente y eficaz en el proceso de modernización institucional.
    

  

Los tres niveles en el desarrollo de un paradigma

En la práctica, cada paradigma tecno económico se construye y difunde en tres niveles inter- relacionados:

1. En el nivel más concreto, se difunde como un conjunto de sistemas tecnológicos realmente nuevos que crecen y se propagan con formas específicas de inter-relación en la esfera productiva. (En el caso presente estos serían: la microelectrónica, el software, los computadores y los equipos relacionados con ellos, más las telecomunicaciones modernas y todos los servicios que sobre ellas se instalan).

2.- En un nivel intermedio, el paradigma se construye como el modelo de "óptima práctica" adaptado a las nuevas tecnologías y capaz de sacar de ellas el mayor provecho. Este modelo se difunde gradualmente a todas las industrias y actividades productivas, modernizándolas y estableciendo el nuevo sentido común gerencial para la inversión y la innovación.(En el presente caso se trata del modelo de organización flexible -en su versión japonesa o sus muchas variantes posteriores- fusionada con el uso amplio y efectivo de la informática).

3.- En el nivel más abstracto, el paradigma se constituye como un conjunto de criterios y principios de "sentido común" para el diseño organizativo e institucional. (Esto incluiría principios generales como descentralización, operación en redes, interacción entre las organizaciones y sus usuarios o beneficiarios, mejoramiento continuo, participación, búsqueda de consensos, etc.). Podría decirse que estos principios conforman un paradigma tecno-organizacional.

El desarrollo de estos niveles ocurre secuencialmente mediante olas de cambio que se superponen parcialmente. Lo que primero se difunde ampliamente es el conjunto de nuevas tecnologías. Luego, cuando se va haciendo cada vez más claro que éstas no podrán rendir los frutos prometidos sin un cambio organizativo, se va desarrollando cada vez más el nuevo modelo gerencial y se propaga ampliamente. Por último, el tercer nivel se desarrolla cuando el nuevo paradigma rebasa los límites de la esfera económica y fluye más allá. Cuando las organizaciones productivas descubren las ventajas del nuevo paradigma, también lo hacen muchos de sus dirigentes, participantes y observadores. Así es como el paradigma, bajo forma de principios o guías generales, se va gradualmente estructurando en las mentes de más y más personas y comienza a ser el nuevo sentido común para la acción eficaz, prácticamente en cualquier parte y en cualquier tipo de actividad.

Obviamente, la variedad de formas de adopción y aplicación es inmensa. La tecnología ingresa a un mundo donde otras influencias muy poderosas, tales como la historia, la cultura y la política definen la forma y el estilo en la que será recibida (o rechazada en parte) en cada país o región específica, en cada sector productivo o territorio, en cada nación o grupo social. El poder de estas fuerzas formativas es naturalmente mayor a medida que uno se va alejando del núcleo de la tecnología dura y entra al dominio de las ideas. En otras palabras., la variedad de formas de adopción de un paradigma crece al pasar del primero al segundo y luego al tercer nivel de propagación.

Puesto que es en este tercer sentido que el nuevo paradigma proporciona los criterios de viabilidad y las guías de diseño de las instituciones y la acción social efectivas, debería quedar claro por qué insistimos en la diversidad de aplicaciones y formas de adopción cuando nos referimos al paradigma anterior, el de la producción en masa.

Es también en este tercer nivel donde el viejo paradigma, sobrepasando su vida útil, permanece vivo y se constituye en obstáculo para lo nuevo. Es por esta razón que, en cada transición, la tradicional división "izquierda-derecha" se hace más compleja, al aparecer, en cada grupo, una separación entre las ideas viejas y las modernas, entre los que siguen mirando hacia el pasado y los que miran hacia adelante.


  

Principios generales: Múltiples formas de aplicación

Lo que el paradigma proporciona no son las metas, sino las formas y las herramientas organizativas para perseguirlas. Por lo tanto, el espacio disponible para la creatividad institucional es sumamente amplio. En ese ámbito, las múltiples fuerzas sociales desarrollan sus enfrentamientos, sus experimentos, acuerdos y compromisos. El resultado es el marco -o los marcos- que finalmente moldearán, orientarán, seleccionarán y regularán los senderos reales por donde avanzará el nuevo potencial.

Esto significa que cada crisis, cada período de transición tecnológica, es un punto de indeterminación en la historia. Un salto cuantitativo en la productividad potencial abre el camino para un gran incremento en la creación de riqueza. Pero el marco socio económico específico que controlará -o desperdiciará- este nuevo potencial tiene aún que ser diseñado y establecido. Esto, a su vez, es lo que determinará en última instancia la mezcla de productos que habrán de conformar esa nueva riqueza, así como la manera como serán producidos y la forma de distribuir sus beneficios. Históricamente, cada transición ha modificado tanto las condiciones de los distintos grupos sociales dentro de cada país, como la posición relativa de los países en la generación y distribución de la producción mundial

Sin embargo, la tarea es tan ambiciosa que resulta difícil hasta imaginarla. Si alguien hubiera sostenido, en los años treinta que, en menos de tres décadas, prácticamente todos los imperios coloniales estarían desmantelados, que en Europa y América del Norte habría pleno empleo, y que la mayoría de los obreros industriales poseerían un automóvil y una casa llena de artefactos electro-domésticos, se hubiera estrellado contra una sólida y general incredulidad.
            

  

La política en el período de transición

Obviamente, la cuestión del cambio social e institucional es un asunto político. Las ideologías y los intereses creados tienen una gran capacidad para determinar lo que específicamente emergerá desde el amplio espacio de lo viable en cada transición. El nivel de consenso, confusión o conflicto, influirá poderosamente tanto en la velocidad del cambio como en la facilidad o la dificultad con que logre establecerse el nuevo modo de crecimiento.

Esto significa aceptar el pasado con sus ideas e instituciones, sus éxitos y fracasos, sus promesas y sus logros, como el modo que encontraron las sociedades de aquel tiempo para sacar provecho del potencial de un paradigma tecno-económico específico, hoy agotado. También significa enfrentar el futuro con el compromiso de construir un marco capaz de hacer el mejor uso social del nuevo potencial de generación de riqueza. Esto implica la disposición a perseguir una profunda comprensión de las características y requerimientos del nuevo paradigma y el propósito de asimilar el cambio y promover la creatividad en todos los niveles y todas las esferas.

Históricamente, estos procesos de transición han sido largos y difíciles, con un alto costo en sufrimiento humano. Es de esperar que un mejor conocimiento de la naturaleza de la transformación pueda ayudar a aliviar el costo social y a aumentar las probabilidades de éxito en los esfuerzos de experimentación institucional.