Echando una mirada retrospectiva a la historia reciente del mundo en desarrollo y las distintas estrategias aplicadas, podemos reconocer, consciente o intuitivamente, la forma en que se creó algo similar a unos juegos de suma positiva entre los intereses de las empresas de los países adelantados y los de los países en desarrollo. Un análisis de esta experiencia puede ayudarnos a mirar hacia el futuro con criterios mejor fundados. Sin embargo, como siempre sucede con las enseñanzas de la historia, es crucial distinguir entre los hechos que se repiten y aquellos que ocurren una única vez. Existen pautas de cambio que se repiten en cada paradigma, pero cada paradigma es básicamente único en su género y debe analizarse junto con sus características singulares.
             

  

Inventando y reinventando estrategias de desarrollo

En el decenio de 1950, la era moderna de la intervención estatal consciente de los países del "Tercer Mundo" en el proceso de industrialización comenzó con gran vigor. Era la época en que un número cada vez mayor de industrias de producción en serie se hallaban en la fase tres: trataban de ampliar sus mercados, fomentar las economías de escala, formar oligopolios y abrir canales de distribución internacionales. La industrialización encaminada a la sustitución de importaciones, subvencionada y protegida mediante barreras arancelarias, se convirtió en un juego de suma positiva. Las empresas internacionales multiplicaron sus mercados exportando cantidades mucho mayores de piezas "desmontadas" a sus filiales en el exterior que, además, proporcionaban mayores márgenes de beneficio; estas fábricas de "montaje con destornillador" constituyeron centros de aprendizaje para el personal directivo y los trabajadores de los países en desarrollo. La demanda consiguiente de carreteras, puertos, transporte, electricidad, agua y comunicaciones estimuló la modernización y fomentó el crecimiento de muchas formas de capacidad complementaria.

A mediados del decenio de 1960, en algunos de los países comenzaron a aparecer ciertas limitaciones de la estrategia de industrialización para sustituir importaciones, mientras que en los países adelantados muchos productos e industrias llegaban a la fase cuatro. La transferencia de tecnología y la promoción de las exportaciones comenzaron a considerarse nuevas políticas mutuamente beneficiosas. El proceso comenzó con la transferencia a los gobiernos de tecnologías experimentadas, en combinación con el aporte de capital local y la producción para la reexportación desde lugares con bajos costos de mano de obra. En el decenio de 1970, las empresas transnacionales realizaban un "redespliegue" de sus actividades, lo que generaba una corriente significativa de exportaciones hacia los países adelantados. Los "milagros" del Brasil y la República de Corea y las "zonas industriales francas" de muchos países dieron la impresión de que estaba surgiendo un nuevo orden económico internacional. Se inició entonces el "diálogo Norte-Sur" para negociar esas esperanzas.

A comienzos del decenio de 1980 volvió a cambiar la situación. Muchos productos de la revolución de la microelectrónica que habían hecho irrupción a comienzos del decenio de 1970 estaban alcanzando la fase dos. Los japoneses habían revitalizado la industria automotriz y su nuevo paradigma organizativo estaba transformando radicalmente a sus competidores en los Estados Unidos[25] y Europa. Se produjo "estanflación" mientras la mayoría de las viejas industrias de los países adelantados alcanzaban su pleno desarrollo, los mercados de exportación comenzaron a contraerse y se desencadenó la crisis de la deuda. Había que formular una nueva estrategia.

Sin embargo, la mayor parte de América Latina no lo hizo, y el resultado fue lo que acertadamente se llamó "decenio perdido". En cambio, los "cuatro tigres" de Asia, dieron un salto hacia delante capturando mercado tras mercado desde la retaguardia y a la orilla de las industrias revolucionarias de alto crecimiento. También revitalizaron las tecnologías establecidas con prácticas modernas y pasaron a formar parte de las redes de empresas mundiales en calidad de proveedores de piezas y componentes de fabricación de equipo de marca. Nunca podrá insistirse demasiado en el intenso proceso de aprendizaje y en la importancia dada al capital humano y a la absorción activa de tecnología como factores que explicaban esos logros[26]. Esto difería mucho de las prácticas mucho más pasivas de "transferencia de tecnología" que todavía eran comunes en la mayoría de los países latinoamericanos y africanos, así como en el resto de Asia, durante ese período. En la figura 8 se presenta un esquema de cómo las estrategias de desarrollo del decenio de 1950 se adaptaron a las oportunidades creadas por el cambio de paradigma.

El decenio de 1990 se ha caracterizado por la estructuración de las industrias emergentes y la amplia modernización de las ya existentes. Al llegar una industria tras otra a la fase dos comenzó una intensa competencia por la posición en el mercado. La creación de empresas y mercados mundiales, la pugna por imponer los diseños dominantes y otras normas, el entretejido de redes complejas de colaboración a escala mundial, el fortalecimiento del poder de las marcas registradas en el mercado, la búsqueda de ventajas, tanto dinámicas como estáticas, en la ubicación de las actividades, el interés en adaptar los productos a determinados segmentos del mercado y la tendencia a la contratación exterior y otros fenómenos conexos han creado una amplia gama de posibilidades que varían en función de las condiciones y disposición de los agentes económicos.

Los experimentos de los países en desarrollo han sido sumamente diversos, tanto en la práctica como en los resultados, y han abarcado desde los modernos contratos de maquiladoras y de fabricación de equipo de marca hasta las empresas asiáticas independientes sumamente competitivas, pasando por distintas empresas mixtas y alianzas[27]. También se ha registrado un gran crecimiento de los conglomerados locales interconectados en industrias específicas (como los programas informáticos de la India) que han alcanzado éxito en los mercados de exportación. En este período, los "cuatro tigres" asiáticos siguieron avanzando, estimulando la producción en otros países de Asia sudoriental y en China. Las estrategias que han tenido éxito han denotado en general una buena disposición a aprender a vivir con la mundialización.

Cada una de las estrategias sucesivas anteriores ha comportado ventajas y desventajas, beneficios y efectos negativos. Algunos países han avanzado a pasos agigantados, otros han dado pequeños pasos o no han logrado avanzar; algunos han conservado los beneficios obtenidos, otros los han perdido y han vuelto a la situación en que estaban. Algunos de los reveses pueden deberse al hecho de haberse aferrado a políticas que han dejado de ser eficaces. Hay que admitir que los resultados generales son desalentadores. Esto puede llevar al desencanto, o bien al reconocimiento de la gran dificultad que supone reducir las disparidades y la necesidad de un mejor conocimiento de los problemas.
             

  

Cómo afrontar la próxima etapa

Tarde o temprano en el nuevo siglo se crearán las condiciones requeridas para la plena realización del potencial de creación de riqueza de la Era de la Información.

El decenio de 1990 ha constituido una etapa de experimentación en todas partes: dentro y fuera de las empresas mundiales, en los países, regiones, ciudades y localidades, en la economía, en los gobiernos y otras instituciones, y en los distintos niveles de la sociedad. Como consecuencia de ello, el "sentido común" del paradigma de redes flexibles se ha difundido ampliamente y se está convirtiendo en la manera normal de ver y hacer las cosas; muchas industrias están alcanzando la fase tres de sus trayectorias. Es probable que los acuerdos, las fusiones, las absorciones y otros arreglos den lugar a la concentración mundial de cada industria en unas pocas megaempresas o algunas alianzas globales[28] .Además, el creciente poder de la intermediación, mediante el control del acceso a los clientes, podría traer consigo una versión moderna de las antiguas "empresas de comercio exterior" basada en el poder de la información y las telecomunicaciones[29] . Estas empresas gigantescas podrían convertirse en grandes organizaciones mundiales de carácter general que representan la diversidad mundial, abarcan todos los segmentos -desde los nichos de artículos de lujo y especializados hasta los productos o servicios ordinarios más baratos-, compran y venden en todo el planeta y ubican cada actividad en los lugares donde las ventajas son mayores.

Para el mundo en desarrollo, la próxima etapa puede ser un período muy complejo de adaptación a las nuevas estructuras emergentes de poder. Para las empresas, las localidades, las regiones y los países, aprender las reglas de los juegos de suma positiva con estos gigantes puede constituir una nueva oportunidad. Tratar de crear redes locales o regionales, ya sea independientemente o estableciendo conexiones con las redes mundiales, podría ser una posibilidad basada en ventajas locales muy específicas. Por supuesto, los países y las empresas que han adquirido capacidad tecnológica, y de organización, comercialización y negociación, estarán en condiciones muchos mejores para encontrar un lugar favorable dentro de las organizaciones de carácter general, o fuera de ellas si son audaces. La cooperación entre empresas, regiones o países puede aumentar el poder de negociación de los protagonistas y agentes tanto fuertes como débiles.

Así pues, sugerimos que para formular estrategias exitosas se evalúen las condiciones y la capacidad acumulada en el país, la región, la empresa o la red en cuestión, a fin de aprovechar las oportunidades que se presenten en el futuro (no las anteriores), al tiempo que se determinan, adoptan y adaptan el potencial y las características del paradigma pertinente. En la última sección se examinarán algunas consecuencias de estas características.
         

 
NOTAS:
[25] Altshuler et al., (1984)    (Volver al texto)
[26] Amsden, (1989), cap. 9; Pavitt y Bell, (1992)  (Volver al texto)
[27] Hobday, (1994).   (Volver al texto)
[28] Chesnais, (1988), (1992); Bressand, (1990); Klepper y Kenneth, (1994); Castells (1996) (Volver al texto)
[29] Bressand y Kalypso, (1989); Kanellou,  (Volver al texto)