|
REPENSAR
EL RUMBO DEL DESARROLLO
Por
lo que hemos visto, ningún sector productivo es inmune
a la influencia de las nuevas tecnologías. Ello significa
que, hacia el futuro, el grueso del plantel existente, es obsoleto
técnica y organizativamente. Y obsoletas también
son las nociones y esquemas que llevaron a su establecimiento.
En consecuencia, se hace necesario reexaminar de punta a punta
el aparato productivo de cada país a la luz de las nuevas
condiciones.
El
hacer este planteamiento llama a especificar como hacerlo. La
única respuesta a esa exigencia es indicar que los nuevos
caminos tendrán necesariamente que surgir de un proceso
masivo de creatividad social y lo importante es señalar
que existe un nuevo ámbito para inventarlos. Aquí
nos limitaremos a señalar algunos lineamientos generales
que surgen de los rasgos del nuevo paradigma y pueden servir de
punto de partida para repensar las estrategias de desarrollo.
Sin
embargo, hay que comenzar con una advertencia. Como es sabido,
el Tercer Mundo no es más que una categoría de análisis.
Cuando se trata de marcar un rumbo nuevo, las diferencias en niveles
de desarrollo relativo, son cruciales, en particular, la disponibilidad
de recursos humanos calificados. Estos determinan tanto la capacidad
para dotarse de una estrategia imaginativa y coherente, como la
posibilidad de ponerla en practica con éxito.
Pero
estas diferencias cobran especial importancia en la transición
actual. El nuevo paradigma favorece la flexibilidad, la adaptación
a condiciones particulares, la integración de actividades
y el aprovechamiento de la diversidad. Esto sugiere que sacar
el mejor provecho del nuevo paradigma depende de saber valorizar
la especificidad de cada país. En estas condiciones hay
que cuidarse de las recetas. Una estrategia exitosa para un país
no es trasladable a otro. La diferencias en condiciones facilitadoras
y restricciones exigen el análisis caso por caso. Por ello,
las ideas que aquí presentaremos son más bien formas
de aproximarse al problema.
a)
La visión sistémica
Sean
cuales sean las restricciones y posibilidades de cada país,
la universalidad de aplicación de las nuevas tecnologías
llama a reevaluar con nuevos criterios el rol y las perspectivas
de todos los sectores de la economía, desde la agricultura
y la minería, hasta los servicios, identificando posibles
formas de interacción. Dada las ventajas que ofrece la
integración de actividades en redes y sistemas, parecería
inadecuado mantenerse dentro del esquema de separación
entre sector primario, industrial y de servicios. La elevación
de la eficiencia y las ventajas comparativas dependerán
más que nunca de las interacciones entre actividades
en complejos productivos y entre estos y los mercados internos
o externos.
La
meta de la integración siempre estuvo presente en el
pasado, pero, dadas las restricciones de la producción
en masa, esta era poco menos que inalcanzable. El nuevo modelo
brinda los medios técnicos para llevarla a cabo. Saber
aprovechar selectivamente las ventajas que de allí se
derivan, especialmente en posibles cadenas de transformación
a partir de recursos naturales, es uno de los nuevos retos del
presente.
b)
Un nuevo enfoque del mercado interno
Uno
de los dolores de cabeza de los países en desarrollo
bajo el modelo de producción en masa ha sido la insuficiencia
del mercado interno para sustentar las escalas optimas de producción.
Esta situación dejaba dos caminos, lograr competitividad
para exportar o erigir barreras arancelarias para compensar
altos niveles de capacidad ociosa. El modelo de producción
flexible con plantas multi-producto a escalas menores permite
superar, al menos parcialmente, ese viejo obstáculo.
En
este sentido, es importante aclarar que las nuevas formas organizativas
-con un mínimo de equipo nuevo- permiten, por si solas,
elevar significativamente la eficiencia. Es mas, la experiencia
adquirida después de la reorganización es la mejor
fuente de criterios para seleccionar los equipos adecuados y
realmente necesarios. Esto ha sido demostrado una y otra vez
en plantas japonesas y concuerda con los resultados de un estudio
realizado en Inglaterra(39).
Esta vía reorganizativa puede servir para revalorizar
y modernizar ciertos sectores del parque existente, con modestos
montos de inversión.
A
esto se agrega la flexibilidad que brindan las tecnologías
basadas en electrónica para adaptar las configuraciones
de planta y el diseño de productos a las condiciones
climáticas, culturales o de cualquier otro tipo, especificas
de cada país o región. Ello podría contribuir
a romper el viejo esquema imitativo de patrones de consumo,
aún cuando el grueso de los equipos de producción
sean importados. No deja de ser paradójico que la adopción
del nuevo modelo productivo, de origen tan externo como el anterior,
pudiera resultar en la valorización de la creatividad
local y en el rescate de patrones perdidos de identidad cultural.
Otro
rasgo aprovechable del nuevo paradigma es su capacidad para
contribuir al logro de la tan deseada descentralización.
La modernización y ampliación de las redes de
telecomunicaciones en cada país crea condiciones para
la dispersión geográfica de los servicios públicos,
las funciones de gobierno y los servicios privados (en particular
la banca). Esto equipara las externalidades sobre todo el territorio
y, unido a las deseconomías de agregación que
se están manifestando en la mayoría de las grandes
ciudades, puede sentar las bases para un desarrollo menos desequilibrado
geográficamente.
c)
Saltar a las nuevas tecnologías
Las
posibilidades discutidas hasta ahora indican algunos de los
grados de libertad que brindan las nuevas tecnologías
asumiendo la condición de importadores usuarios. Es evidente,
sin embargo que su aprovechamiento a fondo exige un cierto dominio
local de las tecnologías de diseño de equipos,
software y sistemas. Ya hemos visto el papel clave que asume
el dinamismo tecnológico en el nuevo paradigma y el rol
intermediario de las empresas de software e ingeniería
de sistemas en llevar a la practica el potencial de adaptabilidad.
Ello significa que para sacar verdadero provecho del nuevo modelo,
hay que saltar a las tecnologías nuevas.
Según
las ideas prevalecientes, esto parecería impensable.
En base a la teoría del ciclo del producto, se ha generalizado
la noción de que los países en desarrollo solo
tienen acceso a la producción competitiva en la fase
de madurez de los productos y las tecnologías. Y esto
se comprobó, en los años sesenta y setenta, con
el éxito relativo del "redespliegue industrial" y de
algunas estrategias de industrialización exportadora.
No obstante, a la luz del modelo de evolución tecnológica
aquí discutido, eso puede interpretarse en un contexto
dinámico. Una primera interpretación es que, cuando
se agota la trayectoria innovativa de un producto o proceso,
la competitividad depende del costo relativo de los insumos
y la mano de obra para producirlo. Esto trae como corolario
que las opciones de desarrollo serian mayores cuando la tecnologías
están maduras. Pero esto lleva implícita la idea
de la transferencia tecnológica como única opción
viable. Y esto puede ser más o menos cierto en las fases
tardías de difusión de un paradigma.
Con
las tecnologías nuevas la situación es distinta.
Podría decirse que mientras más incipiente es
una tecnología mayores son las posibilidades de entrada
autónoma, dado un cierto nivel de dotación de
recursos humanos calificados. En las fases tempranas de evolución
de una tecnología nueva, se produce un proceso de aprendizaje,
en el cual la experiencia previa es en parte útil y en
parte un obstáculo, mientras que los conocimientos adquiridos
en el mundo académico pueden ser indispensables. Es mas,
las barreras de entrada en términos de costos son mucho
más bajas al comienzo. Esto es lo que explica la proliferación
de empresas pequeñas que caracterizo el desarrollo inicial
de la industria de mini- y micro-computadores y de los llamados
"plug-compatibles" en los años setenta. A medida que
evoluciona la tecnología y crecen los mercados, la adquisición
de "know-how" va erigiendo barreras de entrada cada vez más
altas, algunas de las empresas iniciales desaparecen y otras
suben de rango y se mantienen en la carrera.
Hemos
sugerido que en el área de microelectrónica esas
posibilidades aparecen en oleadas sucesivas, por las nuevas
características del proceso de diseño. Hoy la
proliferación de experimentos en pequeña escala
se esta dando en el área de aplicaciones y de software.
Para asombro de muchos, en esta fase América Latina esta
participando. En algunos casos, como en telecomunicaciones y
computación en Brasil, el impulso ha sido una estrategia
gubernamental. En otros países, de manera espontanea
han surgido empresas con productos de diseño propio,
con calidad y precios internacionales, sin haber contado con
ningún apoyo estatal. Esto no es ningún milagro.
Las condiciones para entrar a acumular capacidad tecnológica
en el diseño de equipos software y sistemas son hoy favorables,
si se saben seleccionar los puntos de entrada.
Lo
que si hay que comprender es que el esfuerzo tiene que ser sostenido
y concentrado. Una vez en la carrera hay que sostener una dinámica
tecnológica al ritmo de la frontera internacional. Esto,
en países donde no hay un mercado de capital de riesgo
ni una red adecuada de servicios industriales, requiere una
fuerte política de promoción y apoyo que alimente
la investigación y la innovación y provea externalidades.
Aunque
crear el marco apropiado exija grandes dosis de inventiva, este
nuevo tipo de oportunidades para la generación y acumulación
interna de tecnología constituye, en nuestra opinión,
el fenómeno más importante en la transición
actual. Aprovecharlas es posible, con miras al futuro, en el
área de biotecnología, la cual todavía
se encuentra en período de definición. Pero, es
absolutamente indispensable actuar en el corto plazo, en lo
que concierne a la adquisición de capacidad tecnológica
en el terreno de las aplicaciones de la microelectrónica.
La
transición abre entonces una puerta para impulsar desde
ahora un proceso endógeno de desarrollo de capacidad
tecnológica. Este constituiría el puntal central
para el logro de una mayor autonomía en el uso del nuevo
potencial en función de metas nacionales. La selección
de los puntos de concentración y las formas de promoción
tendrían que analizarse, en base a lo viable, según
las condiciones y recursos de cada país. Sin embargo,
el no desperdiciar esta oportunidad aparece como objetivo indeclinable
de cualquier proyecto nacional.
d)
Nuevas estrategias, nuevos instrumentos
La
combinación especifica de generación propia de
tecnología, adaptación, importación o atracción
de inversiones que se considere optima en cada país,
e incluso la opción de proteger algunos sectores contra
el cambio, resultara seguramente en una gran variedad de modelos
de desarrollo. Sin embargo, el diseño e implementación
de cualquiera de ellas en las condiciones actuales exige abordar
directamente la cuestión tecnológica. La prospectiva
global, la prospectiva por ramas y productos se convierten en
útiles indispensables de la planificación. La
evaluación tecnológica cobra un papel central
en la banca de fomento al desarrollo. Los requerimientos de
calificaciones afectan la programación del sistema educativo
y así sucesivamente.
Esto
cuestiona la separación tradicional de política
tecnológica y política económica. Los dos
aspectos se hacen inseparables y ello implica transformaciones
institucionales profundas e innovaciones audaces en el área
de instrumentos de política.
|