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El
crecimiento acelerado de las empresas, las ciudades y los países
depende de la disponibilidad de un potencial tecnológico
abundante y una forma apropiada de organización
que permita aprovecharlo. Cualquiera sea el punto de partida y
el objetivo que se persiga, es probable que en la época
actual el éxito dependa de cuán profundamente se
absorba la lógica del nuevo paradigma y cuán creativamente
se la adopte y la adapte a todos los niveles de la sociedad.
Las
anteriores pirámides centralizadas de la producción
en serie atendían eficazmente las necesidades de empresas
y gobiernos, universidades, hospitales y organizaciones privadas
y públicas de toda índole. Desde hace más
de dos decenios, las empresas modernas, ya sean mundiales o locales,
se han estado reestructurando a fondo y han comprendido rápidamente
las ventajas de las redes y las organizaciones[30]
.
Ha llegado el momento de que los gobiernos experimenten en la
misma dirección. En la sección siguiente se examinan
algunos aspectos de la transformación requerida.
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La
tecnología en el centro de las estrategias de desarrollo
Es
un hecho ampliamente reconocido que el crecimiento de la economía
japonesa entrañó un proceso de previsión
tecnológica a fin de determinar colectivamente el camino
que debía seguirse, así como intensas actividades
de aprendizaje, capacitación e innovación[31]
.
El avance de los "cuatro tigres" desde la retaguardia también
comportó una labor de educación y aprendizaje en
gran escala[32]
.
Además, las empresas mundiales que han tenido éxito
han reformulado sus estructuras y prácticas para promover
un continuo proceso de aprendizaje y mejoramiento. La gestión
de los conocimientos[33]
se está convirtiendo en una preocupación fundamental:
las empresas no solamente organizan cursos regulares de capacitación
a todos los niveles, sino que algunas también han creado
sus propias "universidades"[34]
.
En
el caso de los países en desarrollo, creer que pueden lograrse
avances significativos sin esfuerzos equivalentes es una ilusión.
No hay fórmulas mágicas para lograr el desarrollo
si las personas no dominan la tecnología en el sentido
general, es decir los conocimientos prácticos sociales,
técnicos y económicos. Esta cuestión no se
percibió claramente debido a las condiciones peculiares
de las políticas de sustitución de importaciones,
que durante algún tiempo permitieron que muchos países
lograran extraordinarios resultados en lo que respecta al crecimiento
invirtiendo en instalaciones y equipo ya experimentados sin intensos
esfuerzos de aprendizaje y capacitación.
En
este paradigma particular, el desarrollo de la capacidad para
gestionar la información y los conocimientos en pro de
la innovación cobra más importancia que nunca. Tal
vez el significado más pertinente de la expresión
"sociedad basada en los conocimientos"[35]
es el de la creación de condiciones para que todos los
miembros de la sociedad tengan acceso a la información
y la utilicen. Por consiguiente, el fortalecimiento de la capacidad
de aprendizaje individual y social con miras a crear riqueza constituye
un modo fundamental de aumentar el potencial de desarrollo.
Por
ello, la tecnología debe ocupar un lugar central, y no
periférico, en las políticas de desarrollo. En la
práctica, esto significa una manera diferente de conceder
estrategias, y exige una reformulación completa tanto de
los sistemas de educación y capacitación como de
la políticas en materia de ciencia y tecnología.
En
la reforma educacional hay que mejorar y actualizar los programas
técnicos y, tal vez lo que es más importante, hacer
que los métodos, los objetivos y los instrumentos sean
objeto de una transformación radical para que sean compatibles
y relevantes para el futuro[36]
.
Esa reforma debe permitir a los estudiantes ser responsables de
sus propios procesos; recalcar el "aprender e instruirse" y "aprender
a cambiar", fomentar la labor creativa de equipo y aprender a
formular problemas y evaluar soluciones alternativas; encontrar
los medios de permitir el acceso a Internet y al mundo de la informática;
y crear las condiciones necesarias para adquirir la capacidad
de hacer preguntas y procesar la información.
Estos
conocimientos y aptitudes se están transformando en condiciones
básicas para participar en el lugar de trabajo moderno,
donde las empresas enfrentan un entorno en constante evolución
que exige un mejoramiento permanente. También permiten
a las personas y grupos ser responsables de su propia capacidad
para crear riqueza, como empleados o empresarios, y proporcionan
la capacidad organizativa necesaria para mejorar sus comunidades
y organizaciones, como miembros o dirigentes.
La
otra transformación crucial se refiere al sistema de ciencia
y tecnología, creado por la mayoría de los países
en desarrollo como un conjunto de instituciones gubernamentales
encargadas del desarrollo tecnológico. La experiencia demostró
que la utilización de esa capacidad para una real innovación
en la producción fue muy escasa. Puesto que la mayoría
de las industrias utilizaba tecnologías maduras, es decir,
experimentadas, había poca capacidad para absorber los
resultados de estos tecnólogos de laboratorio. La consiguiente
frustración al tratar de tender el "puente" universidad-industria
llevó a la mayoría de los tecnólogos de investigación
a convertirse en apéndices de la comunidad científica
y a adoptar sus métodos, calendarios, valores y actitudes.
En
el nuevo contexto, es necesario actuar en dos direcciones: invertir
considerablemente en la investigación para el futuro y
dirigir la tecnología hacia el mejoramiento directo e inmediato
de las redes de producción y la calidad de la vida.
Este
paso desde un sistema de ciencia y tecnología "impulsado
por la oferta" a una red interactiva con los productores ha justificado
la creación de la expresión "sistema nacional de
innovación" (SNI)[37]
definido por Freeman[38]
como "la red de instituciones de los sectores público y
privado cuyas actividades e interacciones inician, importan, modifican
y difunden nuevas tecnologías".
Esto
parte del supuesto de que el SNI es una creación social
y no gubernamental. Incluye el entorno en donde se estimula y
apoya la innovación; la calidad de los vínculos
entre los proveedores, productores y usuarios; el sistema de educación
y capacitación; distintas organizaciones públicas
y privadas que facilitan el cambio técnico; las leyes,
los reglamentos e incluso las ideas y actitudes hacia la tecnología
y el cambio[39]
.
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Reinventar
el Estado "fuerte"[40]
Es
indudable a estas alturas que el debate sobre la cuestión
"mercados frente a Estado" es inadecuado para abordar los problemas
concretos que se examinan en el presente trabajo. Se necesitan
tanto los mercados como el Estado, aunque redefinidos y combinados
de distinta manera. En cualquier caso, se desprende del análisis
que antecede que, para un país rezagado, una estrategia
exitosa de desarrollo según la lógica de este paradigma,
y especialmente de cara a las megaempresas mundiales, requerirá
una gran cooperación entre las empresas y entre éstas
y el Estado a distintos niveles.
Aunque
la magnitud y complejidad de la tarea requieren un Estado fuerte,
es necesario redefinir y reinventar el "Estado nacional" omnipotente
desarrollado después de la segunda guerra mundial, probablemente
siguiendo directrices similares a las aplicadas por las empresas
mundiales modernas.
Nadie
cree que la administración central de una empresa gigantesca
se debilite cuando ésta descentraliza funciones y otorga
una gran autonomía y poder decisorio a sus directores de
productos, fábricas o mercados en todo el mundo. Las computadoras
y telecomunicaciones han permitido, mediante la aplicación
de directrices estratégicas, ejercer un firme liderazgo
en una vasta y creciente estructura integrada por componentes
semiautónomos. Gracias a los canales interactivos de información
es posible supervisar y controlar redes sumamente complejas con
componentes que difieren mucho entre sí.
En
la nueva configuración del "sector público" fuerte
requerido se pueden imitar esas redes. Como en el pasado, una
vez que la tecnología ayuda a definir la configuración
óptima de las organizaciones, éstas pueden funcionar
eficazmente, incluso sin la tecnología. Ello a su vez permite
sentar las bases para la incorporación de la tecnología
moderna, cuando se la precise. El Estado nacional central
puede ejercer su función de liderazgo orientando las actividades
de los distintos agentes sociales para que converjan en una dirección
general de cambio convenida de mutuo acuerdo. También puede
desempeñar un papel fundamental como "intermediario" entre
los agentes a nivel mundial o suprarregional y aquéllos
a nivel regional, local e incluso municipal o comunitario, cuya
autonomía es cada vez mayor.
Existe
asimismo un proceso de "difusión de poder"[41]
.
Las redes de intereses privados, los distintos componentes de
la sociedad civil, las empresas mundiales, los medios de comunicación,
los grupos de interés organizados, las organizaciones no
gubernamentales y otras entidades están aumentando la diversidad
de los agentes del desarrollo y sus interconexiones, a nivel nacional
y mundial. El Estado nacional debe ser capaz de actuar como intermediario
dentro del país y entre los diversos planos supranacionales
y subnacionales a fin de promover y negociar oportunidades equitativas
para todos. Podría ejercer un autoridad más eficaz
si actuara como promotor de consenso entre los distintos protagonistas
con poder real para influir en el curso de los acontecimientos.
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Pensar
a escala mundial, actuar a escala local
En
nuestra opinión, la nueva sede del Estado de desarrollo
dinámico es la administración local. Es preciso
reconsiderar la vieja idea del "plan central" de promover un grupo
de industrias nacionales para generar riqueza con objeto de financiar
el progreso social. Evidentemente, cada país debe llevar
a cabo algunas actividades importantes estrechamente vinculadas
con los mercados mundiales y estar al corriente de los últimos
adelantos tecnológicos a fin de impulsar el crecimiento
y producir las divisas necesarias. Sin embargo, ya es hora, y
las condiciones son propicias para ello, de abandonar la ilusión
del "efecto de filtración" y avanzar hacia la participación
directa de toda la población en las actividades generadoras
de riqueza.
La
capacidad del paradigma actual respecto de distintos productos
y escalas, y su poder para aumentar la calidad y eficiencia de
todos los sectores y actividades, y, lo que es más importante,
el hecho de que todos los seres humanos tengan acceso a él
permitiéndoles aprender constantemente a mejorarse y a
mejorar su labor y su entorno, hacen posible vislumbrar una forma
más amplia de desarrollo.
Pueden
citarse muchos ejemplos de administraciones locales que descubren
la "vocación" de la comunidad, promueven el consenso y
recaban la participación de empresas, bancos, sistemas
educacionales y otros agentes locales y extranjeros para impulsar
proyectos de desarrollo[42]
.
También existen redes locales de pequeñas y medianas
empresas que colaboran en los sectores mercantil y tecnológico
para los mercados de exportación[43]
.
En el estudio de la interacción de estos "conglomerados"
se ha sugerido utilizar la expresión "sistemas locales
de innovación"[44]
,
aunque a nuestro juicio sería más apropiado llamarlos
"redes territoriales de innovación".
También
existe la experiencia altamente satisfactoria de los bancos especializados
que otorgan "micropréstamos" para ayudar a hombres y mujeres
de las zonas urbanas y rurales a poner en marcha actividades generadoras
de ingresos[45]
.
Gradualmente esto está haciendo desaparecer el mito de
que los "puestos de trabajo" son la única manera de mejorar
la calidad de vida de poblaciones enteras en un momento en que
se avanza hacia formas múltiples de capacidad empresarial
individual o colectiva. A fin de mejorar la difícil situación
de las comunidades rurales, será preciso abandonar los
viejos sesgos pro urbano y pro industrial[46]
,
y dotar a administraciones locales de los recursos y el apoyo
técnico necesarios para abordar directamente la cuestión
del mejoramiento del nivel de vida local. Estos esfuerzos "localizados"
pueden a menudo estar conectados a las redes de las empresas mundiales
como actividades de proveedores, o formar parte de las redes de
apoyo de las actividades de exportación importantes del
país.
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Modernidad
y valores
Naturalmente,
se trata de decisiones políticas, pero las opciones reales
no siempre son claras. Históricamente, en cada transición
de paradigma las definiciones usuales de "izquierda y derecha"
se vuelven confusas. Cada uno de los grupos experimenta una división
interna entre quienes se aferran a las viejas maneras de alcanzar
sus metas y quienes aprovechan el potencial del nuevo paradigna
y lo orientan hacia sus fines (figura 9).

En
la transición anterior, entre las dos guerras mundiales,
el carácter "social" homogeneizador del nuevo paradigma
de la producción en serie era tan fuerte que incluso el
nazismo se autodenominó nacionalsocialismo. De la misma
manera, el papel que desempeñaba el Estado centralizado
era tan importante que, después de la segunda guerra mundial
se adoptó íntegramente, incluso en las naciones
más liberales, el modelo de intervención estatal
en la economía siguiendo las ideas keinesianas -que había
encontrado una resistencia tan grande en los decenios de 1920
y 1930. Lamentablemente para quienes están convencidos
de la necesidad de la solidaridad social, el neoliberalismo es
el único programa coherente que ha adoptado el actual paradigma.
Aunque existen miles de experimentos aislados de prácticas
orientadas hacia el futuro, como la democracia participativa y
la creación de consenso local, todavía no se ha
presentado una experiencia o propuesta coherente que pueda servir
como alternativa moderna al mercado puro. A nuestro juicio, sin
esa alternativa la economía mundial puede crecer, pero
probablemente haya pocas esperanzas de un auge generalizado del
desarrollo.
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| NOTAS:
|
| [30] |
Nonaka,
(1994); Senge,
(1990); Lundvall,
(1997); véase también el sitio en la Web del proyecto
DRUID. (Volver
al texto) |
| [31] |
Peck
y Goto, (1981); Irvine
y Martin, (1985) (Volver
al texto) |
| [32] |
Ernst
et al.; (1998)
(Volver
al texto) |
| [33] |
Nonaka,
(1995); Burton-Jones,
(1999); Lamoreaux
et al; (1999) (Volver
al texto) |
| [34] |
Wiggenhorn,
(1990) (Volver
al texto) |
| [35] |
Castells,
(1996); Mansell
y Wehn, (1998) (Volver
al texto) |
| [36] |
Pérez,
(1992); CEPAL/UNESCO,
(1992) (Volver
al texto) |
| [37] |
Freeman,
(1987); Lundvall,
(1988) (Volver
al texto) |
| [38] |
Freeman,
(1995) (Volver
al texto) |
| [39] |
Arocena,
(1997) (Volver
al texto) |
| [40] |
Reinert,
1999;
Wade, 1990; Osborne
y Gaebler, 1993. (Volver
al texto) |
| [41] |
Strange,
(1996) (Volver
al texto) |
| [42] |
Tendler,
(1997); Gabor,
(1991); The Illinois Coalition, (1999). (Volver
al texto) |
| [43] |
Nadvi
y Schmitz, (1999). (Volver
al texto) |
| [44] |
Cassiolato
y Lastres, (1999) (Volver
al texto)
|
| [45] |
Otero
y Rhyne, (1994). (Volver
al texto) |
| [46] |
Fieldhouse,
(1986:152);
Mytelka, (1989) (Volver
al texto) |
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