|
|
 
Así
pues, sistemas con diferentes propósitos y metas sociales
pueden aplicar principios de organización claramente similares.
Un paradigma tecno-económico es como la sintaxis de un
lenguaje. Establece las reglas sobre cómo se pueden transmitir
ideas de manera efectiva, pero no cambia las ideas en sí.
Y cambiar de paradigma es como cambiar de idioma. Es tan difícil
de aprender y tan maleable en su uso como un nuevo lenguaje. Del
mismo modo como similares jerarquías compartimentadas les
sirvieron a las empresas para generar riqueza, a los militares
para hacer la guerra, a los hospitales para curar a la gente,
a las universidades para enseñar, a los gobiernos para
gobernar, y así sucesivamente, las estructuras en red descentralizadas
y adaptables del nuevo paradigma pueden ponerse al servicio de
propósitos innumerables y radicalmente diferentes.
Lo
que esto sugiere es que cada revolución tecnológica,
cada transición en el paradigma tecno-económico,
brinda un nuevo conjunto de poderosos principios de organización
que demuestra ser tan efectivo y tan adaptado a la naturaleza
del potencial tecnológico emergente que se convierte en
el "sentido común" generalizado para estructurar
casi todas las actividades. Así, el nuevo paradigma conduce
a una suerte de "isomorfismo organizativo."
Los
vehículos de propagación pueden ser muchos, especialmente
hoy, cuando el sistema mundial de comunicaciones difunde la información
en un instante desde un rincón del planeta a otro. Sin
embargo, hoy como ayer los medios más efectivos siguen
siendo los propios seres humanos. Por razones de coherencia interna,
la gente tiende a transferir de una esfera social a otra las prácticas,
técnicas y hábitos que han resultado exitosos. Un
pequeño ejemplo puede ser el mejor modo de expresar la
idea:
Un
obrero de producción de una de las plantas del Grupo Sivensa,
en Venezuela, explicaba los buenos resultados que había
alcanzado la asociación de vecinos a la que pertenecía.
Él había aprendido en su lugar de trabajo a solucionar
problemas, había descubierto la eficacia del trabajo en
equipo, de los "círculos de calidad," sabía
de diseño de proyectos, de la importancia de la participación
y la mejora continua incremental. Un día decidió
compartir estos conocimientos con la asociación de vecinos,
para poder usarlos en la tarea de mejorar el bienestar colectivo.
En menos de un año el grupo había solucionado numerosos
problemas, que iban desde una reparación técnica
en el abastecimiento de agua potable hasta el acondicionamiento
de un campo de juego para los jóvenes y estaban en el proceso
de obtener la autorización municipal para cultivar vegetales
en un terreno baldío. En este punto quien lo entrevistaba
preguntó si este exceso de actividades no le había
traído problemas con su familia. "No –contestó-
muy por el contrario. ˇMi mujer y mis hijos están felices!
Antes cuando llegaba a casa, me sentaba a ordenarles lo que tenían
que hacer. Ahora nos juntamos alrededor de la mesa, discutimos
cada cosa y decidimos entre todos. De hecho –agregó- ellos
son los más activos colaboradores en las actividades comunitarias".
Así
pues, a medida que el nuevo potencial de creación de riqueza
se despliega en la economía, su "lógica"
se propaga en el conjunto social, modificando comportamientos
y estableciendo nuevos criterios de sentido común que guían
el diseño y rediseño de toda suerte de organizaciones
y de los modos de relacionarse entre ellas. Esta coherencia creciente
conduce eventualmente a una máxima sinergia social. Es
por esto que el comprender la naturaleza del paradigma puede proporcionar
las herramientas más adecuadas para llegar a ser un actor
eficaz y plenamente consciente en el proceso de modernización
institucional.
|