Carlota Pérez
 
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Así pues, sistemas con diferentes propósitos y metas sociales pueden aplicar principios de organización claramente similares. Un paradigma tecno-económico es como la sintaxis de un lenguaje. Establece las reglas sobre cómo se pueden transmitir ideas de manera efectiva, pero no cambia las ideas en sí. Y cambiar de paradigma es como cambiar de idioma. Es tan difícil de aprender y tan maleable en su uso como un nuevo lenguaje. Del mismo modo como similares jerarquías compartimentadas les sirvieron a las empresas para generar riqueza, a los militares para hacer la guerra, a los hospitales para curar a la gente, a las universidades para enseñar, a los gobiernos para gobernar, y así sucesivamente, las estructuras en red descentralizadas y adaptables del nuevo paradigma pueden ponerse al servicio de propósitos innumerables y radicalmente diferentes.

Lo que esto sugiere es que cada revolución tecnológica, cada transición en el paradigma tecno-económico, brinda un nuevo conjunto de poderosos principios de organización que demuestra ser tan efectivo y tan adaptado a la naturaleza del potencial tecnológico emergente que se convierte en el "sentido común" generalizado para estructurar casi todas las actividades. Así, el nuevo paradigma conduce a una suerte de "isomorfismo organizativo."

Los vehículos de propagación pueden ser muchos, especialmente hoy, cuando el sistema mundial de comunicaciones difunde la información en un instante desde un rincón del planeta a otro. Sin embargo, hoy como ayer los medios más efectivos siguen siendo los propios seres humanos. Por razones de coherencia interna, la gente tiende a transferir de una esfera social a otra las prácticas, técnicas y hábitos que han resultado exitosos. Un pequeño ejemplo puede ser el mejor modo de expresar la idea:

Un obrero de producción de una de las plantas del Grupo Sivensa, en Venezuela, explicaba los buenos resultados que había alcanzado la asociación de vecinos a la que pertenecía. Él había aprendido en su lugar de trabajo a solucionar problemas, había descubierto la eficacia del trabajo en equipo, de los "círculos de calidad," sabía de diseño de proyectos, de la importancia de la participación y la mejora continua incremental. Un día decidió compartir estos conocimientos con la asociación de vecinos, para poder usarlos en la tarea de mejorar el bienestar colectivo. En menos de un año el grupo había solucionado numerosos problemas, que iban desde una reparación técnica en el abastecimiento de agua potable hasta el acondicionamiento de un campo de juego para los jóvenes y estaban en el proceso de obtener la autorización municipal para cultivar vegetales en un terreno baldío. En este punto quien lo entrevistaba preguntó si este exceso de actividades no le había traído problemas con su familia. "No –contestó- muy por el contrario. ˇMi mujer y mis hijos están felices! Antes cuando llegaba a casa, me sentaba a ordenarles lo que tenían que hacer. Ahora nos juntamos alrededor de la mesa, discutimos cada cosa y decidimos entre todos. De hecho –agregó- ellos son los más activos colaboradores en las actividades comunitarias".

Así pues, a medida que el nuevo potencial de creación de riqueza se despliega en la economía, su "lógica" se propaga en el conjunto social, modificando comportamientos y estableciendo nuevos criterios de sentido común que guían el diseño y rediseño de toda suerte de organizaciones y de los modos de relacionarse entre ellas. Esta coherencia creciente conduce eventualmente a una máxima sinergia social. Es por esto que el comprender la naturaleza del paradigma puede proporcionar las herramientas más adecuadas para llegar a ser un actor eficaz y plenamente consciente en el proceso de modernización institucional.