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En
este trabajo se presenta una interpretación del desarrollo
como un proceso de acumulación de capacidades tecnológicas
y sociales en los países en desarrollo que depende de la
aptitud de éstos para aprovechar las distintas oportunidades
sucesivas que surjan. La naturaleza de estas oportunidades
vendría determinada por la evolución de las tecnologías
en los principales países del sistema económico
mundial. La interacción de la continuidad y la discontinuidad,
que caracteriza al cambio técnico, abriría espacios
sucesivos de posibilidad -unos angostos, otros más amplios,
unos suficientes solamente para iniciar procesos de desarrollo
y otros para permitir avances significativos. Las variaciones
en la dirección del cambio técnico ligadas a cada
una de las revoluciones tecnológicas brindarían
las mejores oportunidades para dar alcance a los países
desarrollados.
En
cada etapa será indispensable identificar los cambios en
las estructuras de poder de las industrias y en los intereses
de las empresas del mundo desarrollado a fin de negociar estrategias
complementarias y establecer juegos de suma positiva. El éxito
resultaría del reconocimiento, consciente o intuitivo,
de la naturaleza de cada oportunidad sucesiva para aprovechar
las posibilidades de aprendizaje que ofreciera y encontrarse en
mejor situación para la siguiente. Los reveses y retrocesos
se deberían al mantenimiento de las viejas prácticas,
cuando las condiciones que las habían hecho efectivas dejaran
de existir.
Sobre
la base de esta interpretación, en el trabajo se examina
la complementariedad de los sucesivos modelos de desarrollo aplicados
desde la década de 1950 con las fases de despliegue de
las principales tecnologías en el mundo desarrollado. Siguiendo
la misma línea de análisis se explora la próxima
fase y las posibilidades que ofrece.
Un
concepto clave es el de "paradigma tecnoeconómico", definido
como el conjunto de tecnologías ubicuas y principios organizativos
genéricos que conforman y condicionan las oportunidades
en cada período. Dado que cada revolución tecnológica
conduce a un cambio de paradigma, es vital comprender sus principales
características, pues su aplicación puede rejuvenecer
la mayoría de las tecnologías establecidas y experimentadas
y servir de criterio para diseñar instituciones adecuadas
y políticas eficaces.
Siguiendo
la lógica del paradigma de redes flexibles de la "Era de
la Información", en el trabajo se subraya la necesidad
de perfeccionar el capital humano y de aumentar la capacidad para
la innovación. Se sostiene también que la dicotomía
Estado o mercado es inadecuada para enfrentar los desafíos
actuales y que es preciso reinventar el Estado "fuerte", aplicando
el modelo descentralizado de organización de las modernas
empresas globales. En él, las administraciones locales
asumirían un papel proactivo estimulando la creación
de riqueza en todo el territorio, y el gobierno nacional actuaría
como líder estratégico, creador de consenso e intermediario
entre los diversos niveles supranacionales y subnacionales.
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